Identidad cultural y racionalidad
economica en la cuenca alta del Río San Juan, Colombia
1. Introducción
En Colombia la emergencia de la cordillera occidental consolidó
la formación de unas condiciones climáticas especiales que determinaron
la aparición y supervivencia de las especies. La circulación de
las masas de aire desde el pacífico hacia el interior hacen de la
zona un área especial con condiciones pluviométricas bien particulares.
Las precipitaciones son más abundantes hacia las zonas bajas con
mayores concentraciones de nubes y a medida que ascienden en sentido
occidente - oriente se van condensando, logrando superar muy poca
de esta masa nubosa originaria, la barrera que impone la cordillera,
encontrándose así una de las regiones más húmedas del mundo. Esto
unido a la gran variabilidad del relieve y de alturas hacen de la
zona un lugar rico en climas y microclimas, donde se desarrollan
y coexisten las formas de vida en diversidad de paisajes y hábitats.
Como es bien sabido, a la ya larga historia de la formación de la
vida en nuestro planeta se han sumado eventos recientes que han
determinado la suerte de las especies presentes en amplios territorios.
Durante las glaciaciones, muchas de las formas de vida existentes
sucumbieron ante condiciones climáticas tan adversas, siendo incapaces
de adaptarse a las nuevas condiciones. La reducción de la temperatura
obligó a muchas especies a movilizarse a otras latitudes con condiciones
menos drásticas para la sobrevivencia, pero que implicaban mayor
competitividad y especialización.
Los hielos que desde los polos se iban desplazando, hacían correr
las especies hasta los trópicos, con condiciones de temperatura
más favorables. El corredor biológico natural, que además sirvió
de refugio a miles de especies, hizo de los territorios ubicados
en la esquina superior de Suramérica, un sitio privilegiado. Desde
Norteamérica, hasta Centroamérica y de allí hasta el sur y viceversa,
el Chocó Biogeográfico se convirtió en paso obligado para todas
aquellas especies que iban colonizando nuevos hábitats.
Así, los bosques de la cuenca alta del Río San Juan, como parte
del Chocó Biogeográfico, cumplen un papel determinante y protagónico
en el contexto de los bosques del mundo. Su historia, su riqueza
y su diversidad se remontan a periodos insospechados por los actuales
habitantes. En la escala del tiempo, la habitación humana de estos
bosques no representa nada frente al tiempo de su formación, paradójicamente
su destrucción por los recién llegados, implica en la actualidad
la destrucción de más del 50% en Risaralda y una cifra aun no estimada
en todo el Chocó Biogeográfico.
En la actualidad se puede afirmar con certeza que no quedan bosques
en el Alto San Juan sin algún tipo de intervención humana. Lo más
grave es que en la mayor parte del área de la cuenca (mucho más
de 600 Ha) hasta hace menos de 30 años existían bosques en buenas
condiciones, los cuales en el término de una década (70's) sucumbieron
ante la acción del hombre, sin ningún tipo de control por parte
del Estado en cualquiera de sus instancias. En la actualidad, toda
el área de la cuenca sufre un proceso ambiental degradativo que
no deja muchas esperanzas a los pocos bosques y que está generando
agotamientos y baja productividad en las zonas abiertas para la
producción agrícola y pecuaria, entender la racionalidad con que
se toman decisiones económicas que afectan la riqueza biológica
de la zona puede ser un primer paso para lograr proponer soluciones
efectivas a los agotamientos, extinciones y alteraciones a los hábitats
y ecosistemas.
1.1 La zona de estudio.
La Cuenca Alta del Río San Juan tiene una extensión aproximada
de 1.200 Kmª y una población también aproximada de 22.000 habitantes.
Territorial y poblacionalmente la etnia Embera representa un 40%
de la cuenca, las comunidades negras un 10% y los mestizos un 50%.
De acuerdo con procesos históricos, sociales, económicos y culturales
la territorialidad de cada uno de los grupos de la cuenca se ha
ido definiendo y configurando de una manera especial. El río se
ha convertido en el eje ordenador y dinamizador de las distintas
ocupaciones: es a través del río que los Embera aplican su estrategia
territorial para la apropiación de una amplia variedad de pisos
térmicos; asimismo, las comunidades negras apropian y ordenan el
territorio a partir de las fuentes de agua. Las comunidades mestizas,
de menos trayectoria en el territorio, no se sustraen a ello y han
ido configurando poblados a partir de los paisajes que a su paso
van modelando los cursos de agua.
La manera como el medio va determinando las estrategias adaptativas
de los grupos humanos y, viceversa, como las sociedades van transformando
y apropiando el paisaje es discernible claramente cuando observamos
las condiciones biofísicas a las cuales se enfrentan los grupos:
en la mayoría de los casos los sitios aptos para vivienda por condiciones
de pendientes y de acceso a fuentes de agua básicamente son los
modelados por antiguas avalanchas que hacen de relleno y posibilitan
la formación de paisajes más planos. De esta manera los ríos con
toda su dinámica son determinantes en la apropiación espacial pues
la zona se caracteriza por poseer pendientes que van desde el 75%,
hasta las de más del 100% en muchos casos. Esto aunado a la alta
pluviosidad2 de la zona (promedios de 4.000 a 6.000 mm anuales,
hasta reportes de 12.000 mm anuales en algunos periodos de la historia
reciente) hacen de las estrategias adaptativas que se implementan
respuestas complejas y diversas a las restricciones impuestas por
el medio.
2. Identidad Cultural y racionalidad económica
La riqueza y diversidad cultural de la cuenca está expresada en
innumerables aspectos y de variadas maneras. La historia socioeconómica
de la región ha incidido además en la conformación de diferentes
estrategias sociales, culturales, económicas, políticas, etc., esto
hace que en la actualidad los procesos identitarios adquieran nuevos
elementos y la identidad cultural sea un proceso dinámico de construcción,
reevaluación y elaboración continua para cada uno de los grupos
y de los subsectores habitantes del Alto San Juan.
Hablar sobre identidad cultural se refiere a la identificación de
patrones, conductas, códigos e imágenes compartidas y aprehendidas
por un colectivo social. Esta pertenencia a un grupo fundamenta
el compartir en una sociedad. Las conductas que le son propias son
suyas porque las comparte y las realiza en unión con gentes cuyos
patrones, creencias y actitudes les dan significación y al mismo
tiempo permiten diferenciarse de otros. Por eso la identidad solo
tiene sentido en la interacción, en la medida en que esa pertenencia
incluya su contrapartida, la exclusión. La identidad cultural entonces
implica los términos de comunión con unos y exclusión de otros y
esto se "materializa" en planos concretos de la vida social
como lo son el territorio, la historia, el lenguaje, la religión,
los patrones estéticos, etc.
La identidad en la zona, esta en principio basada a nivel regional
por la pertenencia a tres grupos sociales bien definidos: indígenas,
negros y "blancos". La adscripción a cada una de estas
categorías sociales y culturales está fundamentada por varias características:
fenotípicas, lingüísticas, territoriales, económicas y culturales.
La siguiente tabla ilustra las principales características percibidas
por los habitantes de la cuenca (sobre sí mismos y sobre los demás)
acerca de los rasgos que diferencian a los grupos humanos de la
región:
|
Rasgos
|
Grupo
|
Indígenas
|
Negros
|
Mestizos
|
|
Fenotípicos
|
Baja
estatura, cabello lacio, ojos ligeramente rasgados, piel morena,
pómulos sobresalientes. |
Piel
negra, cabello ensortijado, complexión fuerte. |
Piel clara,
predominio de cabellos lacios.
|
|
Lingüísticos
|
Hablan
el idioma "catío" según la propia denominación y tienen
un manejo del español muy restringido. |
Hablan
el español pero tienen diferencias dialectales y de acento con
respecto al "paisa" |
Hablan
español sin mayores variaciones dialectales con respecto a los
hablantes "paisas" de otras regiones. |
|
Territoriales
|
Espacialmente
se ubican en el "cañón" o región del Chamí y áreas
adyacentes. |
Se
ubican en el corregimiento de Santa Cecilia básicamente. |
Habitan
en todas partes de la cuenca, en especial formando pueblos o
donde haya comercio. |
|
Económicos
|
Practican
una economía de subsistencia o autoconsumo. |
Combinan
el autoconsumo con el mercado. |
Su
economía se orienta principalmente al mercado. |
|
Culturales
|
Poseen
una organización social y política propias, lo mismo que una
tradición religiosa y cultural diferente del resto de la cuenca:
el atuendo, la forma de la vivienda, las artesanías, la pintura
facial, las formas de castigo, las creencias, la medicina, los
mitos, etc. son apenas rasgos visibles de esta diferencia. |
Aunque
a grandes rasgos comparten muchos elementos culturales con los
"paisas", la música, las fiestas, los ritos fúnebres,
la organización social , la vivienda y el tipo de uniones conyugales
son elementos propios que los distinguen de la cultura de la
sociedad nacional. |
La
religiosidad, las formas de organización social y política,
las aspiraciones e ideales de vida son rasgos que comparten
con los campesinos del centro del país. Además, de los rasgos
culturales particulares fruto de la mezcla de la cultura de
diversas regiones que trajeron habitantes que poblaron allí.
|
|
Auto-reconocimiento
|
Ante
los demás grupos se autoreconocen como Chamíes, frente al municipio
como indígenas. |
Ante
los demás grupos se reconocen como "Morenos", frente
al municipio como campesinos. |
Se
reconocen como "Paisas" o blancos, frente al municipio
como campesinos. |
2.1 Identidad cultural, racionalidad económica y región natural
A nivel regional entonces, las identidades grupales están bien diferenciadas
de acuerdo con estos tres sectores de la población, el rasgo fundamental
lo constituye el compartir una cultura que los hace semejantes o
distintos frente a otros grupos vecinos en el marco de la región
natural y de la vida municipal y que está expresada en una ocupación
territorial continua por parte de cada uno de los grupos en el área
de la cuenca.
En el plano económico, esta diferenciación cultural tiene repercusiones
en el tipo de asistencia y asesoría que se hace en la región: en
nombre de los indígenas o de los morenos (negros), por ejemplo se
elaboran proyectos que buscan generar un mayor "desarrollo"
económico a estos grupos. Los funcionarios, en nombre del Estado,
promueven un tipo de asistencia y de desarrollo para estos grupos
basados en las propias imágenes que como individuos, poseedores
de un bagaje cultural, han adquirido sobre si mismos y sobre los
demás. Así, un humanismo paternalista, mueve un sinnúmero de proyectos
con la buena intención de dar a estos grupos minoritarios la posibilidad
de un desarrollo basado en el modelo de vida del funcionario, bajo
el pretexto de poseer los mismos derechos y bajo la imagen preconcebida
de un status que en aras de la igualdad debe ser de acceso de todos.
