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LA ARQUEOLOGÍA DE LAS CIUDADES ESPAÑOLAS Y PORTUGUESAS EN SUDAMÉRICA: UNA APROXIMACIÓN
COMPARATIVA
PEDRO PAULO A. FUNARI[1] |
Todavía en su infancia, la arqueología histórica
tuvo un desarrollo irregular en diferentes áreas dentro de Sudamérica. Es justo
decir que su popularidad es menor entre los arqueólogos de países que poseen
fuertes raíces precoloniales y un prestigioso cuerpo de relictos arqueológicos
de las civilizaciones Indias, como es el caso de Perú y de Ecuador. Lo mismo
se aplica a países cuyas comunidades Indígenas mantienen hoy un fuerte sentido
de identidad, como en Paraguay, donde un sorprendente 90 por ciento de la población
habla Guaraní. Como la arqueología histórica se focalizó tradicionalmente en
restos Europeos, no es sorprendente que se halla desarrollado primero y principalmente
en aquéllos países cuyas identidades nacionales están en su mayoría fuertemente
ligadas a Europa, notablemente Argentina, Uruguay, y Brasil. Es remarcable que
todos los trabajos sudamericanos publicados en las series "Historical
Archaeology in Latin America" están implicados exclusivamente con estos tres
países. A igual que en los Estados Unidos, la arqueología histórica ha sido
la "arqueología de nosotros mismos". La historia cultural de los descendientes
Europeos, se situó en oposición a la "arqueología de los otros", por ejemplo;
los indios prehistóricos. Aún así hay diferencias en la conceptualización de
estas categorías, de todas formas, debido a que en los Estados Unidos "nosotros"
es una categoría menos inclusiva que en Sudamérica, donde los grupos indígenas
y esclavos están subsumidos como parte de "nuestra" sociedad, jugando un rol
subordinado. Las raíces medievales de la cultura material de Sudamérica deberían
guiar inevitablemente a los arqueólogos históricos a favorecer una aproximación
amplia, explorando los orígenes medievales de la cultura Latinoamericana, como
el planeamiento de ciudades y la arquitectura eclesiástica. Así que, mientras
en los Estado Unidos hay un énfasis en las discontinuidades percibidas entre
los períodos premoderno y moderno, en los países del cono sur existen varias
razones por las cuales un hiato como tal no prevalece, primero y principalmente,
uno debe admitir, debido a una percepción subjetiva del pasado que enfatiza
continuidad sobre cambio.
En este contexto, es entendible que una de las
áreas de interés haya sido la arqueología de contextos urbanos. Resumiré los
principales desarrollos de la disciplina y discutiré, aunque sea brevemente,
sus sustentos teóricos. La Arqueología Urbana es un campo de los más obvios,
como desarrollo urbano ha sido muy importante y continuará siéndolo en el futuro.
Diversos sitios urbanos han sido excavados, y aunque en la mayoría de los casos
no es posible tratar de reconstruir el asentamiento urbano como un todo y sus
cambios sobre el tiempo, las excavaciones han producido evidencia arqueológica
que puede proveer una mejor comprensión de la vida en la ciudad de Sudamérica.
Además, gracias a técnicas no destructivas, tales como las prospecciones de
campo - superficie y el estudio de mapas antiguos y otros materiales iconográficos,
ha sido posible proponer formas de comprender la cultura material urbana en
una variedad de contextos históricos y geográficos diferentes. En términos generales,
nosotros deberíamos diferenciar ciudades Hispánicas, caracterizadas por su localización
planeada de calles y edificaciones públicas basadas sobre un esquema de grilla
rectangular de ajedrez, de las ciudades portuguesas, constituídas por un conjunto
medieval de casas, siguiendo curvas y pendientes (Hollanda 1984; Marx 1989).
