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UBACYT Fi nº 159.
Esta ponencia está dedicada a dos compañeros
entrañables trágicamente desaparecidos, víctimas de una violencia
veloz, inexplicable y siempre impune: a Liliana "La Negra"
Guzmán, querida compañera, amiga del alma, (muerta en el accidente
de Austral el 10 de Octubre de 1997) y a Santiago Wallace, nuestro
maestro y amigo, quien fuera el alma mater de este proyecto de
Ubacyt, (murió atropellado por un conductor ebrio de asesina velocidad
junto a su esposa el 26 de Marzo de 1998 en Mar del Plata).
A ellos dos queremos dedicarle este espacio pleno de sus palabras
e ideas.
Con todo nuestro amor hacia ellos:
Sus compañeros
Ubacyt Fi 159.
VIH-SIDA y DROGAS. Representaciones y
prácticas de profesionales de salud, y usuarios y ex usuarios
de drogas inyectables.
Santiago Wallace. Sección Antropología Social.
Instituto de Ciencias Antropológicas. Facultad de Filosofía y
Letras (UBA).
RESUMEN:
El propósito de esta investigación es
estudiar las dimensiones sociales del complejo VIH-SIDA en relación
al uso de drogas inyectables, mediante la descripción y análisis
de representaciones y prácticas de diferentes actores sociales
y de distintas formas de control social, normalización y normatización,
que afectan las condiciones de vida de los sujetos involucrados.
Se implementarán dos líneas de investigación:
1) profesionales de salud; 2) usuarios y ex usuarios de drogas
inyectables.
En función de dichas líneas, los objetivos
generales son: a) describir y analizar las representaciones y
prácticas en torno del complejo VIH-SIDA en profesionales de la
salud, ligados a la atención de jóvenes y adultos de ambos sexos
usuarios y ex usuarios de drogas inyectables en hospitales públicos
(zona sur de Capital Federal y Gran Buenos Aires); b) describir
y analizar las representaciones asociadas al consumo de drogas
inyectables en relación al complejo VIH-SIDA, en sectores de población
joven y adulta, usuarios y ex usuarios de drogas, en la misma
zona.
Se empleará una metodología cualitativa
con técnicas de abordaje antropológico: observación con participación,
entrevistas estructuradas y semiestructuradas, registros visuales
y audiovisuales.
ABSTRACT: (Inglés)
HIV-AIDS and DRUGS. Representations and practices of health
professionals and injecting drug users and ex users. Santiago
Wallace. Office of Social Anthropology. Institute of Anthropological
Sciences. College of Philosophy. University of Buenos Aires.
The purpose of this investigation is to study the social
dimensions of the HIV-AIDS complex in relation to the use of injecting
drugs, through the description and analysis of the representations
and practices of the different social actors, the ways of social
control, normalization and normatization, which affect the life
condictions of the individuals involved.
The investigation is focused on two subjects: 1. Health
proffesionals; 2. Injecting drug users and ex-users.
The general objectives are: a) to describe and analyse
the representations and practices in relation to the HIV-AIDS
complex in health proffesionals working in public hospitals (south
of the Capital City and Province of Buenos Aires) with young peoplle
and adults of both sexs who are injecting drug users and ex-users;
b) to describe and analyse the representations associated with
the use of injecting drugs in relation to the HIV-AIDS complex
in sectors of young and adult population, drug users and ex-users,
within the same area.
A cualitative methodology with an antthropological approach
is applied: participation, structured and non-pstructured interviews,
visual and audio-visual record.
PONENCIA
TITULO: VIH-SIDA y DROGAS. Representaciones
y prácticas de profesionales de salud, y usuarios y ex usuarios
de drogas inyectables. Santiago Wallace. Sección Antropología
Social. Instituto de Ciencias Antropológicas. Facultad de Filosofía
y Letras (UBA).
PROYECTO
Presentación
El trabajo que presentamos aqui es una
sintesis de un proyecto de investigacion aprobado y financiado
por la programacion UBACyT 98-2000 que moviliza a un grupo de
trabajo recientemente conformado. Por esta razón no presentaremos
resultados puesto que la investigación está recién comenzando
a marchar, y en medio de dificultades de orden burocrático aún
no resueltas. Es nuestra intención que sea considerada como una
especie de presentación y apertura al intercambio con otros grupos/investigadores
interesados en la temática. No será entonces una ponencia clásica
ya que mantendremos básicamente el formato del proyecto, esperando
presentar en breve los primeros adelantos de la investigación.