Bajo esta premisa, un impulso modernizador busca sacar a los grupos
étnicos del estado de aletargamiento socioeconómico (y por ende
cultural) en el cual han estado sumidos para poder superar los obstáculos
por medio de los cuales se accede al "desarrollo". Esta
modernización se refiere básicamente a usos más intensivos de la
tierra, construcción de obras de infraestructura que permitan acceso
a los mercados, mayor capacidad de consumo fundamentalmente por
un manejo más amplio de dinero, integración a la dinámica económica
regional, nucleación de los poblados para acceso a servicios públicos
y acceso a la educación oficial y a los medios de comunicación (señal
de televisión) entre otros. Así un impulso modernizador es asimismo
un intento homogenizador que permite bajo una sola estrategia socioeconómica
atender a toda la población, sin discriminación alguna.
Así, el grueso del grupo - ya sea indígena, negro o mestizo - trata
de adecuarse a las exigencias del Estado que recompensa la intención
modernizadora del grupo con una mayor afluencia de proyectos, materiales,
insumos agroquímicos, asesoría y demás subsidios. Una respuesta
baja del grupo (así sea sólo alguno de sus sectores) a los intentos
modernizadores implica desatención por parte del Estado, discontinuidad
o abandono de los proyectos y las donaciones y, lo que es peor,
una sanción social y una pérdida de estatus frente a los demás grupos
de la región, que se traduce, como lo veremos más adelante, en un
estigma social con el cual debe cargar el individuo y que genera
consecuencias socioeconómicas.
De esta manera, el grupo trata de generar formas alternativas que
permitan ser partícipes de lo ofrecido, pero también basados en
su propio bagaje y desarrollo de tal suerte que no sean excluidos
del "desarrollo" pero siempre sobre una base de lo propio,
su deber ser. Pero no es solamente la participación en los beneficios
del Estado y el acceso al "desarrollo", sino también la
inclusión o exclusión en esferas de participación ciudadana, en
círculos sociales regionales, en un reconocimiento social por parte
de los demás grupos y en general, en una participación en la vida
nacional y regional: cargos públicos, empleo en jornales, fiestas
populares, relaciones interétnicas, comercio, etc.
Es claro que en la actualidad pocos son los grupos humanos, por
no decir ninguno, que está aislado de otros grupos humanos distintos
o que no ha sido incluido en formaciones nacionales, sociales y
económicas mayoritarias. Como se describió en capítulos anteriores,
el Alto San Juan ha tenido una historia bastante dinámica marcada
en el presente siglo por procesos de contacto cultural continuos
y por oleadas de exclusión y asimilación, marginamiento e integración
que han forjado un panorama sociocultural complejo.
Estos fenómenos: contacto cultural, exclusión, marginamiento, asimilación
e integración ha tenido repercusiones en la toma de decisiones económicas
por parte de cada uno de los grupos, constituyéndose en respuestas
culturales complejas asumidas por parte de los diferentes sectores.
Estas respuestas a fenómenos sociales han tenido una expresión temporal
pues no es lo mismo por ejemplo las respuestas de los grupos étnicos
a la exclusión de la vida nacional por parte de la sociedad mayoritaria
y del Estado hace cuarenta años, que en el presente bajo otras condiciones
sociales, económicas y culturales y lo que es más importante, a
la luz de nuevas aspiraciones de vida y de las grandes transformaciones
sufridas por los paisajes.
Para el presente, en el Alto San Juan, asistimos a unos fenómenos
de contacto interétnico permanente, un proceso modernizador en marcha
y, especialmente, a unas condiciones de cambio tanto del medio biofísico
como de los grupos que en su afán de perpetuarse en el territorio
han tenido que adecuarse, sobre la marcha, a las nuevas exigencias
que impone la sobrevivencia y a los nuevos valores sociales, culturales
y económicos que se construyen en la interacción. De esta manera,
"En su afán de participación en sistemas sociales más amplios
que les permitan obtener nuevas formas de valor, (las elites de
los grupos étnicos) tienen a su elección las siguientes estrategias
básicas: 1) pueden tratar de introducirse e incorporarse a la sociedad
industrial y al grupo cultural preestablecidos; 2) pueden aceptar
su status de "minoría", conformarse a éste e intentar
reducir sus desventajas como minoría por una concentración de todas
sus diferencias culturales en sectores de no articulación mientras,
por otra parte, participan en los otros sectores de actividad del
sistema mayor del grupo industrializado; 3) pueden optar por acentuar
su identidad étnica y utilizarla para desarrollar nuevas posiciones
y patrones que organicen actividades en aquellos sectores que, o
no estaban presentes anteriormente en su sociedad, o no estaban
lo suficientemente desarrollados para sus nuevos propósitos."
3
En términos generales podríamos afirmar que en la cuenca los tres
grupos (negros, indígenas y mestizos) han optado por alguna de estas
salidas ante los problemas de contacto cultural o de exclusión:
2.1.1 Los mestizos.
A los mestizos, más que catalogarlos como un grupo étnico podríamos
diferenciarlos como un grupo satélite de la sociedad nacional, es
decir, que comparte entre otros rasgos la lengua, la religión, instituciones
socioeconómicas y marcos jurídicos y políticos con el resto de la
sociedad mayoritaria, guardando ciertas especificidades regionales.
De esta manera, podríamos decir que estos habitantes de la cuenca,
descendientes de colonos y migrantes, han optado por la primera
estrategia cuando la exclusión y el marginamiento a que ha estado
sujeta la región por décadas ha sido un obstáculo para el acceso
a los mercados, el mejoramiento de la calidad de vida y en general,
para la integración a la nación y a la sociedad mayor. Según Barth,
los grupos que tienen éxito con esta primera estrategia
"... se verán privados de su fuente de diversificación
interna y habrán de subsistir, probablemente, como un grupo étnico
mal articulado, conservador culturalmente y con un rango muy inferior
en el sistema social mayor que lo contiene". 4
En el caso de los mestizos de la cuenca, su interés de integrarse
a la sociedad y a la economía de la nación los ha llevado a una
homogenización bastante notoria tanto desde el punto de vista de
la cultura, como de la economía y la sociedad. A pesar de constituirse
en un grupo de gentes y culturas de diversas regiones, se presentan
bastante homogéneos en su conformación socioeconómica y cultural,
tradicionalistas y conservadores en ciertos aspectos culturales
como las expresiones religiosas, la composición de la familia y
las normas de comportamiento público y en general, como gran parte
del campesinado colombiano, se integran a la pirámide social en
sus estratos más bajos debido al estatus social que adquieren estos
grupos periféricos frente a los órdenes sociales mayores establecidos.
A pesar que nos referimos a ellos como un grupo, socialmente aparecen
fragmentados y poco cohesionados, sus mayores vínculos se dan de
manera muchas veces impersonal a través de las fuerzas laborales
o del mercado. Su típica orientación al mercado genera en la mayor
parte de los casos competencias entre productores y pocos lazos
de cooperación y solidaridad eficaces.
Desde el punto de vista económico entonces, esta integración a la
sociedad mayor hace que el grupo trate de manera creciente acoplarse
a las demandas del mercado, oriente su producción a la generación
de excedentes comercializables y, trate de obtener a través de sus
actividades económicas, el dinero que le permita tener el consumo
que desde los marcos compartidos con la sociedad nacional se perfilan
como los óptimos o indicadores de calidad de vida. La inserción
al mercado permite entonces romper con el aislamiento y la marginación
a la que se han visto sometidos en algunas décadas, asimismo capta
la atención de las entidades y el Estado a nivel regional que en
términos generales propicia una modernización de la región: vías,
obras de infraestructura, servicios públicos, adquiriendo además
un mayor estatus social que a nivel regional se traduce en un reconocimiento
por parte de los grupos étnicos y en modelo de desarrollo para el
resto de los pobladores.
2.1.2 Las comunidades negras.
En el caso del grupo negro, su historia de integración o exclusión
a la sociedad y a la nación ha estado marcada por procesos dramáticos
que los llevaron en siglos pasados a constituirse en piezas clave
de un engranaje económico como esclavos en haciendas y minas. Mas
tarde, como hombres libres, vivieron uno de los procesos más notorios
de marginamiento social y económico que se ha visto en el país,
pudiendo desarrollar en los amplios territorios del Pacífico una
cultura propia al margen de la nación.
La gran despensa de recursos naturales que ofrecía el pacífico finalmente
fue la puerta para una integración creciente de los pobladores y
los territorios negros a la economía nacional, creándose un influjo
de gentes, costumbres y estrategias económicas nuevas que forman
ya parte de los paisajes de la región. Las comunidades negras del
Alto San Juan no se sustraen a esta situación y lo que en principio
se constituyó en una extracción de recursos maderables hoy se perfila
como un proceso dramático de cambio cultural, social, económico
y territorial.
Siguiendo la tesis de Barth, el grupo negro en la zona ha optado
básicamente por la segunda estrategia: ha generado, frente al Estado
y la sociedad mayor una respuesta positiva frente a la modernización
planteada de tal manera que la educación, la apertura a los mercados,
la asimilación de la religión católica y en general, una identificación
con las aspiraciones e ideales de la sociedad mayoritaria son las
estrategias con las cuales el grupo se integra en la vida regional
y nacional.
A nivel del grupo étnico, la permanencia de tradiciones tan fuertes
y vivas como los ritos fúnebres, las fiestas, las obligaciones entre
parientes y algunos aspectos de la música y la danza tradicional
se conservan a nivel de las relaciones intraétnicas y de la vida
cotidiana. De acuerdo con esto,
"Una aceptación general de la segunda estrategia impedirá
el surgimiento de una organización poliétnica notoriamente dicotomizada
y -en vista de la diversidad de la sociedad industrial y de la
consecuente variación y multiplicidad de los campos de articulación-
conduciría, probablemente, a una asimilación final de la minoría."5
En términos de las implicaciones económicas que tiene el asumir
esta estrategia vemos como el grupo negro se ha ido transformando
tanto en sus estructuras sociales y económicas como en la forma
de asumir la territorialidad. Una de sus estrategias de inclusión
se ha constituido en un fenómeno de "avanzadas" hacia
el interior del país: muchas familias negras que en la actualidad
se asientan en Santa Cecilia provienen de diferentes lugares del
Chocó, en especial del Andágueda. Ellos llegaron a Risaralda acercándose
al desarrollo nacional, al comercio, las carreteras y a la creciente
formación de poblados mestizos. Tanto ellos, pero en especial sus
descendientes han logrado acercarse cada vez más a las ciudades:
en primera instancia uno de los miembros de la parentela pudo haberse
instalado en municipios cercanos a Pereira como La Virginia, en
el mismo Pereira o incluso en Medellín o Cali, llegando allí como
jornalero, profesor de escuela o empleada de servicio doméstico.