Esta opción ya estaba en su lugar en la península Ibérica, donde la temprana
independencia del rey de Portugal estuvo enfatizada a través del sostenimiento
y el refuerzo de las diferencias con Castilla, primero, y luego España. Aunque
la mayoría de las personas frecuentemente presta mucha atención a la invención
de la lengua portuguesa, partiendo de Galicia, como una forma de mantener la
identidad de Portugal, probablemente no haya sido el rasgo subjetivo más importante
de identidad en el período medieval tardío, ya que diferentes lenguas continuaron
en uso en lo que se convertiría, luego en España en los pocos siglos subsiguientes,
y hasta el día de hoy. Varias diferencias culturales fueron representadas por
la corona portuguesa, una de las cuales fue el mantenimiento del patrón de asentamiento
urbano medieval, en claro contraste con la introducción del moderno planeamiento
del estado Español.
La importancia cultural de esta diferencia puede
ser juzgada por el subjetivo sentido de extranjereidad sentido en las Américas,
por los portugueses en las ciudades españolas, y por los españoles en las ciudades
portuguesas. Documentos coloniales describen frecuentemente cómo estas dos diferentes
Weltanschaungen organizaron la percepción de la vida social en las dos
partes de Sudamérica: América Hipánica tuvo un asentamiento urbano ordenado,
donde las ciudades eran regularmente reproducidas en diferentes lugares, si
era posible en áreas llanas; Brasil, como rápidamente se dio a conocer a la
colonia portuguesa, tenia un paisaje que contribuyó a la dispersión de casas
alrededor de colinas, con calles curvas y angostas produciendo pueblos tan variados
como lo permitía la topografía de las diferentes áreas. Las ciudades hispánicas
fueron construídas con la adición regular de manzanas, bloques de casas
y rectángulos equilaterales que deberían sentirse tan naturales como "manzanas".
Los portugueses no tuvieron bloques, el plano de la ciudad fue conceptualizado
como un arruamento, un término que podría ser traducido como "quiebre
o arruga en la cara de la tierra", como el término mismo rua (calle)
connota una "arruga" (del latín ruga, raíz del inglés "corrugation").
Estas diferencias son aún importantes al día de hoy, como existe una fuerte
oposición al planeamiento urbano en Brasil y hasta los pocos ejemplos de ciudades
planeadas tratan desesperadamente de eludir ángulos rectos y rectángulos equilaterales,
prefiriendo curvas y diseños no simétricos, como es el notable caso de la ciudad
capital, Brasilia, fundada en 1961. Los americanos hispánicos todavía se sienten
incómodos en ciudades brasileras, siempre buscando un orden perdido en las arrugas
caóticas, mientras que los brasileros no pueden evitar reirse de la falta de
creatividad en la reproducción de bloques y plazas en las ciudades hispánicas.
América Hispánica fue fundada a través de ciudades,
así es que dentro de los primeros cien años de colonización, ya existían 225
ciudades Hispánicas, alcanzando el impresionante número de 330 para el 1600.
Estas ciudades obedecían las reglas establecidas por las leyes Españolas en
relación a sus rasgos, la mayoría de los mismos fijaban un marco de ajedrez
alrededor de la plaza central donde estaban situados los edificios más importantes
de justicia, administración y religión. La distribución de la población en la
ciudad también estaba regulada, de forma tal que vecinos, o ciudadanos,
y habitantes, se asentaran en diferentes áreas. En el centro de la ciudad,
alrededor de la plaza mayor o plaza central comprendiendo los prestigiosos
edificios públicos, estaban las moradas de los colonos más importantes, y naturalmente
sus sirvientes, indios y esclavos africanos, quiénes habitaban en la misma área.
La mayoría de los habitantes, en esta sociedad jerárquica, eran clasificados
como plebeyos, e incluían una variedad de "razas", como lo establecían las diferencias
en status y color de piel y aspecto general, y de esta forma la gente ordinaria
vivía en bloques periféricos.
