Integración y desintegración indígena en
el Chaco: los debates en la Sociedad Geográfica Argentina (1881-1890)
Carla Mariana Lois
Claudia Alejandra Troncoso
Introducción
Hacia fines del siglo XIX, la preocupación
por la definición y consolidación del territorio sobre el que
el Estado argentino ejercería su dominio estaba focalizada en
dos áreas geográficas que se encontraban bajo dominio indígena:
el Chaco y la Patagonia.
A diferencia del exterminio indígena
que acompañó a la Campaña al Desierto de Roca en 1789, la expansión
hacia el Chaco posterior a la campaña de Victorica (1884) intentó
el sometimiento de los indios y la utilización de su mano de obra
(sin perjuicio de la utilización de métodos violentos y la aniquilación
de aquellos indios no sometidos). En este contexto, se multiplicaron
los debates e imágenes que conceptualizaron a los indígenas del
norte.
En estrecha relación con las políticas
de expansión territorial surgieron dos instituciones geográficas:
el Instituto Geográfico Argentino (cuya fundación coincide temporalmente
con la campaña de Roca) y la Sociedad Geográfica Argentina (1881-1890).
Estas sociedades geográficas decimonónicas, concebidas para "promover
la exploración y descripción de los territorios, costas, islas
y mares adyacentes de la República Argentina" (BIGA, 1879:
T I 79)" y para "vulgarizar los conocimientos geográficos
y fomentar la exploración de los territorios desiertos
de la República" (RSGA, 1881: T I, 2; las cursivas son nuestras)"
publicaron revistas y boletines, en los que dieron cuenta de un
conjunto de reflexiones acerca de los indígenas. Esas reflexiones
tenían la particularidad de ser consideradas "decires autorizados
y legítimos" porque constituían discursos científicos El
análisis de estos debates e imágenes construidos respecto de los
indígenas puede contribuir a otra interpretación de las prácticas
políticas orientadas a la delimitación territorial del Estado
argentino, particularmente si se tiene en cuenta que quienes participaban
de las sociedades geográficas eran funcionarios, militares y aficionados
que también estaban involucrados en las prácticas de apropiación
material del Chaco (Zusman, 1996; Lois, 1998).
Pensar los indios
Los relatos de expediciones y campañas
al Chaco fueron uno de los tópicos recurrentes y más extensamente
abordados en las páginas de la SGA. En efecto, el eje de los artículos
solía estar orientado a la descripción de los aspectos geográficos
y territoriales del Chaco, ya sea siguiendo la trayectoria temporal
y espacial de las expediciones o haciendo una recopilación de
las observaciones realizadas. Entre los aspectos "autóctonos"
los indios, de los cuales se comentaban el aspecto físico y sus
costumbres como rarezas bárbaras. Apenas ocasionalmente el estudio
de los aborígenes era el tema central de los artículos. En rigor,
sólo hay algunas monografías descriptivas y trabajos que recopilan
largos y minuciosos estudios sobre las lenguas indígenas.
Las imágenes construidas respecto de
los indios también eran formas de pensar y socializar otros proyectos
y prácticas políticas en los que los indios estaban necesariamente
involucrados: avanzar sobre el territorio indígena requería resolver
mitos y realidades referidos a la "amenaza indígena",
sea mediante el sometimiento o la aniquilación de las minorías
étnicas. En efecto, en estas dos posturas políticas se inscriben
dos tipos de miradas hacia los indígenas: por un lado, quienes
reconocían las ventajas del sometimiento indígena hablaban de
un "indio bueno" que podía ser civilizado e incorporado
a las tareas productivas con la ventaja adicional de los bajos
salarios que percibirían sin que por ello se organicen para elevar
reclamos; por otro lado, un grupo de intelectuales abogaban por
el exterminio indígena y por el estímulo a la inmigración europea,
la cual no sólo podría utilizar su experiencia para desarrollar
labores agrícolas sino que también sería un óptimo vehículo de
la civilización.