El propósito de la investigación es estudiar
las dimensiones sociales del complejo VIH-SIDA en relación al
uso de drogas inyectables, mediante la descripción y análisis
de representaciones y prácticas de diferentes actores sociales
y de distintas formas de control social, normalización y normatización,
que afectan las condiciones de vida de los sujetos involucrados.
Se implementarán dos líneas de investigación:
1) profesionales de salud; 2) usuarios y ex usuarios de drogas
inyectables.
En función de dichas líneas, los objetivos
generales son: a) describir y analizar las representaciones y
prácticas en torno del complejo VIH-SIDA en profesionales de la
salud, ligados a la atención de jóvenes y adultos de ambos sexos
usuarios y ex usuarios de drogas inyectables en hospitales públicos
(zona sur de Capital Federal y Gran Buenos Aires); b) describir
y analizar las representaciones asociadas al consumo de drogas
inyectables en relación al complejo VIH-SIDA, en sectores de población
joven y adulta, usuarios y ex usuarios de drogas, en la misma
zona.
Hipótesis Principales
1- La construcción biomédica del complejo
VIH-SIDA sostenida en el enfoque de "riesgo" reproduce
y refuerza procesos estigmatizantes y discriminadores previos
que tienden a diferenciar, clasificar e intensificar el control
social fundamentalmente sobre sectores de población con problemas
con las drogas.
2- Las representaciones de los usuarios
y ex usuarios de drogas inyectables acerca del HIV SIDA actualizan
de manera tensa, conflictiva y contradictoria el enfoque biomédico
de la enfermedad como hecho individual y biológico.
Metodología.
Desde la perspectiva antropológica nos
referimos a la aplicación de un enfoque holístico -propio, aunque
no exclusivamente antropológico- que implica abordar y analizar
globalmente los problemas, contextuadamente a distintos niveles
de la realidad y a través de las distintas articulaciones entre
esos niveles. La etnografía como metodología de acercamiento a
la realidad que supone interacción continuada e intensa con el
grupo estudiado en su propio ambiente sociocultural, permite acceder
de modo inmediato a los datos de la realidad a nivel microsocial.
Si está guiada por un marco teórico consistente, permite contrastar
los datos y explicaciones previas de los niveles progresivamente
más macro, al mismo tiempo que este ejercicio de ida y vuelta
entre los niveles posibilita, otorgar ciertos significados a los
datos micro que, en bruto, pueden resultar a veces opacos o engañosos
para el investigador.
Respecto de la elección de las unidades
de observación orientará nuestra perspectiva un criterio de construción
de una muestra estructuralmente pertinente (y no estadísticamente
significativa). Nuestra preocupación estará centrada en el sentido
cualitativo (calidad, sentido, significación y pertinencia) de
los datos obtenidos a fin de producir interpretaciones acerca
de los problemas planteados. De acuerdo con ello se implemetarán
técnicas cualitativas tales como: observación y registro, entrevistas
semi-estructuradas y entrevistas abiertas, y registros visuales
(fotografía y video).
REFERENCIAS CONCEPTUALES
Nuestros puntos de partida teóricos se entroncan con enfoques
y aproximaciones que en nuestros días tienen plena vigencia en
el entramado de sectores que intervienen en el campo de las drogadependencias.
De este modo, si pretendemos entender algo de la vida
de un individuo drogadependiente, es necesario que produzcamos
un acercamiento que incluya no solamente el devenir de su vida
cotidiana en el medio en el que tiene lugar, sino y fundamentalmente,
al conjunto de percepciones, saberes, significaciones, categorizaciones,
racionalizaciones, etc por las que irá otorgando determinados
significados a su trayectoria de vida y a la sociedad en la que
discurre, a sus proyecciones hacia el futuro, etc.
Sabido es que por una serie de constataciones históricas
y etnográficas las distintas sociedades han conocido y usado para
distintos fines, individuales o colectivos y desde sus más tempranas
épocas distintos productos a fin de alterar sus estados de ánimo,
para estimularse, sedarse, etc para con fines religiosos, políticos,
culturales. Estos productos son los que hemos unificado bajo el
concepto drogas y que podríamos definir como "sustancias
químicas caracterizadas por una serie de propiedades básicamente
de tipo psicotrópico, cuyas consecuencias y funciones operan sobretodo
a partir de las definiciones sociales, económicas y culturales
que generan los conjuntos sociales que las utilizan.