La arqueología de las ciudades en América Portuguesa
no se desarrolló tan rápido como uno hubiera esperado por varias razones, por
lo menos, debido a dos prejuicios: uno en contra de las cosas viejas, en general,
y otro en contra de mostrar poca autoestima de las cosas viejas, en particular.
Las ciudades son por definición símbolos poderosos y la historia de Brasil en
los últimos cien años fue dominada por una fuerza impelente del así llamado
progreso, tan fuerte que la bandera Republicana lleva la leyenda "Orden y Progreso".
Si es verdad que el país, desde la proclamación de la república en 1889, fue
puesta en un estado hipnótico por el modernísmo, esto es particularmente evidente
en las ciudades, ya que las ciudades representan a la vida par excellence.
Cualquier edificio moderno es considerado mejor que uno viejo, como una ruta
pavimentada es mejor a una ruta sucia. Existieron varias razones para transferir
la capital de Río de Janeiro a una ciudad construída a nuevo, Brasilia en 1961,
pero cuales quieran hayan sido las consideraciones económicas, sociales o geopolíticas,
esto no podría haberse dado sin un estado de conciencia orgulloso de un movimiento
constante hacía la modernidad. La imagen más apropiada de la sociedad brasilera
no podría ser el edificio histórico de Río de Janeiro, ni siquiera el paisaje
natural de la bahía de Guanabara y el Pan de Azúcar, sino la ciudad más moderna.
Hasta los más humildes habitantes rurales en las tierras periféricas deben poder
ver hacía adelante, a Brasilia, una ciudad sin pasado.
El ejemplo más claro de lucha en contra del recuerdo
material es la inmensa megalópolis San Pablo, la capital económica de Sudamérica,
una posición establecida en menos de cuarenta años, sobrepasando a Río de Janeiro
en los sesenta y a Buenos Aires, poco tiempo después, en los setenta. En el
proceso, los viejos remanentes, sufrieron una degradación física e ideológica
constante, nuevos edificios se construyeron para crear una ciudad completamente
nueva. Los edificos históricos son la catedral, y un Parque Modernista planeado
por Niemeyer, el renombrado arquitecto, ambos inagurados en 1954. Los edificios
públicos principales, como el Palacio de Gobierno, o el edificio de reuniones
estatal, son también bastantes recientes, y la avenida más importante, Avenida
Paulísta, fundada al final del último siglo como el bastion de las mansiones
de la elite, fue completamente remodelada tan tarde como en los 1970s, para
convertirse en el cuartel general Latinoamericano de multinacionales, bancos
y empresas de negocios en general. En este contexto, el interés por los remanentes
históricos fue con la mejor intención, marginal, y estuvo tradicionalmente restringido
a edificios de las elites importantes, con rasgos arquitectónicos de gran nivel,
la mayoría de ellos de poca antiguedad, ya que la ciudad era muy pequeña y periférica
hasta el final del siglo XIX.
En consecuencia la Arqueología Histórica se desarrolló
en forma muy tardía y se restringió a sí misma al rescate de artefactos generalmente
excavados por máquinas en obras de construcción de calles, avenidas, líneas
de subterráneos, edificios y otras facilidades urbanas como sistemas de desagues.
En un trabajo reciente (Araújo 1994:382) que describe la arqueología de San
Pablo, somos informados de que aún hoy en día sólo hay cinco arqueólogos encargados
de toda la investigación arqueológica, prehistórica e histórica, todos ellos
rescatando lo que es posible y cubriendo un área de 1,493 km 2 y
diez millones de personas sólo en la capital estatal. Aún cuando no existe un
cuerpo de evidencia arqueológica comparable como la que hay disponible para
Buenos Aires o Colonia del Sacramento, el arqueólogo histórico puede sacar partido
del estudio de mapas y material iconográfico, como pinturas y fotografías. San
Pablo fue originalmente una típica ciudad Portuguesa, con sus calles adaptándose
al paisaje. Las últimas décadas del siglo diecinueve, aunque vio el principio
del modernismo, resultó en la transformación del asentamiento urbano. La naturaleza
debió ser dominada, así es que los esfuerzos principales fueron dirigidos a
construir nuevos lechos fluviales, de la misma forma en que luego ocurriría
con el énfasis en túneles y viaductos. "São paulo es magnífica porque es un
artefacto, para nada natural" (Bresciani 1997:3). Este inmenso artefacto espera
un análisis apropiado de los arqueólogos históricos.