Una vez instalado y tan pronto cuentan con cierta estabilidad económica
tanto la familia como los parientes se van acercando y explorando
sobre posibilidades económicas y ofertas de empleo. De esta manera,
muchas familias venden sus tierras y se instalan definitivamente
en las ciudades y centros urbanos, haciendo parte en muchos casos
de asentamientos subnormales y barrios marginados de la ciudad,
acrecentando el influjo de gentes en el sector informal de la economía
y, en general, haciendo parte de los estratos sociales más bajos.
Con la instalación de las familias en las ciudades, los parientes
cuentan con una base de cooperación y solidaridad en caso de que
algún miembro de la familia decida buscar mejores horizontes. Así
el mantenimiento de los lazos y obligaciones entre parientes se
extiende a las ciudades y se convierte en el mecanismo por el cual
los parientes del área rural pueden adentrarse al territorio de
la sociedad mayoritaria.
Esto también lleva a pensar que el grupo negro se acerca cada vez
más a una asimilación definitiva a la sociedad mayor, las fronteras
étnicas y culturales que los separan son cada vez más difusas, perdiéndose
al largo plazo la vinculación con el territorio original y perdiendo
vigencia una serie de practicas culturales identitarias como ritos
fúnebres, danzas, fiestas que en el contexto de la ciudad no encuentran
un referente más que como piezas del folclor regional.
Retomando el plano económico, esta estrategia de inclusión ha generado
cambios profundos en la orientación de la economía y la sociedad
y a pesar del mantenimiento de ciertas tradiciones y costumbres
de uso y manejo de recursos naturales, éstos han sufrido una serie
de cambios con respecto a la valoración y al lugar económico en
los sistemas de producción/reproducción, conformándose entonces
en elementos de articulación con la sociedad industrial. Así entonces,
el suelo, la flora y la fauna son medios que posibilitan la articulación
a los mercados y la mano de obra un servicio que demandan los mercados
laborales permitiendo así una mayor integración a la sociedad, una
modernización a través de infraestructura necesaria para la economía
regional y nacional y el acceso a nuevas formas de "valor"
social que permiten romper con la exclusión y el marginamiento.
2.1.3 Los indígenas.
El grupo indígena, en términos generales ha optado por acentuar
su identidad étnica y tratar de tomar partido de esta posición.
A pesar que los proceso de aculturación, mestizaje y pérdida de
la cultura están al orden del día, el grupo indígena se ratifica
en su territorio, en su identidad y en sus costumbres y está tratando
de fundar un proyecto de vida recomponiendo sus instituciones, construyendo
nuevas alternativas políticas y sociales y, especialmente recuperando
su territorio.
La implementación de esta tercera estrategia, siguiendo el planteamiento
de Barth, ha generado
"(...) muchos de los movimientos interesantes que hoy
pueden observarse (en América Latina y el mundo) y que van desde
el nativismo, hasta la creación de nuevos estados"6
Los indígenas Embera que hoy habitan territorio del Alto San Juan,
como vimos anteriormente, llegaron a la zona probablemente huyendo
de los Españoles que en la Conquista, y más tarde en la Colonia,
buscaban someterlos. Muchos de ellos fueron puestos en encomiendas
e integrados al régimen colonial, pero muchos más se remontaron
a las cabeceras inaccesibles de los ríos, lejos del yugo español.
A finales del siglo pasado y principios del presente la llegada
de grupos negros acentuó esta estrategia, asentándose los negros
en las partes más bajas y en las partes medias y altas los indígenas.
De esta manera, la estrategia de huida sirvió para marginarlos del
desarrollo de la nación y para poder lograr el mantenimiento de
una cultura propia.
Pero los procesos de colonización, la apertura de vías y en general
el aumento de la población generaron un proceso creciente de contacto
cultural que llevó, como detallamos en otros apartes, a una pérdida
de cultura y de territorio del cual aún no se recupera el grupo.
En los 70´s, animados por los movimientos campesinos e indígenas
que se gestaban, el grupo Embera de la región inició un proceso
de reivindicación étnica y cultural que ha permitido la recuperación
de una franja importante de su territorio y, especialmente, una
renovación de sus instituciones políticas y sociales bastante deterioradas
por la aculturación, el mestizaje y las practicas etnocidas que
desde el Estado y la sociedad mayor se gestan.
A pesar de ello, la recomposición cultural ha sido difícil pues
a pesar de que todavía siguen vigentes una serie de practicas y
costumbres, el panorama socioeconómico regional, la estreches territorial,
el contacto intercultural continuo y creciente y, especialmente,
los cambios ambientales ocurridos en el territorio, han hecho que
la cultura ya no sea un modelo operativo de relación y acción para
las situaciones nuevas no contempladas en las viejas construcciones
culturales.
Pero esta reivindicación étnica, contrariamente a lo que podría
pensarse, ha ocasionado una mayor integración a la nación y a la
sociedad mayor que a la luz de las luchas étnicas, ha reconocido
los derechos y el aporte de las minorías al desarrollo y conformación
del país. Así, las instituciones de gobierno tradicionales de los
indígenas son reconocidas como Entidades de Derecho Público Especial
adscritas al aparato estatal con poder jurisdiccional, los territorios
indígenas (por ahora los resguardos) reciben transferencias de la
nación para ser invertidas por las autoridades indígenas en el desarrollo
de sus territorios y se han abierto innumerables espacios de participación
en órganos de planeación, municipal y departamental, en juntas escolares,
servicios de salud, etc.
Esto ha llevado a que las gentes tengan que prepararse para enfrentar
los retos que implica asumir los espacios conquistados en su calidad
de grupo étnico, ayudando de esta manera a la recomposición de su
vida social y política y generando nuevas formas, menos desiguales,
de participación en sistemas sociales más amplios.
Pero detrás de las conquistas étnicas y de las reivindicaciones
culturales, la modernización de la región y el acceso al modelo
de "desarrollo" de la nación siguen perfilándose, bajo
un discurso del respeto por la diferencia, como una tendencia imparable.
A pesar de los elocuentes discursos sobre lo propio, lo indígena
y lo tradicional, las carreteras, los mercados, las escuelas y hospitales
se constituyen en un punto clave de aspiración étnica y en la forma
concreta de articulación con la sociedad nacional. Ahora la defensa
de la integridad cultural, de los derechos humanos y étnicos se
justifican también desde la necesidad de computadores, faxes y despachos
privados para las autoridades tradicionales.
En el plano económico entonces la tradición y la reafirmación de
lo propio se expresa en el mantenimiento de practicas agrícolas
y de manejo del territorio, en la conservación de practicas sociales
de cooperación y alianza económica, en la utilización de variados
recursos genéticos y en términos generales, en el mantenimiento
de los niveles de subsistencia en la producción. Pero así mismo,
los cambios sufridos por los paisajes, la intervención en ascenso
de las entidades y el Estado, los procesos de aculturación y mestizaje,
la reducción del territorio y el crecimiento de la población son
factores a los cuales se enfrentan los indígenas a diario y que
constituyen elementos de su toma de decisiones económicas. A pesar
que culturalmente el manejo de excedentes en la producción no se
dé de manera generalizada eso no impide que ante la posibilidad
planteada por alguna agencia del Estado de construir una carretera
para comercializar sus productos, los indígenas respondan con un
súbito interés y entusiasmo y se acojan a las "bondades"
de la modernización con la promesa quizá en el futuro de un mejor
"desarrollo", de tal suerte que con la carretera construida
quizás alguna entidad se anime a hacer asesoría y fomento y con
ello, se pueda incrementar la producción para comercializar.
De esta manera entonces, la aceptación de sus diferencias culturales
y la estrategia de sacar partido de su condición de minoría los
empuja a un proceso de integración a la sociedad nacional y al Estado
que los lleva por un lado, a reafirmarse en algunos aspectos de
su identidad y su tradición como son la lengua, algunas practicas
curativas, sus elaboraciones cosmogónicas, las reglas sociales,
y, por el otro, a construir nuevas estrategias comunitarias que
posibiliten recuperar un gobierno propio a través de Cabildos locales
y zonales, participar de los beneficios del Estado y en las esferas
de actuación ciudadana y lograr reproducirse como etnia en condiciones
de interculturalidad y contacto creciente.
A pesar que a nivel departamental, nacional e internacional los
indígenas han adquirido un nuevo estatus y han conquistado valiosos
derechos y reconocimientos, la historia regional, la vida cotidiana
y la configuración socioeconómica en el municipio y la cuenca siguen
su dinámica y es así como a pesar de todo ello, los indígenas continúan
siendo el sustrato más bajo de la pirámide social local. La adquisición
de mayor estatus por fuera de la región ha logrado un acrecentamiento
del conflicto interétnico tanto con mestizos como con comunidades
negras, una mayor segregación local y en general, sanciones socioeconómicas
que afectan a los individuos en el momento de acceder a los espacios
locales y regionales de interrelación e integración social.
2.2 Identidad cultural, racionalidad económica y territorio
Las acciones de los individuos se ubican como parte de un sistema
coherente y, además, como formas válidas de actuar en una sociedad.
Así, el individuo actúa en la medida que ella adquiere un sentido
social y ese sentido esta dado por la vigencia de la cultura. Para
Geertz7 la cultura y la sociedad están formadas por estructuras
sobre las cuales los individuos se mueven y obran con sentido. Estas
estructuras tienen entre si interrelación, pero cada una de ellas
es relativamente autónoma. El grado de equilibrio de la sociedad
se presenta por un mayor o menor ajuste entre la actuación de la
sociedad y los contenidos de la cultura de tal manera que un grupo
en tanto actúa en concordancia con sus significados culturales genera
un equilibrio social. A medida que los significados culturales no
expresan o explican las actuaciones sociales nos encontramos enfrentados
a crisis o inadaptaciones culturales.