El uso de drogas constituye una práctica universal que
se puede relacionar con múltiples aspectos de la vida cotidiana
de las sociedades. Entre ellos cabe señalar a los fines que nos
interesan aquí, el de la automedicación en el contexto de la autoatención
(en algunos contextos autocuidados) en salud en tanto ambos constituyen
también fenómenos estructurales y universales de las conductas
humanas. Podemos hablar de ella en tres niveles: la autoatención
(universal) donde se implican el sujeto afectado y su grupo primario;
un segundo (no universal) que implica a a los "especialistas"
sean curanderos, chamanes o médicos y un tercero (tampoco universal)
que supone la existencia de instituciones más o menos especializadas,
trátese de ambulatorios, hospitales o santuarios. En cada uno
por separado pero fundamentalmente en sus intrincadas articulaciones
es posible hallar lo que se conoce por prácticas e ideologías
asistenciales, o sea, un conjunto de "
secuencias de
acción, de prácticas empíricas, rituales, etc. que están contextuadas
en un tipo u otro de organización social y económica, y se relacionan
con las ideas sobre el mundo y la sociedad presentes en ellas"(Romaní,
O.; 1997: 2).
El otro fenómeno asociado, como planteamos, es el de la
automedicación con caracteres específicos y claramente
delimitados históricamente, y que supone el tratamiento autónomo
a base de emplastos, yerbas, distintas medicinas (entre ellas
los fármacos) ubicables en cualquier sociedad.
Drogas y drogadependencias.
Las drogas han sido y continúan siendo en muchas sociedades
componentes importantes de los procesos de automedicación y autoatención,
sea como remedios empíricos, como eficacia simbólica (en el contexto
de variados rituales sociales) o como las dos al mismo tiempo.
Y, por lo que nos interesa, en nuestras propias sociedades en
que "el problema de la droga" y, por ende, "la
droga" como tal ha adquirido una entidad muy visible y específica,
desconocida con anterioridad y que no se asocia sistemáticamente
con los procesos expuestos, es posible encontrarnos con consumos
de drogas que, efectivamente, responden a la función de automedicación.
En nuestras sociedades contemporáneas ha aparecido un
fenómeno desconocido anteriormente que aunque pueda ser incluido
como parte de un campo más vasto como el de las adicciones posee
caracteres específicos. Nos referimos a la "drogadependencia"
la que podría ser definida como un conjunto de procesos en los
que interactúan un sujeto, una sustancia (o más) y su contexto
sociocultural de un modo complejo.
Desde perspectivas psicoanalíticas como conductistas,
se concluye que los efectos psíquicos, las alteraciones comportamentales
que pueden observarse en la interacción sujeto-droga, dependen
centralmente del complejo sociocultural más que de las propiedadaes
farmacológicas del producto. En este sentido, desde la Antropología
podríamos estar en condiciones de comenzar a resolver dos cuestiones
importantes: 1) investigar cómo se produce este fenómeno de determinación
sociocultural y, 2) intentar el análisis acerca de la posibilidad
de aislar los componentes culturales en los efectos de las drogas
para llegar a determinar si existe un comportamiento inducido
puramente por lo químico.
La cuestión de la eficacia simbólica (Lévi-Strauss, C.;
1968: 168-185) resulta atinente alrededor de los problemas planteados.
Los símbolos son eficaces utilizados convenientemente y su eficacia
alcanza sus mayores potencialidades para los casos de enfermedades
vinculadas con comportamientos expresivos. El uso de drogas (aunque
también instrumental) es básicamente una conducta expresiva. Cuando
alguien consume una droga tiene determinadas expectativas en relación
a sus posibles efectos. ¿Hasta qué punto los efectos que atribuimos
a las drogas actualmente son consecuencia de expectativas culturales
y hasta que punto lo son de sus propiedades químicas?.
En relación a todos estos planteos, nos preocupan ciertas
cuestiones que - como consecuencia de cierto consenso acerca de
los tres factores implicados en el uso de drogas - podemos redefinir
en términos operativos poniendo algunas distancias con las construcciones
teóricas hegemónicas. Por ejemplo, el concepto de dependencia
correlacionándolo con un cierto estilo de vida para subrayar que
no hablamos de un efecto farmacológico sino de un proceso sociocultural
donde deben considerarse las relaciones sociales del sujeto drogadependiente,
el sí mismo, el peso de las expectativas culturales, la construcción
de la identidad, las distintas instancias de interacción.
Construcción histórico social de las "drogadependencias"
Como fenómeno de importancia social, las drogadependencias
aparecen de forma característica en las sociedades urbano-industriales
contemporáneas.
Las condiciones que han permitido la emergencia de las
drogadependencias como un problema social son procesos de largo
tiempo que comienzan por manifestarse en Inglaterra a fines del
siglo XVIII y que continúan hasta nuestros días.