Conviene explicitar que, en cualquiera
de los dos casos, pensar a los indios era posterior a la decisión
de avanzar militarmente sobre el Chaco y lograr la ocupación definitiva
de esa área: las prácticas militares se focalizaban en la dimensión
territorial de las expediciones y los sujetos que intervinieron
asumieron cierta preocupación por los indígenas sólo en tanto
estos "aparecían" mientras se avanzaba sobre el desierto.
Los indios eran entendidos, entonces, como problemas "prácticos"
del avance militar, el cual había sido planteado en términos civilizatorios
fundamentalmente, pero también en términos económicos en la medida
en que las tierras que se iban incorporando militarmente serían
también incorporadas al circuito productivo nacional que pugnaba
por la incorporación efectiva al sistema de relaciones capitalistas
internacionales. La peculiaridad del caso que aquí nos ocupa reside
en la búsqueda permanente de argumentos científicos para sostener
prácticas políticas, en tanto los hombres de ciencia estaban capacitados
para emitir opiniones autorizadas y saberes legítimos (Escolar,
1991) que pudieran guiar el accionar gubernamental:
"Ha llegado, pues el momento,
de que, los que trabajan por la causa de la humanidad, emitan
sus ideas ante el pueblo argentino á fin de que se discutan y
sirvan para ilustrar la marcha del gobierno, á quien la Providencia
ha concedido la dicha de acometer una empresa que puede ser gloriosa"
(RSGA, 1881, T I: 6).
En esta clave leeremos, en primer lugar,
las imágenes de los indígenas en las páginas de la RSGA. En segundo
lugar, nos detendremos a los debates acerca del rol que se les
asignaría a los indios en el proceso de inserción económica mundial.
Las imágenes científicas sobre los
indígenas: entre el rechazo (aniquilamiento) y la aceptación (sometimiento)
Aquellos que pretendían fundamentar
las bondades indígenas que posibilitarían "acciones civilizatorias"
sobre ellos se basaban tanto en "cualidades naturales"
(en términos genéticos) como en ciertos aspectos de la vida civilizada
que eran considerados negativos o, con la voluntad de enfatizarlos,
bárbaros.
Entonces describían sus resistencia
física a las temperaturas chaqueñas (que para los militares blancos
porteños resultaban fatigosamente altas) o su inmunidad a las
enfermedades conocidas por los colonizadores. En realidad, se
trataba de la imposibilidad de mirar a los indios desde la propia
realidad indígena: las dificultades por variar el punto de vista
sumía en la ignorancia a los enviados oficiales quienes no sólo
estaban incapacitados de apreciar problemáticas diferentes sino
que se admiraban burdamente de la inexistencia de los "vicios
modernos" en las comunidades indígenas. En síntesis, se trataba
de una mirada estigmatizada desde la civilización hacia la barbarie,
con la particularidad, en este caso, de cierta "buena voluntad"
y pseuda comprensión hacia las minorías étnicas (posturas que
tenían como fin último explicar y fundamentar las posibilidades
de efectivizar el sometimiento sobre los indios). Veremos en las
dos citas siguientes ejemplos de estas visiones:
"Debido á la dulzura de su
carácter, á su perpetua actividad, á los ejercicios á los que
se dedican, á su frugalidad, y á las favorables circunstancias
del saludable clima del Chaco, los indios son robustos, se mantienen
sanos, y alcanzan sin perder los dientes ni el cabello á una edad,
á que pocas veces llegan los hombres de nuestra raza" (RSGA,
1881, T I: 23).
"... [los angaités] son considerados
y respetados como los oráculos de la sabiduría, por mas que no
sean ni tan inteligentes, ni tan laboriosos, ni tan morales, ni
tan limpios, ni tan leales como los otros, pues les llevan la
ventaja de no haber tenido ningún contacto con los cristianos
que lamentablemente parecen complacerse en enseñarles, no las
virtudes, sino los vicios mas repugnantes que acompañan a la civilización:
la codicia, la hipocresía, la embriaguez y la blasfemia"
(RSGA, 1881, T I:18).