De cualquier manera los pueblos coloniales no
son desconocidos en Brasil, algunos de ellos son bien conocidos en el extranjero,
como es el caso de Ouro Preto, declarado un monumento patrimonial mundial. La
cultura material de los pueblos coloniales en Minas Gerais ha sido estudiada
primero por arquitectos e historiadores del arte. En esos pueblos coloniales,
todos ellos establecidos sobre las pendientes de los cerros, las curvas de las
calles no permiten a la gente ver mucho más que unos pocos metros en cualquier
dirección, de manera que las pendientes de las calles no fueron hechas para
ser una característica urbana distinguible. La forma real del pueblo fue dada
por la localización de varios edificios religiosos, la mayoría de ellos usados
por gente blanca, y algunos de ellos usados por las hermandades negras. Las
iglesias estuvieron compuestas de dos estructuras básicas: la capilla rectangular
y el campanario, la antigua con un caballete y un techo de dos pendientes, la
más reciente con la existencia preferente de dos torres sobre la derecha y la
izquierda del edificio principal. La sociedad fue reglamentada por la iglesia,
en ambos sentidos, como la institución cuya reglas fueron abrumadoramente aceptadas
como algo natural, y como su visible representación en varios edificios religiosos,
modelando de esta manera las estructuras mentales y los paisajes físicos al
mismo tiempo. (Machado 1978).
La arquitectura y la decoración de la iglesia
fue, en el período colonial, el foco principal de atención de la gente ordinaria,
recreando en el Nuevo Mundo una mayor actitud medieval de reverencia hacía la
autoridad eclesiástica. Es así comprensible que el estudio de la cultura material
de los pueblos coloniales haya implicado primero a las iglesias. Probablemente
el mejor ejemplo es el estudio de los impresionantes trabajos de Antonio Francisco
Lisboa (1730-1814), conocido como "Aleijadinho" (o el "muchacho cojo"), cuyas
obras maestras han sido estudiadas por varios investigadores. La complejidad
del estilo "Aleijadinho" comenzó con una interpretación creativa de modelos
europeos, no conocidos directamente por el realizador sino a través del uso
de ilustraciones. El estudio de la construcción de la iglesia de San Francisco,
en Vila Rica (actualmente "Ouro Preto"), atribuible a Aleijadinho, permite una
mejor comprensión de la dialéctica entre la influencia europea y la comprensión
local, como lo fue el alto estilo arquitectónico barroco en el contexto colonial
interpretado y reinventado por los humildes realizadores, cuyas artesanías fueron
consideradas, de nuevo en la tradición medieval, como un "arte mecánico" vernáculo.
La arquitectura, como el erudito "arte liberal" con su raíz en la antigüedad
clásica y el renacimiento, estuvo ausente en el contexto colonial tardío, donde
hubo solamente artesanos, trabajadores ocupados en algún arte industrial, quienes
reprodujeron mecánicamente la verdadera ingenuidad del otro. Como dicen los
más viejos, " un hombre de arte viviría en cualquier lugar", incluso en el distrito
minero colonial, pero él siempre sería "un hombre teniendo una ocupación", más
que un artista. "Artesano" proviene del latín ars, "destreza en la ejecución
de algún trabajo, manual", bien traducido al inglés como un oficio "doméstico",
de manera que el artesano colonial estuvo más cerca de los sirvientes que de
los maestros, en el sentido del doblez del arte popular o Folk. Sin embargo,
también estuvo, inevitablemente, relacionado con la alta cultura, como era de
esperar para reproducir esquemas erudítos de Europa.