En términos socioeconómicos, la expansión del mercado
internacional y la Revolución Industrial constituyen elementos
decisivos de estos procesos. La circulación de mercancías como
dato clave del nuevo sistema económico que apareja la transformación
progresiva de productos, actividades, incluye también a las drogas,
cuya expansión responderá entonces a una lógica de mercado en
concordancia con este nuevo sistema. Respecto de las industrias
químico-farmacéuticas, la Revolución Industrial aparejará cambios
importantes: síntesis y serialización de sustancias naturales,
estabilizadores de ellas, creación de nuevas drogas, (entre otros)
y la magnitud en el desarrollo de los transportes y las comunicaciones
que facilitarán el acceso a cualquier producto y a determinado
consumo de los mismos, ya que no sólo se comunica el producto
sino que, además, se comunican noticias, conocimientos, estereotipos,
junto con él.
En términos socioculturales aparecen nuevas condiciones
de vida en las ciudades que modelan desde las relaciones de parentesco
y vecindad hasta la división de roles, ritmos de la vida social,
cambios culturales en la percepción del tiempo, el espacio, etc.
Además, es necesario considerar el desarrollo del proceso
de medicalización que, basado en el Modelo Médico Hegemónico,
incorpora conflictos sociopersonales a la órbita de un abordaje
centrado en el biologismo, la ahistoricidad y el individualismo,
transformándolos en problemas médicos (la hiperkinesis, la obesidad,
el tabaquismo, el alcoholismo, la drogadicción
). Desde la
mitad del siglo XIX, los avances en microbiología inducen a las
corporaciones médicas a secundarizar la tradición higienista de
la medicina culta occidental y ofrecer al Estado un sistema con
bases en la eficacia (técnica y simbólica) que le garantizará
una apropiación casi monopólica del campo de la salud/enfermedad
no conocido antes.
La eficacia simbólica adosada a la "receta"
se afianza posteriormente tanto simbólica como técnicamente con
el desarrollo del modelo hospitalario, organizado en torno de
la utilización de distintas tecnologías, entre las que el medicamento
tiene un papel estratégico.
Modelos conceptuales dominantes sobre "drogas"
El concepto estigmatizante de "droga" tiene
origen en los Estados Unidos a fines del siglo XIX y comienzos
del XX como consecuencia del control del opio en Filipinas y también
en los años de la Primera Guerra Mundial en Europa.
De éste contexto surge un modelo, conocido como modelo
jurídico-represivo, que asigna a la sustancia un papel protagónico,
en la que ésta es pensada como un sujeto activo. Todo lo que se
relaciona con "la droga" se trata como delito, lo que
genera, además de la estigmatización-victimización-criminalización
del consumidor, la creación de un mercado negro en crecimiento
constante desde la mafia americana a las redes ilegales de producción-comercialización
que conocemos como "narcotráfico" con sus consabidas
secuelas.
Se construirá, en definitiva, un poderoso sistema de control
social formal e informal que se sostiene en la figura del "drogadicto"
como chivo expiatorio.
En los años veinte, Lewin elaborará sus trabajos que servirán
de base para el desarrollo del modelo médico-sanitarista donde
el lugar del drogadicto-delincuente será ocupado por el de drogadicto-enfermo,
en este caso el drogadependiente mediante el diagnóstico y prescripción,
desintoxicación, rehabilitación, reinserción social y en multiplicidad
de ocasiones como manera particular de ésta, quedará fijado en
el rol social del ex-adicto.
Si bien ambos modelos suelen presentarse como alternativos
fundamentalmente por quienes sostienen el segundo, sus articulaciones
en los distintos contextos socioculturales son las que, en realidad,
definen las ideologías y prácticas dominantes hoy en el campo
de las drogas.
El tercer modelo, de vasta influencia y articulado a los
anteriores es el modelo sociocultural. En este modelo el énfasis
está puesto en el contexto, por lo tanto se afirma que las variables
determinantes serán las socioculturales, en la medida en que son
las que condicionarán una determinada construcción del sujeto,
unas determinadas expectativas sobre el significado de sus acciones,
unas determinadas presentaciones materiales de las sustancias,
determinadas vías de ingesta, otras determinadas técnicas de uso,
dosis, etc.
Este enfoque, donde el eje analítico se sitúa en el contexto,
se desarrolló fundamentalmente a partir de estudios etnográficos
y antropológicos en las décadas del cincuenta y sesenta en distintas
sociedades. En ellas era dable observar cómo lo que nosotros actualmente
llamamos drogas constituían elementos más o menos integrados en
los sistemas socioculturales en estudio, desde dónde se determinaba
quienes podían ingerir la/s droga/s de que se tratase, en qué
momentos, de qué modo (técnicas de uso, dosis, etc) lo cual revierte
directamente sobre los efectos, además de las expectativas y significados
que tenía el hacer/dejar de hacer tanto una cosa como la otra.