Las miradas más adversas a tolerar
cualquier forma de organización indígena fundamentaban sus posturas
argumentos, supuestos y nociones de las teorías evolucionistas
rescatando sólo el rango de inferioridad de las minorías étnicas
y la supervivencia del más apto. En estos casos, aunque no se
opusieran exactamente a aquellas exhaladas "bondades naturales",
se afirmaba que "el físico de estos indios no lleva grandes
ventajas á su parte moral" (RSGA, 1881, T I:18) y que la
desaparición de los indios no era más que la materialización de
una ley superior. Aún más: se destacaba la "colaboración"
que el gobierno y sus aliados científicos (organizados, por ejemplo,
en las sociedades geográficas) prestaban a la realización de supremo
destino:
"... merced á los laudables
esfuerzos de nuestras sociedades geográficas y á al patriótica
cooperación del Gobierno Nacional, ya no existen desiertos
inexplorados, y hasta las indómitas tribus que en ellos tenían
sus guaridas han desaparecido totalmente, cumpliéndose así la
ley fatal de la extinción de las razas inferiores" (RSGA,
1885, T III: 157, destacado del autor).
"Nuestro americanismo nos
impele a buscar empeñosamente todos los medios que den por consecuencia
ganar a la civilización cristiana y al trabajo, las diferentes
tribus salvajes que aún pueblan nuestros territorios con mengua
del progreso de nuestro siglo y de nuestras sociedades por habérseles
dejado tantos años vegetar en la ignorancia y la barbarie..."
(RSGA, 1882, T I:
166).
Esta idea de inferioridad de los grupos
indígenas frente a los grupos civilizados (encarnada en la elite
gobernante argentina) era reforzada con otras imágenes que representaban
a los indígenas como parte de la naturaleza, de los peligros que
la misma entrañaba y como componente de ella, equiparándolos a
la flora y la fauna de la zona. La resistencia indígena a las
formas de sometimiento impuestas por las prácticas militares eran
interpretadas como insólitos e irracionales vínculos con la tierra,
pero no en términos de identidades territoriales construidas sino
como formas de "enraizamiento natural":
"Los indios del Chaco no son
nómades. Aman entrañablemente el pedazo de tierra donde nacieron,
y no podrían soportar por muchos días, el verse separados de sus
bosques, de sus prados, y de sus lagunas, con quien viven identificados"
(RSGA, 1881, T I:17).
"Mirábanse aquellas costas
como lugares malditos, donde sus extensos lagos, sus enmarañados
pajonales, sus corrompidas emanaciones, sus ponzoñosos reptiles
y sus feroces indios, no podían proporcionar otra gloria á los
valientes aventureros, que la gloria del martirio" (RSGA,
1881, T I: 9).
Sin duda, el proyecto de incorporación
al sistema económico mundial (Trinchero, 1997; Iñigo Carrera,
1983; Trinchero, Gordillo, Piccinini, 1992) contribuyó a definir
la urgencia de avanzar sobre el desierto chaqueño y transformarlo
en un territorio productivo (Lois, 1998). La decisión política
de incorporar esos territorios implicaba ponerlos a producir y,
para ello, era necesario desarticular cualquier otra forma de
producción. Dando por sentado que las organizaciones económicas
de los indígenas serían reemplazadas por otras capitalistas, el
eje del debate se concentró en los nuevos proyectos económicos
y en cómo debían llevarse a cabo.
A este respecto existen dos ideas centrales
desarrolladas en los artículos de la RSGA. Por un lado se percibe
a la población indígena del Chaco como un obstáculo a la instalación
de población migrante de origen europeo, y por otro, se plantea
la posibilidad de reemplazar la mano de obra inmigrante por población
indígena en la zona del Chaco.