La tercera orden de San Francisco de Asís, la
institución Católica más aristocrática en el área minera, quiso construir un
templo para enfatizar su propia riqueza e influencia, en la segunda mitad del
siglo XVIII. La iglesia construida nunca pudo jugar en este pueblo colonial
el rol que pudo tener una iglesia Barroca en una capital europea, como lo es
en Roma. La ausencia de una cúpula en lo alto de la iglesia es una característica
común de las iglesias construidas en Portugal y en sus colonias y la preferencia
de Aleijadinho para este modelo no canónico ha sido interpretado como una lectura
popular de la arquitectura de alto estilo. El plan de la construcción otra vez
mezcló principalmente el llamado "estilo jesuítico", imperante en la colonia,
con algunas características de alto estilo Barroco, como el notable caso del
uso de lo convexo en vez de paredes de ángulos rectos, algo así como el Convento
San Carlo de Borromini, en Roma. Las dos columnas Jónicas tomadas de la arquitectura
del alto estilo Europeo sirvieron para diferentes propósitos en la Iglesia de
San Francisco, como originalmente en el barroco italiano la clásica columna
alude a monumentos de la antigüedad clásica, visibles hoy, como lo pide la iglesia
Católica para continuar una tradición secular mantenida desde los viejos días.
En un marco colonial, sin restos antiguos actuales, y cuya gente no tuvo pasado,
pero vivieron en el presente esforzándose hacia un mejor futuro (Pifano 1996:136),
las columnas Jónicas jugaron un rol plástico, fortaleciendo lo vertical sobre
lo horizontal, como en un fuerte militar. La Iglesia construida así jugó un
rol simbólico a manera de protección para la gente ordinaria, como un refugio
para todos quiénes de otra manera podrían estar en manos de las autoridades,
de propietarios de esclavos, oficiales públicos o incluso del episcopado de
la iglesia. Efectivamente, los tribunales de la santa oficina, muy activa en
el distrito minero, solo pudo ser contrarrestado con la protección de la misma
iglesia: "no hay salvación fuera de la iglesia" (Saint Agustine, De Bapt.,
IV).
La fuerza de la iglesia fue sin duda la característica
principal de la cultura de Sudamérica y en las áreas controladas por los españoles
el clérigo a veces defendió a los Nativos Americanos contra la rapacidad de
los conquistadores. El tratamiento de los Indios Andinos, por ejemplo, fue horroroso.
Estuvieron sujetos a un sistema de labor forzada a través de la cual los indios
de la América Hispánica fueron oprimidos en varios grados y la explotación de
los nativos americanos continuó eventualmente en los nuevos países independientes.
Los jesuitas jugaron un rol importante en crear una tierra natal para los Guaraníes
en "Paraguay", un término usado originalmente para designar el área que incluye
el moderno Paraguay, Uruguay, norte de Argentina y sur de Brasil. Los primeros
jesuitas arribaron al área en 1588 apuntando a convertir a los indios Guaraníes,
reuniendo a familias Guaraníes en sus pueblos misioneros, conocidos en Español
como Reducciones. Treinta pueblos existieron a fines del siglo XVII,
con una población total de más de cien mil, cada uno de ellos construidos alrededor
de una gran plaza central. Un lado de la plaza estuvo formado por la
construcción de la Iglesia y depósitos, los otros tres lados consistieron de
amplias construcciones para los indios, cada una de esas amplias casas acomodando
cientos o más familias. Dentro de esas construcciones, había habitaciones separadas
pero todos vivían bajo un mismo techo (Pendle 1963:59-60).