Geertz distingue dos formas de integración a nivel de las estructuras
(sociedad y cultura) que dan origen a contenidos estructurales distintos,
relacionados pero independientes, estos son: la integración lógico
- significativa que da forma y contenido a la estructura cultural
y la integración causal - funcional que hace lo propio con la estructura
social. La primera compuesta de signos y significaciones, la otra
de formas de acción y relación, se relacionan en cuanto la acción
necesita de significación y a su vez esa significación solo se da
en la manera como se actúa. Una y otra se relacionan pero no se
determinan: la cultura puede dejar de proveer de conceptos que le
den significación a la estructura social y presentarse la crisis
y, viceversa, la estructura social puede variar y la forma de actuar
en esa sociedad puede presentar incongruencia con la estructura
que antes le proveía de significación.
En palabras de Geertz, la cultura es
"... un sistema ordenado de significaciones y de símbolos
en cuyos términos tiene lugar la integración social, y (...) el
sistema social (... es) la estructura de la interacción social
misma. En un plano está el marco de las creencias, de los símbolos
expresivos y de los valores en virtud de los cuales los individuos
definen su mundo, expresan sus sentimientos e ideas y emiten sus
juicios; en el otro plano está el proceso en marcha de la conducta
interactiva, cuya forma persistente, es lo que llamamos estructura
social. Cultura es la urdimbre de significaciones atendiendo a
las cuales los seres humanos interpretan su experiencia y orientan
su acción; estructura social es la forma que toma esa acción,
la red existente de relaciones humanas. De esta manera que cultura
y estructura social no son sino diferentes abstracciones de los
mismos fenómenos. La una considera a la acción social con referencia
a la significación que tiene para quienes son sus ejecutores;
la otra la considera con respecto a la contribución que hace al
funcionamiento de algún sistema social."8
2.2.1 Los Embera: crisis de identidad o crisis de adaptación?
Por ello, cuando hablamos de los grupos étnicos del Alto San Juan,
también estamos hablando de culturas en crisis: en el caso del grupo
Embera por ejemplo, la cultura es aún un cuerpo de significaciones
cuyo marco de referencia se sustenta en la explotación de un medio
ambiente selvático. La cultura Embera ha resuelto por muchos siglos
los problemas que se presentan a los individuos en torno a temas
tan importantes como la producción, cómo organizarse para ello,
cómo no desestabilizar los ecosistemas ni agotar las especies, cómo
regular la densidad de población necesaria para mantener la producción,
etc. Así los miembros de esta colectividad obtienen recetas y fórmulas
que dan sentido a lo que se acciona y se ejecuta. Los Embera de
Risaralda son poseedores de un bagaje cultural que les provee de
un marco de acción propicio para ejecutar acciones dentro de una
lógica que se sustenta dentro de una situación territorial concreta
y una oferta ambiental determinada.
De esta manera, la cultura Embera ofrece toda una serie de posibilidades
de acuerdo con la realidad de los ecosistemas donde habitaban y
que en gran parte no existen, pues esos ecosistemas sobre los cuales
se sustenta ese bagaje cultural ya están altamente intervenidos
y la oferta ambiental es otra para la cual, en muchas ocasiones,
la cultura no ofrece alternativas (en forma de fórmulas y recetas)
para que los individuos obren con sentido. Así entonces la cultura
ofrece respuestas de acción y relación a los individuos de acuerdo
con las posibilidades que ofrece el medio selvático, sin asentarse
ya sobre la misma realidad biofísica sobre la que fue construida.
En otras palabras, la manera como el Embera interviene su territorio
obedece aún a la forma como piensa y cree que debe actuar de acuerdo
con una cultura que provee de significación a la acción de individuos
que ya no se mueven en bosques primarios, sino, por el contrario,
en zonas intervenidas donde escasean los elementos necesarios que,
para la cultura son esenciales para la sobrevivencia, pues fue construida
con base en esa determinada realidad biofísica que ya no es la misma.
Por ello, la forma de organizarse para producir (estructura social),
la forma cómo producen (estructura económica) y la manera cómo se
institucionalizan e ideologizan estas formas que asume la sociedad
y la economía (estructura política, religión, ideología, etc.) son
elaboraciones sustentadas a partir de un sustrato físico determinado,
sustrato que en el caso de los Embera del Alto San Juan era de grandes
extensiones de selva.
La contradicción mayor se da en la medida en que la cultura pierde
su valor paradigmático y pasa a convertirse en un corpus ideológico
que ya no se sustenta ninguna situación de hecho, circunstancia
ésta a la que tienden los indígenas del Alto San Juan, cuya cultura
no ofrece en muchos casos, respuesta a interrogantes que le suceden
a diario acerca de cómo producir en potreros, cómo obtener proteína
que no sea en el bosque, cómo producir y manejar excedentes, cómo
organizarse para producir de acuerdo con las nuevas circunstancias,
cómo vivir en un territorio pequeño, cómo superar los conflictos,
etc.
La queja de los mayores de que ya los jóvenes no conocen la tradición
no es más que la expresión en la práctica del desfase entre cultura
y estructura social, donde en la cotidianidad los indígenas se han
visto abocados a resolver todos estos interrogantes, sin lograr
que su propia cultura les provea el marco y encontrando en la cultura
del mestizo el referente de acción que les permite poder solucionar
algunos de sus problemas de una forma práctica.
Como se enfrentan a acciones que se realizan dentro de otros marcos
de significación diferentes a los tradicionales, éstas no encuentran
un referente en la cultura y pasan a ser así verdaderos focos de
conflicto y contradicción entre cultura y estructura social, contradicción
ésta cuya expresión más evidente se puede observar en las diferencias
generacionales y en la inserción de otros marcos de referencia dentro
de la cultura. Como la cultura no es estática sino dinámica y responde
a realidades concretas, debe ajustarse para ofrecer respuestas adecuadas
a las nuevas situaciones, esto es lo que conocemos como cambio cultural
y la etnia Embera se encuentra en estos momentos en un marcado proceso
de cambio que está poniendo en entredicho la continuidad cultural
del grupo.
Según García Canclini:
"La adopción de la modernidad no es necesariamente sustitutiva
de sus tradiciones. Con frecuencia, los indígenas son eclécticos
porque han descubierto que la preservación pura de las tradiciones
no es siempre el camino más apropiado para reproducirse y mejorar
su situación. (...), las reformulaciones negociadas de su iconografía
y de sus prácticas tradicionales son tácticas para extender el
comercio y obtener dinero que les permita mejorar su vida cotidiana.
El consumo multicultural, con el que buscan satisfacer sus necesidades
aprovechando sus recursos tradicionales y los de diferentes sociedades
modernas, confirma esta reubicación dúctil de los sectores populares."
9
Podríamos decir entonces que la etnia Embera de Risaralda se encuentra
en trance crítico y está buscando salidas sincréticas al desequilibrio
entre sus estructuras, pues tiene que ajustar su bagaje cultural
a realidades tan concretas como el cerco territorial y la escasez
de insumos necesarios para la supervivencia tal y como lo dictamina
la cultura. Pero construir esa cultura que necesita para sobrevivir
no implica el abandonar el legado ancestral que hace parte de su
tradición, por el contrario se trata de encontrar los puntos de
equilibrio donde la cultura se adecue a las nuevas exigencias de
la realidad y a su vez, se busquen los correctivos y acciones necesarias
para que el legado cultural siga proveyendo de marco de referencia
al accionar del grupo.
2.2.2 Las comunidades negras entre la integración y la asimilación
Los cambios sufridos en la cultura y el territorio del grupo negro,
a pesar que obedecen en cierta medida a las mismas situaciones que
los indígenas ha ocasionado otras respuestas diferentes: mientras
que entre los indígenas la cultura ha variado poco, las relaciones
con el territorio y la acción social han sufrido una serie de transformaciones
que ponen en entredicho la cultura. Entre las comunidades negras
de la región, los cambios que se han operado tienden a una mayor
variación de la estructura cultural, a cambios profundos en la integración
lógico - significativa, mientras que en el plano de la estructura
social, de la integración causal - funcional, su permanencia acentúa
la necesidad de encontrar nuevos marcos significativos ante la reevaluación
de los anteriores.
La cultura de las comunidades negras de la zona, un proceso de formación
reciente frente a otras culturas de mayor trayectoria en la región,
ha respondido en su conformación a la necesidad de adecuarse a nuevas
situaciones territoriales y sociopolíticas, retomando de manera
ecléctica los elementos de otras culturas, indígenas y mestizas,
reinterpretándolas y adecuándolas a su propio bagaje, históricamente
híbrido y ecléctico.
Así, no es de extrañar, que el grupo negro frente a nuevas situaciones
de acción y relación, tal como lo ha hecho históricamente, reevalúe
y se adapte a nuevas situaciones culturales que los lleven a tomar
mejor ventaja social y a superar y conquistar los espacios de integración
social. Comenzaron como esclavos en haciendas y minas y finalizan
como ciudadanos urbanos en pleno ejercicio de sus derechos civiles,
el ascenso es notorio y la cultura, el vehículo de transformación
que posibilita los cambios.
De esta manera, gran parte de los aspectos de la cultura como las
relaciones con el medio ambiente, las practicas agrícolas, el manejo
de recursos genéticos, las formas de apropiación del territorio
son reevaluados en la medida que se constituyen en obstáculos de
integración y ascenso social. En cambio, la estructura de las relaciones
sociales permanece en muchos de sus aspectos fundamentales pues
es a través del mantenimiento de lazos y obligaciones sociales que
la totalidad del grupo puede acceder a los espacios por conquistar.
Situaciones como las vividas en años anteriores por el grupo ilustra
un poco la situación de cambio y la estrategia de reelaboración
cultural como mecanismo de ascenso social: ante la necesidad de
cambiar la modalidad de Normal Pedagógica, que educa a la gran mayoría
de jóvenes de esta etnia, se abrió la participación para discutir
la nueva modalidad deseada. La respuesta de la gente fue tajante
en el sentido de no permitir que sus hijos reciban una educación
referida al trabajo en el campo, todo lo contrario, el colegio debería
permitir una capacitación sólida que permita competir en los mercados
laborales de la sociedad industrial, para ello, los padres estaban
dispuestos a un trabajo duro en el campo y el sector informal que
permita educarlos, pero los hijos no deben replicar el camino de
los padres.
De esta manera, la identidad cultural del grupo negro y su expresión
frente a la manera de autorreconocerse y vincularse al territorio
también responde a la necesidad de interrelación con los demás y
a la manera como se da esa coproducción de la identidad propia y
la de los otros en la interacción: bajo viejos esquemas heredados
de la colonia, las comunidades negras han visto como el grupo social
hegemónico ha replicado por siglos, el esquema de la pirámide social
que sitúa a los otros en rótulos culturales, asociados con condiciones
socioeconómicas determinadas, de acuerdo con el estatus que desde
su posición hegemónica la sociedad nacional adjudica.