Con respecto a la primera postura,
se consideran las expediciones al Chaco como posibilitadoras de
crear condiciones similares a las existentes en el sur del país,
es decir, un territorio "vacío" de población indígena
y apto para la instalación de población de origen europeo. En
este sentido, se procuraba eliminar cualquier peligro para la
instalación de colonos y el desarrollo de actividades productivas
civilizadas; bajo el rótulo de "peligros" pocas veces
se explicitaba cuál era, en realidad, el peligro más temido y
que más preocupaba a las autoridades: los indígenas. En estos
casos, se recuperaban las "raíces bárbaras" de los indios
y se construía así el mito del peligro indígena. De esta manera,
se socializaba en el sentido común de la época una imagen de los
indios que habilitaba y legitimaba un conjunto de operaciones
destinadas a su sometimiento o, directamente, al exterminio masivo.
En los extractos siguientes puede observarse esta oposición construida
en distintos ámbitos oficiales entre formas de organización indígenas
y las formas de organización "civilizadas":
"Esta última campaña militar
y geográfica [Victorica, 1884] abre definitivamente el interior
del Chaco, inexplorado hasta ayer, a las especulaciones del comercio
y de la industria, pudiéndose decirse desde ya, que si la República
Argentina ha dejado de tener fronteras indígenas en su región
meridional, muy en breve dejará de tenerlas también en sus latitudes
mas septentrionales [...] La Nación Argentina puede ofrecer desde
ya al Viejo Mundo un nuevo y rico territorio donde derramar el
excedente de su densa y laboriosa población rural. El Chaco tiene
tierras de cultivo y pastoreo para 5 millones de almas, ríos navegables,
selvas magníficas y un clima salubre"
(RSGA, 1884, T II: 29-30).
Las propuestas realizadas para "civilizar
a los indios" a partir de su incorporación a las actividades
económicas del país en reemplazo de la promoción a la inmigración,
se basaban en los magros salarios que les ofrecían a los indios
a cambio de largas y arduas jornadas de trabajo y en la "capacidad
natural" de los indios para soportar esas condiciones extenuantes
de laboreo:
"Téngase presente [...] no
ya la iniquidad que se cometería; no ya los aclimatados brazos
que iban á destruirse á peso de oro, por un país que se engrandece
por la inmigración; no ya las buenas disposiciones en que se encuentran
los indios para reducirse por medios pacíficos y poco dispendiosos
sino las dificultades de la empresa. [...] ... piénsese en lo
mucho que habría que sacrificar para llegar á destruir los cincuenta
mil guerreros, que pelearían en defensa de su propiedad y de su
vida tras de los inexpugnables baluartes que la Naturaleza les
ha dado, cuando estos mismos hombres aún considerados con la frialdad
del estadista, representan para la República Argentina una riqueza
de mas de 25.000.000 de pesos fuertes"
(RSGA, 1881, T I:24).
"... ya que de brazos se necesita
y tantos esfuerzos se hacen por atraer la inmigración extranjera
erogando por conseguirlo crecidísimas sumas ¿no sería oportuno
y aún preferente consagrar parte de ellas á la civilización de
nuestros desventurados hermanos...?"
(RSGA, 1882, T I: 166).
Otro argumento utilizado a favor de
la incorporación de los indios consistía en recuperar ciertas
"raíces nacionales" que apelaban, más que a un razonamiento
científico, a sentimientos xenófobos. En rigor, se esperaba del
mestizaje la desaparición definitiva de los vestigios indígenas
y el triunfo "natural" de las razas civilizadas que
serían la base de la nación: los indios no eran argentinos, pero
la civilización y la sucesión generacional permitirían la incorporación
efectiva de esas masas de sujetos inferiores que "venían"
con las nuevas tierras. Nuevamente, el territorio y la conquista
territorial se consagran como los objetivos primordiales de costosas
y persistentes políticas estatales; los conflictos de la incorporación
indígena no tardan en asomar y son debatidos con la firme convicción
de que, cualquiera sea la metodología utilizada para reducir la
amenaza que los indios representaban para la elite dirigente,
la necesidad urgente era la apropiación material de los territorios
indígenas:
"La República necesita poblar
sus territorios, y si gastamos ingentes sumas en atraer la inmigración
europea, si le brindamos toda especie de garantías y la más amplia
hospitalidad [...] yo no veo por qué no habíamos de hacer un pequeño
sacrificio tendente á civilizar á una parte de nuestros conciudadanos,
á fin de que si no ellos, al menos sus hijos puedan llevar dignamente
el nombre de argentinos". "La República tiene, pues,
un verdadero interés en poblar su territorio, y debe soportar
las cargas de civilizar los indios, porque no es indiferente poblar
los territorios con nacionales ó poblarlos con extranjeros"
(RSGA, 1888, T VI:
173).