Una de las principales actividades fue atender
el ganado, el cual fue introducido por los colonizadores, resultando en manadas
muy grandes. Los Nativos Sudamericanos fueron enseñados a recoger algodón de
una manera europea, y las misiones también tuvieron curtidores, carpinteros
de zapatos, sastres, torneleros, constructores de botes, hacedores de sombreros,
carreteros, hacedores de cordeles y ebanistas. Otros productos de estilo europeo
fueron producidos, como armas, pólvora, instrumentos musicales, manuscritos
y libros pintados. La tierra y el equipamiento no fueron privados, sino propiedad
de la comunidad, bajo la dirección de algún Jesuita que vivia en cada misión.
Los indios exportaron yerba mate, o té, algodón, tabaco, cueros y leña
e importaron comida, ropa, cuchillos, tijeras e incluso anteojos. Estas misiones
también jugaron un rol estratégico para la Corona Española, ya que ellos protegieron
el territorio Hispánico en contra de los invasores de San Pablo, de la colonia
Portuguesa. La relativa riqueza e independencia de los establecimientos Jesuitas
causaron un creciente interés en España y en los propietarios de las tierras
del área quiénes no estaban felices con el control del rentable mercado del
té. Los trabajadores indios no estuvieron realmente disponibles para los colonos
y cuando los invasores-esclavos Brasileños atacaron las misiones Jesuitas, los
colonos Hispánicos no se interesaron seriamente y tampoco no los defendieron
fuertemente. Cínicamente, los propietarios de las Encomiendas, o estancieros,
prefirieron tener los pueblos destruidos por los Banderines, o invasores,
de manera que ellos pudieron tener acceso más fácil a la labor, de lo contrario
se hubieran quedado bajo el control de los Jesuitas. En 1767 el Rey de España
Carlos III desterró a los jesuitas de España y todas las colonias Españolas,
tomando sus propiedades en el proceso. Las autoridades probaron sustituir a
los jesuitas con clérigos y administradores civiles mandados desde Buenos Aires,
pero eso no sirvió, porque los indios pronto abandonaron los establecimientos,
algunos de ellos establecieron sus propias comunidades, y otros fueron empleados
en grandes estancias como peones. Las misiones construidas pronto fueron desintegradas,
cubiertas por vegetación, y las ruinas fueron descubiertas en este país, siendo
objeto de estudios arqueológicos en los últimos diez a cincuenta años.
En Brasil, donde la estructura arqueológica ha
sido más activa y regular, el interés en las misiones llevó en 1985, solo después
de la restauración de la norma civil en el país, a un acuerdo entre el Patrimonio
Brasileño y tres Universidades del Estado de Río Grande Do Soul, y desde entonces,
las temporadas de campo han sido regulares, apuntando a transformar los sitios
arqueológicos de São Miguel, São Lourenço y São João en "verdaderos museos al
aire libre", en las palabras de Arno Kern (1996:18), el principal arqueólogo
detrás de la arqueología de las Misiones Jesuíticas. El estudio de la arquitectura
y de los artefactos, así como el uso de escritos y literatura histórica etnográfica,
permitió a los arqueólogos discutir conceptos tales como "aculturación", "transculturación",
relacionando culturas Nativas Americanas, tradiciones europeas, clásica y medieval,
e ideología jesuítica. Aunque la evidencia documental está influenciada, por
ser ellos Jesuitas, Bandeirantes o Hispánicos, proveen datos únicos acerca de
estos establecimientos, y la literatura sobre la organización social de la misión
ha suministrado estudios con una variedad de interpretaciones conflictivas acerca
de esta experiencia asombrosa.
El estudio de las Misiones Jesuíticas es una buena
manera de discutir los principales inicios de la arqueología aunque prevaleciendo
en el campo de Sudamérica, ampliamente dominada por la estructura de la historia
cultural. Kossinna en su Die Herkunft der Gemanen, o "El origen de los
Germanos", publicado en el comienzo del siglo, estableció que la característica
de la cultura material indicaba grupos étnicos y lenguajes, de manera que Volk
y Sprache pueden ser inferidos desde cerámicas y piedras (Jones 1997:15-26).