El caso específico de la sociedad nacional que a pesar del mestizaje
sufrido continúa practicando de manera sutil pero eficaz, un racismo
con ciertos visos segregacionistas, ha determinado a las comunidades
negras la necesidad de generar estrategias para sortear esta situación
y, es a través de la identidad, de las esferas de autorreconocimiento
y de la manera como se es percibido, clasificado y reconocido por
el otro que se trata de actuar.
Una situación vivida hace unos 8 a 10 años en la región explica
un poco el contenido de tal planteamiento: en el marco de un convenio
interinstitucional entre las Corporaciones de Risaralda y Chocó
para la gestión ambiental y del desarrollo, funcionarios de cada
uno de estos departamentos se instalaron en Santa Cecilia, poblado
negro fundamentalmente. En una ocasión, mientras se departía en
una fiesta popular con altos funcionarios departamentales, miembros
de la etnia negra local tomaron partido en un incidente bastante
instructivo de la conformación de identidad. Al calor de la fiesta
y el licor, los funcionarios (mestizos) de Risaralda acusaron a
los profesionales (negros) del lado chocoano de ser mediocres e
ineficientes en su trabajo. Indignados los funcionarios negros instaron
a los negros de Santa Cecilia a defenderse de los insultos de los
"paisas" a lo cual los líderes allí presentes, en presencia
de altos funcionarios de otras entidades departamentales y nacionales,
respondieron que ellos defendían lo suyo, Risaralda. Los funcionarios
chocoanos se retiraron de la fiesta indignados y los demás alegremente
(paisas y negros) siguieron departiendo.10
Como ilustra muy bien Eidheim11 en el caso de campesinos paquistaníes,
cuando la identidad étnica se convierte en un estigma social, la
actuación de los individuos frente a su adscripción y sentido de
pertenencia puede variar ante la posibilidad de pérdida o de ganancia
en situaciones sociales que comprometan su actuación. Es claro,
que a nivel de la región e incluso de la nación, estigmas sociales
vinculados con la identidad cultural y las características raciales
hacen que el negro cargue con los rótulos de perezoso, irresponsable,
fiestero, promiscuo y otros tantos estigmas que traspasan el plano
de meros discursos de identidad para transformarse en elementos
de juicio y actuación en el momento de acceder a empleo, ejecutar
proyectos, participar en espacios públicos e incluso acceder a escenarios
de mayor estatus social y económico.
"Como la identidad étnica está asociada con un conjunto de
normas de valor, específicamente culturales, se concluye que existen
circunstancias donde esta identidad puede expresarse con éxito moderado,
y límites cuyo traspaso está vedado. Yo afirmaría que las identidades
étnicas no pueden conservarse más allá de estos límites, pues la
fidelidad a normas de valor básicas no podría sostenerse en situaciones
donde, comparativamente, la propia conducta es totalmente inadecuada.
Los componentes de un grado relativo de éxito son: primero la actuación
de los otros y, segundo, las alternativas abiertas al propio sujeto.
(...) Lo que importa es como actúan los otros en cuya compañía se
interactúa y con los cuales se es comparado y qué identidades alternativas
y conjuntos de normas están disponibles para el individuo."12
Así, bajo condiciones de relación intercultural las comunidades
negras de la región optan por una identidad que los vincula a territorios
de no marginación, es decir, sus vínculos no son con el Chocó, región
marginal, sino con Risaralda, interior del país, no se reconocen
como "morenos" sino como campesinos y, las fronteras étnicas
con respecto al mestizo se diluyen en la puesta en escena regional
y nacional.
En situaciones de relaciones intraétnicas, el grupo asume su identidad
como etnia negra, reafirma sus lazos con sus parientes y antiguos
vecinos de la región chocoana y ratifica las obligaciones sociales
que como miembros de una colectividad fundaron sus ancestros. Esto
es especialmente evidente en los ritos fúnebres con su movilización
de gentes desde el Chocó y viceversa y en la solidaridad grupal
que representa el asumir los gastos fúnebres y el acompañamiento
económico y anímico a los parientes del difunto. Aquí entonces las
fronteras étnicas se reconstruyen con respecto al mestizo y la comunidad
negra se repliega sobre sus semejantes.
En términos económicos, el asumir ciertos comportamientos como productores:
intensificación de la producción, ingreso a los mercados de bienes
y servicios, tecnificación de las labores agropecuarias, etc. permite
acceder a esferas de relación social de mayor ventaja para el grupo,
mientras que el mantenimiento de las formas tradicionales de producción
implican mayor estigmatización social con sus consecuencias: falta
de asesoría, créditos, marginamiento de los escenarios socioeconómicos
regionales, etc. De esta manera, la cultura propia se convierte
en un obstáculo de ascenso social y económico, mientras que el mantenimiento
de la estructura social permite al grueso de las parentelas y del
grupo este ascenso.
2.2.3 Los "paisas", entre lo tradicional y lo
moderno
Hablar de una identidad del grupo mestizo conlleva diferenciar los
escenarios posibles donde es aplicable el sentido de pertenencia,
el sentido de grupo frente a aquellos escenarios de actuación grupal
que no conllevan la interculturalidad y que se constituyen en espacios
de diferenciación social propios. Si bien es cierto que culturalmente
el grupo mestizo presenta una evidente homogeneidad y relación con
el resto de la sociedad nacional, también es cierto que a nivel
social local, hay una profunda diferenciación que implica en términos
sociales y económicos distintas maneras de constituirse y reconstituirse
frente a sí mismos y los demás.
Dentro del grupo mestizo, la vida social replica por un lado la
necesidad de nuevos y mejores espacios de participación económica,
el acceso a una modernización que genere una infraestructura adecuada
a los cambios y ritmos que impone la globalización, una articulación
eficiente de las actuaciones del Estado frente a las organizaciones
comunitarias y sus representantes, mientras que por el otro lado,
se recrean y mantienen viejos esquemas de relación clientelista
con los políticos y representantes, repetidos y casi ritualizados
esquemas de comercio, empleo y trueque no monetarios median las
transacciones económicas, mientras grandes sectores se aferran a
los consabidos esquemas de producción agropecuaria a riesgo de no
aumentar los niveles de productividad por los que todos claman.
Así, la modernidad propuesta desde el Estado y la sociedad nacional
más que una realidad concreta, es una aspiración colectiva de un
grupo que mitifica, a manera de tabla de salvación, las bondades
de la integración socioeconómica. Esta integración se ha dado en
el marco de momentos históricos en la vida del presente siglo, pero
no como una dinámica de la zona, sino como enclaves económicos de
acuerdo con las necesidades del mercado: en los 50´s la ganadería,
en los 70´s la madera, en los 80´s el lulo. Cuando decae la actividad
con la cual se genera la mayor integración socioeconómica, la marginación
y el aislamiento vuelven a estar en el orden del día.
Pero cuales son los elementos que configuran la cohesión social
en el grupo mestizo y cual su característica de relación y acción
entre sus diferentes sectores? Podríamos decir que la cultura del
mestizo en la región se ha constituido de una diversa y variada
composición social. Ha retomado los bagajes culturales traídos de
otros territorios (a su vez reconstituidos y elaborados sobre múltiples
bases) y los ha mezclado con aspectos de la cultura del indígena
y del negro necesarios para intervenir el territorio y asegurar
la sobrevivencia.
"Los países latinoamericanos son actualmente resultado de la
sedimentación, yuxtaposición y entrecruzamiento de tradiciones indígenas
(...), del hispanismo colonial católico y de las acciones políticas,
educativas y comunicacionales modernas. Pese a los intentos de dar
a la cultura de elite un perfil moderno, recluyendo lo indígena
y lo colonial en sectores populares, un mestizaje interclasista
ha generado formaciones híbridas en todos los estratos sociales".13
"... las dificultades de la integración socioeconómica no parecen
deberse principalmente a la incompatibilidad entre lo tradicional
y lo moderno. Los fracasos de las políticas globalizadoras derivan
de la falta de flexibilidad de los programas de modernización, la
incomprensión cultural con que se aplican y, por supuesto, la persistencia
de hábitos discriminatorios en instituciones y grupos hegemónicos.
Las reformas del Estado que se limitan a desregular servicios y
subordinar responsabilidades públicas e intereses privados, están
haciendo muy poco por abrir la gestión social a los múltiples estilos
de vida y a las variadas formas de participación requeridas por
los sectores marginados."14
Bajo esta particularidad a pesar que los mestizos reclaman mas y
mejores espacios de participación en la toma de decisiones en su
territorio, viejas practicas clientelistas median las relaciones
entre las entidades y las organizaciones y los elementos de cohesión
política como la adscripción a partidos tradicionales sigue conglomerando
las identidades individuales y grupales. Para el grueso de la población
mestiza, el Estado se constituye en uno de los principales obstáculos
del desarrollo, el ente al cual se debe gran parte del atraso de
la zona y de la dificultad para una adecuada modernización. Estado
y funcionarios son sinónimo de ineficiencia, corrupción, amaño institucional,
etc. Sin embargo, a nivel local existe una dinámica bastante fuerte
entre comunidades y entidades, proyectos conjuntos de desarrollo
y una fluida relación social con los funcionarios. De esta manera,
"Esas representaciones fragmentarias y a menudo contradictorias
del Estado (...) (son) articuladas desde las estructuras de cacicazgo
y de clientelismo, de solidaridad jerarquizada y asimétrica, propias
de la cultura política del grupo popular.
En ese juego de relaciones no es fácil discernir qué es lo popular.