Los indios son reconocidos, entonces,
como los "legítimos poseedores del suelo americano"
pero al mismo tiempo como "las diferentes tribus salvajes
que aún puebla nuestros territorios" en un mismo discurso,
en párrafos seguidos (RSGA, 1882, T I: 166, las cursivas son nuestras).
Estas posturas aparentemente cambiante
se sustentan en el convencimiento que estos intelectuales tenían
de la escala evolutiva o, también, de un destino superior que
les garantizaba la victoria. Nadie dudaba de la existencia histórica
de las tribus ni de su dominio sobre territorios que por esos
años se disputaban los nuevos Estados. Pero tampoco nadie dudaba
de que esos nuevos Estados encarnaban la civilización y numerosos
argumentos enraizados en el darwinismo social permitían operar
sobre la resistencia indígena.
Sin embargo, estas propuestas de incorporar
a los indios a las actividades productivas no reconocen sólo fundamentos
científicos o económicos. También ciertas condiciones políticas
requirieron estrategias legitimadoras de los avances sobre los
territorios indígenas: los cuestionamientos políticos y las fuertes
críticas que despertó la campaña de Roca al sur en 1879 planteó
implícitamente y a veces, no tanto- la necesidad de resituar
la discusión acerca del avance militar y ello implicaba considerar
alternativas al exterminio masivo de los indígenas.
"La conquista del Chaco, va
á emprenderse, ¿pensará el Gobierno Argentino, llevarla a cabo
por medios idénticos á los empleados en la Pampa? Esto es lo que
tratamos de prevenir..."
(RSGA, 1881, T I: 7).
Las nuevas propuestas apuntaban, en
los casos que se consideraban posibles, a intentar la incorporación
del indígena chaqueño a las actividades económicas del país, previo
proceso de "civilización" de los mismos. Para ellos
comenzaron a destacarse ciertas imágenes del indígena que le restaban
elementos de salvajismo y crueldad:
"El que tiene el honor de
dirigiros la palabra [...] por sus presentimientos de la infancia,
por los estudios de su juventud y por la experiencia adquirida
en su edad madura, no cree en la tan decantada ferocidad de los
salvajes. Mas aún, cree que si por ferocidad tomamos esa saña,
esa crueldad de ánimo, para vengarse de las ofensas recibidas,
nunca alcanzará la de los sencillos hijos de la Naturaleza, a
la que millares de ejemplos, nos presenta la historia de todas
las épocas entre los hombres nacidos en medio de las sociedades
mas cultas" (RSGA,
1881, T I: 6).
"Hay tribus dóciles, de carácter
dulce y afable. En cuanto á ellas, la Sociedad Geográfica
Argentina, está plenamente convencida de los resultados
satisfactorios alcanzados por medios humanitarios, razonables
y benéficos..." (RSGA,
1882, T I: 166).
Por otro lado, la existencia de "indios
malos", y por ende irrecuperables, justificaba la repetición
del accionar llevado a cabo con anterioridad en nuestro país (Campaña
del Desierto) así como en otras zonas de avance de fronteras.
También ocurría que militares desalentados por los resultados
de las tareas civilizatorias recurrían a exhortos de diverso calibre
con el fin de llevar adelante rigurosos planes de aniquilamiento
de las minorías étnicas resistentes a la "palabra sana".