El modelo normativo de sociedad prescribe qué artefactos son reproducidos con
menor cambio generación tras generación, de manera que los cambios distribucionales
en tipos diagnósticos deben reflejar movimientos de población, migraciones de
diferentes clases (Childe 1956:135). Esta relación global de variables, en la
famosa ein Volk, eine Sprache, eine Heimat, tan popular en el estudio
de la prehistoria de Sudamérica, implica que debe ser posible diferenciar grupos
étnicos y lenguajes a través del estudio de la cerámica:
"El punto de partida sería, por lo tanto, establecer
las conexiones históricas entre tradiciones cerámicas y los lenguajes hablados
por aquéllos grupos indígenas quienes estuvieron haciendo cerámica los tiempos
del contacto en el período Colonial e incluso en algunos casos, hasta el presente
día" (Brochado 1984:4).
El área de la Misiones Jesuíticas fue así considerada
como parte de la tierra natal de los ceramístas Guaraníes (y también del lenguaje
Guaraní y del grupo étnico Guaraní). Esto que fue llamado también Subtradición
Guaraní ha sido supuestamente encontrada entre la costa Atlántica y el Río Paraguay
(aproximadamente 1.200.000 Km2 ), estrechándose hacia el trópico
de Capricornio en el Río de La Plata. Como en el caso de la moderna nación-estado,
es seguro que allí pudo haber existido una línea fronteriza corriendo paralela
hacía el sur del curso del río Tiete (Brochado 1984:249). Parafraseando a Kossinna
y su Herkunft, o buscar una tierra natal original (Heimat) para
los Germanos, se establecio que en Sudamérica "todo permaneció en Amazonia"
(Brochado 1984:303). La misma aproximación ha sido adaptada por diferentes estudiantes
de la cultura material Guaraní (ef. Noelli 1996; Soares 1997) y como ha enfatizado
el antropólogo Eduardo Viveiro de Castro (1996:57), el modelo directo para la
búsqueda de la tierra Tupí y la dispersión de los tratos Indoeuropeos en el
Viejo Continente.
Una gran parte del trabajo de campo antropológico
desde la década de 1920 ha desacreditado la relación uno a uno de las identidades
lingüísticas, culturales y étnicas, y es claro que los límites del fenómeno
cultural, lingüístico y socio-estructural no coincide mucho en el tiempo (Jones
1997:50). Sin embargo, como la estructura teórica dominante es abrumadoramente
Histórico-cultural, las cerámicas encontradas en las Misiones Jesuíticas han
sido consideradas como "uno de los elementos más importantes de la cultura material
identificando los sitios prehistóricos Guaraní...en las Misiones Jesuíticas
Guaraní de los siglos XVII y XVIII , restos cerámicos continuaron siendo encontrados,
mostrando no solamente las características Indias, sino también influencias
desde la tecnología Europea" (Tochetto 1996:78). El 80.98 % de la cerámica encontrada
fue modelada por rollos, una técnica considerada por ser el modo standard de
la construcción de vasijas en las cuales las paredes son creadas con rollos
sobreimpuestos de arcilla, mientras el 16.42 % fue torneada. "Supervivencia"
de técnicas Indígenas son también atribuidas a los particulares modos de terminación
de la superficie. "La pintura siempre ha sido un atributo diagnóstico de la
cerámica Guaraní, principalmente la policroma. En la Misión de São Lourenço
la mayoría de las vasijas pintadas son monocromas, con una superficie roja.
Brochado considera que esto es de origen europeo". La cerámica en las Misiones
puede así, ser dividida en cuatros grupos: 1- Fabricación y tipología Guaraní;
2- Fabricación Guaraní, pero forma Europea; 3- Fabricación y forma Guaraní pero
con decoración Europea; 4- Forma y decoración Europea pero hecha por gente Guaraní.