Si lo tomamos como la cultura tradicional propia y local parece
ser algo que sirve sólo para la vida familiar privada o para las
fiestas. En tanto, la cultura moderna y hegemónica es aprendida
por los pobladores para desempeñarse en el mundo público. Pero esa
cultura no es sólo ni principalmente la de la modernidad ilustrada,
que suele expresarse en reglas objetivas y democráticas de representatividad
política, sino también una compleja aglomeración de relaciones modernas
y tradicionales de poder." 15
Así se da un paradójico dilema: los promotores con intenciones democratizadoras
y gestiones institucionales alternativas han descubierto que es
necesario pactar con caciques internos del territorio para adquirir
poder de convocatoria e insertarse en las estructuras socioculturales
locales. Esto se ejemplifica perfectamente en los conflictos que
ha tenido la Corporación Autónoma con los madereros que practican
extracción ilegal: ante las amenazas de paros y mítines por parte
de los madereros por los controles ejercidos sobre la explotación
ilegal que estaba poniendo en entredicho la supervivencia de las
familias, la entidad resolvió abrir un proceso amplio de convocatoria
comunitaria para búsqueda conjunta de alternativas. Para ello, el
grupo de madereros se "preparó" enviando a sus viejos
representantes, militantes de partidos tradicionales, con cierto
poder económico en la región, muchas veces los principales compradores
de la madera y con los cuales han construido pirámides de relación
socioeconómica local, a que asumieran por ellos un proceso de negociación
sobre su actividad ilegal. Los funcionarios se han dado cuenta por
su parte que a pesar que ninguno de los representantes en realidad
es actor directo del conflicto, solamente es posible acceder a ellos
a través de la inserción a las tradicionales estructuras de poder
local, es decir, a través de sus estructuras cacicales y clientelistas.
A nivel local entonces, a pesar que la economía es básicamente de
orientación al mercado, los arreglos basados en viejas practicas
no monetarias de intercambio siguen primando en muchos escenarios
de la cotidianidad como factor decisivo en la toma de decisiones
económicas. La globalización de la economía, la modernización iniciada
y pretendida se inserta también en esquemas tradicionales que median
las relaciones sociales y que replican a nivel local las cadenas
del comercio y la solidaridad jerarquizada y asimétrica presente
en innumerables transacciones económicas.
Es bajo este marco entonces que deben entenderse los arreglos que
realizan productores y comercializadores en un gran numero de actividades
económicas: por un lado, la actividad maderera se realiza bajo transacciones
que en la mayor parte no involucran intercambios monetarios entre
actores sociales: el comercializador (que es el intermediario frente
a las agencias de compra) entrega a su proveedor (con el cual tiene
una historia de relación socioeconómica) insumos, bienes suntuosos,
alimentos, etc., en épocas difíciles puede incluso llegar a prestarle
dinero u otros elementos. A cambio, el cortero (que es su amigo,
compadre o pariente) le paga en madera o en trabajo como cortero,
a precios y condiciones impuestos por el comercializador, permaneciendo
obligado la mayor parte del año con el intermediario. A pesar de
este proceso de endeude, los campesinos ven en este sistema un factor
de cooperación social y económico bastante interesante, donde individuos
en mejor posición económica y social generan posibilidades de trabajo
y mercadeo. La jerarquización socioeconómica aquí, opera también
como un elemento subjetivo de interrelación social y económico eficiente
a pesar de los efectos modernizantes e impersonales del mercado.
Un caso similar se da con la panela, en su producción intervienen
también una serie de elementos de acción social y económico fundados
en la tradición. La gran mayoría de arreglos se dan en transacciones
por el acceso a trapiches, esto involucra no solamente lazos sociales
con el dueño o administrador, sino además transacciones no monetarias:
es común en la zona encontrar que cada productor coloca determinadas
cargas de caña a la molienda, el dueño del trapiche aporta trabajo,
la máquina y el combustible (bagazo y leña). Al final se distribuye
lo producido por mitades y cada uno entonces inicia su proceso de
comercialización de la panela en los mercados que tiene para ello.
Muy seguramente, si la comercialización es local, no reciba dinero
alguno por su producción, pero si los insumos que necesita para
su finca o su familia.
De esta manera, la sociedad mestiza de la región se enfrenta y trata
de incorporarse a la modernización, sin dejar de lado los viejos
esquemas de acción socioeconómica que por décadas han sido eficientes
e inherentes a la composición jerarquizada y asimétrica de los marcos
sociales en los cuales se adscriben.
2.3 Identidad cultural, racionalidad económica y paisajes
Pero a pesar de que podamos hablar en términos generales de cada
uno de los grupos, al interior de ellos hay diferencias culturales
importantes que implican en el plano económico, diferentes formas
de asumir la territorialidad, la producción y el acceso a los recursos
naturales. Estas diferencias están íntimamente ligadas con composiciones
diversas de la población, migraciones, procesos de aculturación,
mestizaje y pérdida de la cultura y lo que tal vez es más común
en la región con la hibridación y el sincretismo que de manera creciente
y a diferentes escalas sufren los grupos indígenas, negros y mestizos
del Alto San Juan.
El contacto y el cambio cultural es
"... un proceso muy extendido a medida que aumenta la dependencia
de los productos y las instituciones de las sociedades industrializadas
en todas las partes del mundo. Lo que importa es reconocer que una
gran reducción de las diferencias culturales entre los grupos étnicos
no está correlacionada en forma sencilla con la reducción de la
organización de las identidades étnicas o con el derrumbe de los
procesos conservadores de límites."16
Esta identidad cultural al interior de cada uno de los grupos, como
dijimos no es estática, se construye día a día en el discurso, en
la interacción con los semejantes y con los otros, por ello, según
plantea García Canclini
"... las identidades nacionales y locales pueden persistir
en la medida en que las resituemos en una comunicación multicontextual.
La identidad, dinamizada por este proceso, no será sólo una narración
ritualizada, la repetición monótona pretendida por los fundamentalismos.
Al ser un relato que reconstruimos incesantemente, que reconstruimos
con los otros, la identidad es también una coproducción.
Pero esta coproducción se realiza en condiciones desiguales entre
los variados actores y poderes que intervienen en ella. Los procesos
de globalización cultural e integración económica regional muestran
la necesidad de las economías y las culturas nacionales de ablandar
las aduanas que las separan, y, al mismo tiempo, que la asimetría
desde la cual se establecen los acuerdos puede acentuarse por la
liberación comercial. Una teoría de las identidades y la ciudadanía
debe tomar en cuenta los modos diversos en que éstas se recomponen
en los desiguales circuitos de producción, comunicación y apropiación
de la cultura".17
De esta manera, los procesos de cambio en la cultura, de aculturación,
sincretismo, hibridación y marginamiento no han sido iguales para
todos los grupos étnicos, como lo hemos visto, y mucho menos para
los diferentes sectores que componen a cada uno de ellos. En esto
también ha incidido su posición en el paisaje, la historia particular
de cada localidad, la disponibilidad cultural para asumir los cambios,
las consecuencias de las intervenciones sobre las coberturas naturales
y, especialmente, las dinámicas socioeconómicas particulares por
las que se han visto influenciados.
De esta manera, podríamos ubicar un elemento principal como articulador
de las diferencias entre los sectores que conforman los territorios,
es decir, a pesar de la complejidad que ha determinado la situación
actual para cada uno de los grupos étnicos, un rasgo fundamental
en sus paisajes ha obrado como principal detonante de las composiciones
socioeconómicas distintas en los territorios.
2.3.1 Los indígenas, las misiones y el Estado.
Entre los principales elementos de diferenciación social en la actuación
económica y en la toma de decisiones se encuentra la influencia
que han recibido de las misiones y el Estado las comunidades indígenas.
Como es bien sabido, desde siglos pasados el dominio español en
primera instancia y más tarde el gobierno nacional entregaron a
las misiones el "deber" de ejercer sobre ellos cierta
tutela con respecto a sus decisiones internas y además se les encomendó
su educación con el fin de integrarlos a la sociedad nacional no
solamente a través del acceso a la lengua oficial, sino además en
la catequización, las costumbres alimentarias, las formas de la
familia, la vivienda, el vestuario, etc.
Así se inició en el Alto San Juan un proceso de aculturación, principalmente
desde las misiones, avalado por el Estado, que pretendió incluso
erradicar practicas tan fuertes y arraigadas como el Jaibanismo18
mediante su prohibición y persecución. La religión actuó también
como un mecanismo de presión al determinar sanciones sobrenaturales
para aquellos que ejercieras practicas demoniacas como era la curación
a través de los Jai (espíritus) y de las hierbas. Lo mismo ocurría
con la lengua Embera que fue prohibida y sus hablantes castigados,
incluso físicamente, como mecanismo para la adopción del castellano.19
Otra serie de aspectos pueden mencionarse como parte de los cambios
efectuados por las misiones y que han determinado diferencias socioculturales
importantes como son: imposición del vestido frente a la semi -
desnudez que se practicaba, cambios en la organización de las familias
(de extensas a nucleares), cambios en la forma de la vivienda (de
circular a rectangular), cambios en los patrones alimenticios y
de consumo.
De esta manera, a nivel de los paisajes se pude decir que el mayor
elemento de diferenciación cultural y social esta dado por la influencia
que han ejercido las misiones y el Estado en la región. Esto aunado
ala influencia de los grupos con los que conviven, es decir si están
afectados por los núcleos urbanos mestizos establecidos en el territorio
o simplemente por colonizadores dispersos en pequeños sectores del
territorio indígena o si la influencia la reciben de grupos negros
tradicionales o aculturados. Es decir la posición en el paisaje
frente a los demás grupos que implican presiones e interrelaciones
cotidianas.
2.3.2 La Vía al mar y las comunidades negras
La Vía al Mar20 desde su inicio (1950 aprox.) hasta su culminación
en la zona (1986) ha generado grandes y profundas transformaciones
en el territorio de comunidades negras. Cabe anotar que el territorio
es atravesado por esta importante vía y en torno a ella se ha modificado
el patrón de poblamiento y se han articulado las economías.
La influencia que ha ejercido en la conformación de los diferentes
sectores sociales del grupo negro se evidencia en dos aspectos centrales:
el desplazamiento del río como eje articulador del poblamiento para
darle paso a la carretera como eje de ordenación y disposición de
las viviendas y los asentamientos. Y, la orientación de las actividades
económicas a las necesidades de los flujos de gentes y mercancías
que se movilizan por el territorio. De esta manera, se han reordenado
las actividades productivas, la forma de organizarse la sociedad
para producir y, las aspiraciones sociales y étnicas en torno al
vaivén de expectativas y posibilidades que la carretera moviliza
hacia el territorio negro. La influencia que la carretera ha marcado
en los diferentes paisajes y en sus gentes depende también de los
grados de proximidad o lejanía con respecto al eje vial.
En algunos sectores, la carretera ejerce una influencia moderada
en primer lugar porque esta alejada físicamente y en segundo lugar
porque los ejes viales alternos que conectan con otros asentamientos
(Vía Mampay - La Unión) no han sido terminados. Así, la orientación
al mercado y especialmente la vinculación al sector informal no
es tan marcada como en las zonas donde el eje vial atraviesa directamente.