También en estos casos adquirían particular relevancia para la
argumentación ciertas limitaciones genéticas de los indios que
tornaban incompatibles la convivencia pacífica. Lo que no decían
era que sus objetivos no estaban orientados hacia lograr una nueva
comunidad mixta sino a imponer un criterio de estatalidad única,
exclusiva y excluyente que, necesariamente, entraba en contradicción
con la organización política, económica y social de las tribus.
Entonces, apelaban al salvajismo de la civilización:
"Hay también, por desgracia,
tribus feroces de carácter indómito, que participan, por así decirlo,
de los instintos de las bestias carnívoras de los bosques, en
cuya compañía habitan. A esas, sería tal vez necesario, tratarlas
con dureza para reducirlas, como lo han hecho los Estados Unidos
de Norte América con los pieles rojas, como Chile procede con
los araucanos, como la República Argentina a tratado a los pampas
de la Patagonia..."
(RSGA, 1882, T I: 166).
Todos los debates científicos sostenidos
en el seno de la Sociedad Geográfica Argentina (y reproducidos
en la RSGA) argumentaban, sostenían, refutaban y difundían distintos
aspectos indígenas que se oponían a las prácticas políticas y
militares encaradas con sistematicidad a partir de la campaña
del general Victorica en 1884. Desde un punto de vista encastrado
sólidamente en las realidades de la elite intelectual de la época
se construyeron muchas miradas sobre los indios que, en última
instancia, consistían en reflexiones acerca de cómo reducirlos
material y simbólicamente para construir la nación argentina.
La brutalidad de la campaña de Roca
en 1789 instaló, en cierta medida, el debate sobre los indios
y una parte del campo intelectual se dedicó a planificar la integración
de esas comunidades tribales en simultáneo con la integración
territorial del Estado nación argentino. Lo que se advierte es
que la integración indígena es una propuesta que se impone "naturalmente"
como consecuencia de la integración territorial. De esta manera,
puede explicarse que la integración indígena a la comunidad nacional
esté estigmatizada por la desintegración de sus propias formas
de organización y por la organización colonial de los Territorios
Nacionales que impidió que los habitantes de Chaco y Formosa fueran
ciudadanos argentinos y se integraran al cuerpo político del Estado.
Conclusiones
La temática indígena en la Sociedad
Geográfica Argentina parece ser, entonces, un corolario de la
temática territorial. En otras palabras, el objetivo de incorporar
territorios indígenas al dominio efectivo del Estado y las fuertes
críticas suscitadas en ciertos ámbitos como consecuencia del brutal
exterminio de los indios del sur impusieron la necesidad de pensar
la cuestión indígena y esto implicaba un conjunto de reflexiones
acerca de cómo incorporar a los indios. Esta incorporación era
pensada en términos económicos, básicamente desde la asalarización
forzosa de las minorías étnicas en actividades económicas tales
como obrajes e ingenios. Al mismo tiempo, el status jurídico del
Territorio Nacional con el que fueron incorporados los territorios
al dominio efectivo del Estado determinaba un rango inferior a
otras jurisdicciones estatales (como las provincias) y diferenciaba
a sus habitantes del resto de los ciudadanos en los deberes y
derechos políticos, por lo cual la incorporación indígena parece
un eufemismo que oculta formas renovadas y civilizadas de aniquilamiento.
Los fundamentos para estas acciones eran buscados afanosamente
en el campo de las ciencias, porque las explicaciones científicas
eran aceptadas como justificaciones válidas, verdaderas e irrefutables:
el prestigio y la credibilidad que el positivismo del siglo XIX
reconocía en los saberes científicos fue utilizado para fundamentar
sólidamente múltiples prácticas y proyectos políticos vinculados
a la expansión territorial (Lois, 1998). La Sociedad Geográfica
Argentina no escapa a esta desesperación por descubrir las "leyes
naturales" que asegurarían el triunfo de la civilización
o, cuanto menos, legitimarían las operaciones políticas que se
empeñaran por imponerla. En este sentido, la integración de los
indígenas al Estado nacional no sólo fue parcial y tuvo rasgos
coloniales, sino que implicó necesariamente la desarticulación
y desintegración de las formas de organización social y política
de los indígenas.
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