Las vasijas con confección de base tradicional Guaraní son solamente el 7.84
% de este particular conjunto, el resto es claramente de origen Europeo (Tocchetto
1996:85-6).
El modelo arqueológico predominante, basado sobre
la historia cultural, enfatiza, al mismo tiempo, el mantenimiento de una identidad
étnica específica, lingüística y cultural Guaraní, y la aculturación o adopción
de características Europeas por los habitantes de estos establecimientos. El
concepto de aculturación ha sido desarrollado dentro de una estructura teórica
derivada de la experiencia colonial y un interés general en la asimilación de
sociedades no - Europeas. El concepto de "aculturación" es un resultado de la
estructura Histórico-Cultural, basada en la asumpción de una correlación uno
a uno entre cultura, identidad étnica y lenguaje. Lingüistas han argumentado
desde hace ya algún tiempo que los lenguajes no se relacionan directamente con
los grupos étnicos, y aún lenguajes, tales como "Guaraní", no puede ser objetivado
como distintivo y separado. "Todo lenguaje siempre manifiesta en su constitución
una tendencia hacia la interminable dispersión e hibridación. Los lenguajes
viven en constante contacto cercano y esto "contamina" a uno y a otro" (Rajagopalan
n.d). Los científicos sociales en general, y los antropólogos en particular,
han estado entusiasmados por desenredar esas variables, recalcando discontinuidades
y fluidez, más que relaciones fijas. De manera que no hay grupo étnico"puro",
lenguaje y cultura material, existiendo una cerámica "Guaraní" no más plausible
que una "pura" raza Germana. Sin embargo, las ideas preconcebidas concernientes
a las culturas y a las personas son perpetuadas dentro de la disciplina de la
arqueología por el uso de técnicas de seriación y, en contextos históricos especialmente,
hay así un natural énfasis sobre la "aculturación", de Nativos por Europeos.
Una área entera de investigación urbana, aislada
de la arqueología, ha sido también desarrollada en Brasil y varios libros y
papers han sido publicados desde esta aproximación, no tratadas en este paper
debido a la carencia de tiempo.
DIRECCIONES FUTURAS Y TOPICOS DE ARQUEOLOGIA URBANA
El futuro de la arqueología histórica en Sudamérica
depende mucho de la habilidad de sus practicantes para forzar vínculos con la
antropología y la historia, en una mano, y con el mundo arqueológico y la sociedad
entera, en la otra mano. La antropología y las ciencias sociales en general
han estado desarrollando, sobre las pasadas tres décadas o más, nuevas ideas
teóricas en relación al funcionamiento y transformación de la sociedad. Hay
diferentes ramales dentro de las ciencias sociales pero, aunque ellos se extiendan
desde el post-estructuralísmo hacía lo post-moderno, todos ellos muestran un
interés común en los arcanos de la vida social, buscando los aspectos subsuperficiales
ocultos de la sociedad. Ignorar los avances en estos estudios significa que
los arqueólogos históricos no estarían siendo capaces de fomentar un diálogo
con otros estudiantes de la sociedad, como muestra el caso de etnicidad, presentado
arriba. El estudio de la variación en la cultura material, principalmente a
través del uso de clasificaciones tipológicas, no es ella misma suficientemente
relevante para comprender la vida social, ya que no está directamente expresada
en las diferencias étnicas, sociales o de género. Cultura es comprendida en
la ciencia moderna social como multivariada más que univariada. Además, las
sociedades ya no son consideradas como confinadas a manera de entidades monolíticas.
La entera estructura normativa ha probado ser también simplísta para explicar
cómo interactúa la gente. Arqueólogos Sudaméricanos, si ellos desean ser aceptados
como legítimos científicos sociales, deben estar informados de estos desarrollos
empíricos y teóricos.
Traducción del original inglés realizada por: Lic. Marcelo Weissel y Sandra
Guillermo.
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NOTAS
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