Esto asociado con la predominancia de sistemas de producción tradicional
y un autorreconocimiento campesino fuerte.
Otras zonas reciben una marcada y profunda influencia de la carretera.
En torno a ella el poblado ha crecido y ha atraído un sinnúmero
de gentes, comerciantes y compradores de tierras. El asentamiento
principal (Santa Cecilia) se ha convertido en paso y parada obligada
de buses, camiones y automóviles particulares por su posición intermedia
entre Quibdó, Itsmina21 y Medellín, Cali22. El creciente flujo de
bienes (productos agrícolas, artesanías, almacenes de variedades,
etc.) y servicios (restaurantes, discotecas, bares, estaciones de
gasolina, montallantas, talleres de reparación, etc.) hacen de esta
una zona atractiva para el abastecimiento de las personas movilizadas.
Así entonces, la influencia de la carretera ha implicado cambios
profundos en este sector. Gran número de sus habitantes se encuentran
articulados al sector informal de la economía (ventas callejeras
principalmente) o están en proceso de hacerlo mediante la disposición
de sus viviendas hacia el eje vial ofreciendo a los que transitan
productos agrícolas que antes eran de autoconsumo (chontaduro, borojó,
caimito, etc.)
Cabe mencionar que la carretera no ha sido el único factor de diferenciación
socioeconómica en esta zona. Allí la Iglesia, durante los últimos
40 años y principalmente a través del sacerdote español Salvador
Cruz Santana ha ejercido un poderoso control e influencia que ha
dejado profunda huella entre los habitantes de esta zona. Esto se
ha visto traducido en cambios culturales, en la educación, en las
costumbres sociales y en un sinnúmero de transformaciones locales
con respecto a los demás sectores del territorio. La incidencia
de este sacerdote en esta zona amerita una cuidadosa investigación
etnográfica por las implicaciones que ha tenido y por la huella
que ha dejado entre los pobladores, al mejor estilo de las historias
de García Marquez.
Para el sector más occidental de la cuenca, el eje vial ha implicado
cambios profundos en los sistemas de producción/reproducción. La
apertura de la vía posibilitó un mayor comercio de recursos naturales
representado básicamente por los "respaldos"23 y una mayor
valoración económica de las tierras. Así, muchas de estas propiedades
pasaron a manos de mestizos, propietarios ausentistas en gran parte,
y los anteriores propietarios que se quedaron en la zona pasaron
a constituirse en mano de obra disponible ya fuera en las mismas
fincas o en otras zonas.
La presión de los mestizos, la influencia de la economía chocoana
y las posibilidades de comercialización con la carretera han determinado
una mayor intensificación de la producción y mayor orientación al
mercado en productos como el chontaduro, el primitivo y el borojó.
2.3.3 Las tendencias del mercado y los grupos mestizos
Uno de los mayores factores diferenciadores en la toma de decisiones
económicas entre los grupos mestizos, además de las condiciones
socioeconómicas a cada uno de ellos, se ha constituido en las oleadas
sucesivas de incremento o crisis con respecto a los productos de
inserción al mercado.
Antes de los 70´s24, los grupos mestizos iniciaron una transformación
de los paisajes que se caracterizó por una gran inversión de energía,
tiempo y mano de obra. En los sectores que estaban más próximos
a la carretera (construidas únicamente hasta las cabeceras municipales)
la venta de maderas se constituyó en una actividad que permitió
financiar la instalación de fincas de producción pecuaria y agropecuaria.
Para los sectores más alejados de los ejes viales, la instalación
de fincas se constituyó en el factor primordial, mediante la liberación
de áreas boscosas para producción agropecuaria.
Antes de esta década, la economía a pesar de que cada vez más se
orientaba al mercado, continuaba abasteciendo básicamente a las
familias y especialmente a través del ganado y la panela se lograba
comercializar. En los 70´s la introducción de la motosierra genera
una dinámica socioeconómica distinta: en primer lugar llegan al
territorio un sinnúmero de gentes a extraer maderas, comercializar
y a "abrir" fincas. Los pobladores vivieron una bonanza
mediante al cual muchos pudieron irse a otros lugares o a la ciudad
y otros, lograron establecer en las zonas abiertas sistemas de producción
agropecuario. A finales de esta década, cuando casi todas las maderas
comerciales estaban agotadas en el territorio, el decaimiento de
la extracción implicó una crisis económica y social para la zona
que implicó el desmejoramiento de la calidad de vida. En la actualidad
la actividad permanece en zonas marginales, alejadas de las carreteras
y aumenta cuando la apertura de ejes viales facilita su extracción,
hasta agotar las maderas comerciales o convertirlas a carbón, liberando
áreas para producción agropecuaria. En la actualidad la zona donde
aun se conservan bosques está marcada por esta dinámica de extracción
por ser zonas lejanas a las carreteras. A medida que se abren claros
en el bosque se establecen sistemas de producción agropecuario y
pecuario.
En los 80´s el comercio en ascenso del lulo trajo a los productores
de la zona una nueva esperanza de acumulación y éxito comercial.
A medida que los buenos resultados se iban viendo entre los vecinos,
la gente sustituyó sus cultivos de maíz y fríjol, abrió nuevas áreas
a la producción y se generalizó el cultivo de lulo. Una nueva bonanza
llegó al territorio y con ella nuevos mecanismos de ascenso social
y de valoración económica y productiva de las fincas.
Pero esta bonanza duró pocos años pues un conjunto de plagas hizo
mella de las extensas áreas destinadas a este cultivo y vino una
quiebra generalizada para la gran mayoría de agricultores. Una vez
más la zona cayó en una profunda crisis socioeconómica y los niveles
de vida decayeron. Como en otras épocas, la caña se constituyó en
la única fuente segura y permanente de ingresos a lo largo del año,
a pesar de su baja rentabilidad.
A partir de 1995, los productores, asesorados por agricultores y
empresarios de otras regiones comenzaron de nuevo el cultivo del
lulo acompañado de un paquete tecnológico que implica un conjunto
de agroquímicos y fungicidas, siembra en "tierras" nuevas
donde supuestamente la plaga no está, es decir, aumento de la frontera
agrícola hacia zonas de rastrojos y bosques. Los resultados de esta
nueva oleada de vinculación a los mercados y ascenso económico social
aún son inciertos y predominan en la zona correspondiente básicamente
a la cuenca del Río Tatamá, uno de los principales afluentes del
San Juan.
El sector más cercano a los territorios de los indígenas está muy
marcada por la influencia de la ganadería que incluso desde los
50´s se viene practicando en la zona. El decaimiento de la productividad
en esta zona, las migraciones y las bajas oportunidades de vida
posibilitaron la acumulación de tierras en estas zonas. De esta
manera, uno de los factores que más incide en la diferenciación
socioeconómica por paisajes entre los grupos mestizos se constituye
en las relaciones históricas que han tenido con los mercados y la
influencia en la población y en las coberturas naturales que se
han generado.
3. CONCLUSIONES
La toma de decisiones económicas en el Alto San Juan esta entonces
mediada por una serie de criterios, cuya racionalidad se encuentra
inserta en un sinnúmero de variables. Esta toma de decisiones se
puede analizar en el contexto de tres unidades básicas de actuación:
la región, el territorio y el paisaje, además que en el contexto
cultural particular de cada uno de los grupos, de la siguiente manera:
Región: Se refiere a la unidad de análisis donde la estrategia que
adopta el grupo cultural (Emberas, negros o mestizos) en relación
con los demás con los que comparte la región natural, implica decisiones
económicas de actuación diferenciada frente a los recursos naturales
y los ideales de desarrollo. Es en el plano regional en que cada
uno de los grupos se adscribe a esferas mayores que los contienen
o, en otras palabras, es el marco en el cual se adscriben a la nación
y al Estado. En esta esfera las actuaciones económicas están mediadas
por la relación particular del grupo cultural frente a formaciones
sociales nacionales y frente a la acción modernizadora y globalizante
del Estado y sus agentes. La mirada en esta unidad permite entender
la lógica de la toma de decisiones de los grupos, los municipios
y las regiones frente a unidades mayores que las contienen y que
proponen (y tienen la maquinaria y el poder para ello) estrategias
económicas a la región.
Territorio: Corresponde a la esfera de actuación grupal, al ámbito
de la etnia, del grupo social. Es ahí donde se dan los procesos
de autorreconocimiento, donde a través de las relaciones sociales
y de las identidades culturales, se espacializan en un área formas
de acción y relación que están mediadas o determinadas por las construcciones
culturales específicas. En este sentido, entendemos el marco de
análisis del territorio como actuaciones económicas enmarcadas en
paradigmas culturales, que son distintos para negros, indígenas
y mestizos. Estos paradigmas de acción son construcciones muy complejas
tejidas desde tiempos inmemorables en muchos casos y que básicamente
se han constituido en valiosísimas estrategias adaptativas que proveen
de fórmulas y recetas de actuación económica a los individuos. El
relativo éxito de cada una de estas construcciones puede entenderse
desde la permanencia en la actualidad de diversidad cultural en
la zona.
Paisaje: Esta esfera de análisis es muy importante, porque a pesar
de lo que se suele pensar, los grupos culturales o en general las
sociedades no son composiciones homogéneas, sujetas a los mismos
problemas, historias y desenvolvimientos. En este sentido, la toma
de decisiones económicas en toda la región natural y para cada grupo,
esta determinada por una historia propia, unas limitantes y unas
potencialidades derivadas de su posición en el paisaje, de una relación
directa o indirecta con el Estado y sus agentes, los grupos con
los que conviven y de los recursos disponibles. Así, cada individuo
toma decisiones económicas no solamente en relación con un proyecto
global modernizante de la economía o bajo el sistema económico propuesto
desde la cultura, sino también de acuerdo con su posición socioeconómica
en su entorno cotidiano, con la presión de las relaciones sociales
efectivas de su vida diaria y, sobre todo, de acuerdo con las posibilidades
reales que como individuo o unidad de producción presenta frente
al abanico de alternativas posibles para él.
La forma de incluirse o marginarse a cada una de estas esferas de
actuación económica y social, esta dada básicamente por el sistema
de producción practicado por la unidad de producción. Este se constituye
en el principal aspecto formal indicador, dependiendo del grupo
que estemos hablando, de sus procesos de aculturación, mestizaje,
pérdida de la cultura o por el contrario de sus procesos de arraigo
cultural y territorial. Como cada uno de los sistemas de producción
tiene unas consecuencias ambientales específicas, de acuerdo con
la intensidad en el uso de los recursos naturales, la mano de obra
y los insumos, la practica de uno u otro sistema es también indicador,
en relación con un componente temporal, de los procesos degradativos
o de conservación de los recursos y del medio ambiente en general.
En la cuenca se pueden observar la coexistencia de varios sistemas
de producción/reproducción:
Indígenas:
-
* Sistema tradicional indígena (caza, pesca, recolección, policultivos)
-
* El mercado como estrategia productiva (empleo, parcela de monocultivos)
-
* Sistema agrícola con un componente pecuario (monocultivos, policultivo,
animales domésticos)
Negros:
-
* Sistema de producción tradicional (policultivos, minería artesanal,
caza, pesca y recolección)
-
* Sistema extractivista (explotación de palmas y otras maderas)
-
* El empleo como estrategia productiva (servicio doméstico, maestros
de escuela, jornaleo en minas y obras, sector informal de la economía)
-
* Sistema de producción agropecuario (monocultivos de chontaduro,
borojó y platano, ganadería vacuna)
Mestizos:
-
* Sistema agropecuario (monocultivos de caña, lulo y café, ganadería
vacuna)
-
* Sistema pecuario (ganadería extensiva para levante)
-
* Estrategia productiva monetaria (extracción de maderas, empleo
institucional, jornaleo)
En esta medida, la racionalidad económica que subyace a cada uno
de los sistemas de producción está dado entonces por un marco regional
donde el grupo, la unidad de producción y el individuo adoptan una
posición frente a las propuestas modernizantes y globalizadoras
que hacen parte de la dinámica nacional y mundial. Estas propuestas,
dependiendo del agente que propone (funcionarios públicos, iglesia,
opinión pública, sociedad hegemónica, etc.) pueden presionarse mediante
métodos sutiles, formales o agresivos para la adopción de formas
específicas de actuación económica.
Las formas de compensación o sanción frente a la adopción o no de
las propuestas modernizantes van desde diferentes niveles de segregación
racial y cultural, inclusión o exclusión en esferas de participación
y actuación ciudadana (espacios institucionales de toma de decisiones
en los diferentes niveles de conformación del Estado o espacios
de relación social como fiestas públicas, eventos sociales, etc.),
pasando por el acceso o la negación de la acción estatal expresada
en asesoría, fomento y donaciones por parte de las instituciones
para terminar en métodos de negación e invisibilidad social e individual
expresados en una total subvaloración de la diferencia cultural,
social y económica y su aporte e importancia, hasta llegar a la
imposición presionada y muchas veces forzada de nuevos marcos culturales
representativos de los ideales de nación, estos métodos se formalizan
principalmente a través de la educación y de la formación de nuevas
generaciones que realizan en la zona la iglesia y el Estado, para
ello, basta mirar la construcción curricular de todas y cada una
de las instituciones de educación para la zona aunque se denominen
propuestas étnicas.
En el marco del territorio, la racionalidad económica de los sistemas
de producción, está expresada por la construcción cultural específica
(indígena, negra o mestiza) y la importancia o dominancia, en términos
de la vigencia, que poseen las formas tradicionales de actuación
económica. Para ello, es necesario entender cual es la oferta ambiental
actual y sobre ese marco, explicar la posibilidad o imposibilidad
de actuar con base en este paradigma. También constituye parte de
la racionalidad de los sistemas económicos, la estrategia por medio
de la cual la cultura ordena, jerarquiza y clasifica la importancia
y relevancia de los elementos que intervienen en la producción:
recursos naturales, trabajo e insumos. A pesar que la presión a
la modernización haya sido eficiente y en consecuencia el grupo
o unidad de producción haya decidido incluirse en esos ámbitos de
actuación social y económica, la cultura continúa obrando como paradigma
para tratar de organizar, jerarquizar y clasificar la gama de recursos,
métodos y herramientas que intervienen en la producción, actuando
además en una catalogación de los óptimos de intensificación y utilización
de los medios de producción.
De esta manera, el sistema de producción expresa la especificidad
cultural y los indicadores de ello se constituyen en los niveles
de intensificación en la utilización de los insumos, las características
de las coberturas naturales o artificiales y la tecnología utilizada
en la producción.
La adscripción o negación de la identidad cultural propia, se constituye
también bajo esta unidad de análisis, en una poderosa forma de toma
de decisiones en la actuación económica específica. La identidad
propia y su negación o aceptación conllevan también consecuencias
sociales del individuo frente a su grupo de adscripción. Esto se
traduce en los niveles de participación en los beneficios que acarrean
los lazos de solidaridad y las obligaciones derivadas de la conformación
social de la cultura, mecanismos que en muchos casos garantizan
la supervivencia del individuo y la familia, tanto en su vida cotidiana
como en casos excepcionales de periodos económicos de especial dificultad.
Asimismo, la pérdida de estatus frente al grupo se convierte en
un mecanismo importante frente al cual se toman decisiones económicas
en los sistemas de producción.
A nivel de los paisajes, es donde los sistemas de producción adquieren
una dominancia y espacialización concreta, donde se sintetizan no
solamente las particularidades de la toma de decisiones económicas
derivadas de los procesos de inclusión, exclusión, marginamiento,
segregación o participación en esferas mayores que los contienen
(región y territorio), sino además donde se participa en la esfera
de lo cotidiano, lo inmediato. Aquí se expresa la historia propia,
la de los ecosistemas y la de la acción estatal a lo largo del tiempo
en un espacio dado. Aquí se da el núcleo central del proceso de
toma de decisiones económicas efectuado por cada una de las unidades
de producción.
De esta manera, la interacciones concretas derivadas de la posición
en el paisaje, tienen una implicación directa en la toma de decisiones
económicas y en la forma local de racionalidad que expresa el sistema
de producción practicado por la unidad de producción. Así, la posición
geográfica en el paisaje (oferta de RRNN), la relación de esa ubicación
frente a factores tan perturbadores como las carreteras y, en especial,
la Vía al Mar; la incidencia directa o indirecta a lo largo del
tiempo de las diferentes estaciones misioneras e iglesias, la afectación
directa o indirecta, continua o esporádica de los agentes económicos
y sociales del Estado, especialmente si se está nucleado o disperso;
la forma que asume la relación e interacción social y económica
dependiendo de cual es la composición socioeconómica y cultural
de los grupos con los cuales se convive: indígenas con o sin tierra,
ganaderos, colonos, grupos en expansión territorial, grandes propietarios,
centros urbanos, grupos de alta especialización tecnológica, aldeas
tradicionales, etc., todos ellos, son factores decisivos en la toma
de decisiones económicas en el marco de la unidad de producción.
Los indicadores a nivel de los paisajes de la racionalidad que subyace
a los sistemas de producción se constituyen en grados de influencia
de la vía (disposición de los asentamientos y los sistemas económicos
frente al eje vial), influencia de los grupos con los que conviven,
influencia de las misiones y el Estado, condiciones biofísicas,
diferencias culturales, etc. Todos ellos determinan no solo la disponibilidad
de la zona para la producción, sino además los grados específicos
de inserción a la economía de mercado, los procesos diferenciados
de aculturación, mestizaje y pérdida de la cultura, así como la
lógica de la inserción, exclusión, marginamiento o adscripción a
determinadas formas de actuación económica y social formalizadas
en el marco de la interacción cotidiana, es decir la escogencia
específica de un sistema de producción que exprese su historia y
aspiraciones determinadas.
NOTAS
1 Este trabajo hace parte de la investigación: Paisaje, territorio
y región, aportes a la construcción de una política económica para
el Alto San Juan. Tesis de grado presentada para optar por el titulo
de Magister en Desarrollo Sostenible de Sistemas Agrarios, Pontificia
Universidad Javeriana, Bogotá, 1998.
2 CHEC. Datos pluviométricos de diferentes estaciones ubicadas en
el alto San Juan.
3 Barth, F. Pg.42
4 Idem.
5 Idem.
6 Ibid.
7 Geertz, Clifford. La interpretación de las culturas. Editorial
Gedisa, Barcelona, 1989.
8 Geertz, Clifford. La interpretación de las culturas. Editorial
Gedisa, Barcelona, 1989. Pg. 133.
9 García Canclini, Nestor. Consumidores y ciudadanos, conflictos
multiculturales de la globalización. Editorial Grijalbo, México,
1995. Pgs. 170-171.
10 Historia relatada por Candelaria Maturana, líder comunitaria.
Santa Cecilia, Noviembre de 1994.
11 EIDHEIM, Harald. Cuando la identidad étnica es un estigma social.
En: Barth, F. (Compilador). Los grupos étnicos y sus fronteras,
la organización social de las diferencias culturales. Fondo de Cultura
Económica, México, 1976.
12 Barth, Fredrik. Introducción. En: Barth, F. (Compilador). Los
grupos étnicos y sus fronteras, la organización social de las diferencias
culturales. Fondo de Cultura Económica, México, 1976. Pg. 31.
13 García Canclini, Nestor. Culturas híbridas. Estrategias para
entrar y salir de la modernidad. Editorial Grijalbo, México, 1990.
Pg.71.
14 García Canclini, Nestor. Consumidores y ciudadanos, conflictos
multiculturales de la globalización. Editorial Grijalbo, México,
1995. Pgs. 153-154.
15 García Canclini, Nestor. Consumidores y ciudadanos, conflictos
multiculturales de la globalización. Editorial Grijalbo, México,
1995. Pg. 179.
16 Barth, F. Pg. 41.
17 García Canclini, Nestor. Consumidores y ciudadanos, conflictos
multiculturales de la globalización. Editorial Grijalbo, México,
1995. Pg. 114.
18 El Jaibanismo es una practica médica entre los Embera, basada
en la actuación del Shaman o Jaibaná poseedor de espíritus que actúan
a su favor y conocedor del poder curativo de las plantas.
19 Numerosos testimonios recogidos entre lideres, profesores y Jaibanás
indígenas.
20 Que comunica al interior del país con la Costa Pacífica
21 Importantes asentamientos del Pacífico
22 Segunda y tercera ciudades en importancia nacional respectivamente
23 Zonas boscosas que se respetaban en las fincas y servían para
extraer un sinnúmero de productos del bosque.
24 Testimonios recogidos en los talleres de Diagnóstico Rural Participativo
con grupos mestizos, Carder, 1996 - 1997.
CUADROS
cuadro 1
cuadro 2
cuadro 3
1er Congreso Virtual de Antropología y Arqueología
Ciberespacio, Octubre de 1998
Organiza: Equipo NAyA - info@naya.org.ar
http://www.naya.org.ar/congreso
Auspicia:
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