VIH - SIDA y Drogas. Un par inquietante.
Partiendo de considerar que el par SIDA-drogas se ha tomado
como un síntoma de "crisis de civilización" desde el
sentido común, podemos plantear que su construcción social se
encontraba ya elaborada desde el paradigma dominante a través
del cual se había creado "el problema de la droga",
razón por la que la aparición del SIDA no ha hecho más que reforzar
y reactualizar la estigmatización/discriminación de ciertos grupos
sociales asociados a estos fenómenos. La política claramente prohibicionista
del paradigma dominante mencionado ha sido puesta en tela de juicio
a partir de la evidencia de que la "propagación" del
SIDA entre consumidores de drogas debe ser correlacionada con
la forma concreta de incardinación de las drogas en nuestra sociedad.
SIDA-drogas constituyen un par de conceptos que condensan
simbólicamente un conjunto de miedos, incertidumbres, prejuicios,
ansiedades y angustias que -entre otros- definirían significativamente
este fin de milenio. Los años ochenta quedarán marcados, entre
otros, con la dominancia del "problema droga" y la sobreposición
del fenómeno SIDA. Y ello ocurre muy a pesar de que tanto uno
como otro afecten a un número limitado de personas. Sin embargo,
sabemos que la definición de un problema social tiene -muchas
veces- poco que ver con el índice "objetivo" de peligrosidad
factible de ser relacionado con él, sino más bien con la selección
arbitraria de determinados rasgos que son atribuidos a ciertos
sectores de la población, con la creación concomitante de ciertas
imágenes culturales (fundamentalmente estereotipos) sobre ellos3.
Esto permitiría diferenciar, clasificar e intensificar el control
social sobre determinados conjuntos sociales que, por distintos
motivos, se muestran menos decididos a aceptar el consenso social
básico, resultando aislados de la posibilidad de interacción social
más "normalizada" con el resto de la población. El surgimiento
del problema SIDA se enmarca entonces, en un principio, en el
mismo modelo dominante que sirvió para definir el "problema
de la droga" haciendo evidentes algunas de las contradicciones
de dicho modelo, dinamizando así la necesidad de su replanteamiento.
De esta manera muchas de las imágenes culturales dominantes
sobre el SIDA y los "sidosos" tienen un antecedente
evidente en el paradigma de "la droga" y el "drogadicto".
En función de un conjunto de circunstancias históricas, analizadas,
entre otros por Escohotado (1989), durante el primer tercio del
siglo XX se sientan las bases del "complejo cultural"
contemporáneo de las drogas, o sea, el conjunto de creencias,
mitos, fantasías, valores y normas, conductas, hábitos y técnicas
de uso, estereotipos, estéticas etc que, asociados a ciertos productos,
les otorgan un sentido unificándolos bajo una misma etiqueta,
la de "droga" y explican así lo que ella es. Un mecanismo
básico para la construcción de este complejo será la criminalización
de determinadas sustancias y de sus usuarios, que, a pesar de
sus disimilitudes serán presentados con la característica común
de facilitar un salto directo (o sea sin justificación social
relevante) a estados tan placenteros cuanto percibidos como peligrosos,
porque el sólo contacto con esos "paraisos artificiales"
tendrá efectos destructivos, tanto sobre la persona que a ellos
se acerca como sobre los conjuntos sociales. Así, el objeto prohibido
se magnifica, se lo reviste de una potencia mágica tal que termina
paradójicamente situado "más allá de las leyes de los hombres"
permitiendo justificar acciones y políticas que se realicen invocándola.
Las racionalizaciones de este modelo esquemáticamente presentado
son, en un principio religiosas, morales, sociopolíticas. La sobreimposición
del la medicalización del problema (Lewin), ofrecerá mecanismos
de gestión de este conflicto y un discurso muy eficaz para nuestras
sociedades como lo fueron las racionalizaciones de conflictos
estructuralmente semejantes como el florecimiento de las herejías
en la Baja Edad Media o la caza de brujas en el Renacimiento Europeo.
Sintetizando, entonces este modelo se conforma de los
siguientes elementos: problematización de ciertas conductas
reconvertidas en no normativas, percibidas con una ambivalente
carga de atracción-contaminación (la experimentación y placer
directo) - riesgos que entraña, alarma social- estigmatización,
por ende, factor de identificación (negativo/positivo)-
marginalización, aumento de conflictos y riesgos- y
castigo adecuado. Este esquemático modelo de control social
que el "problema de la droga" ha contribuido a perfeccionar
es el terreno de juego previo en el que el SIDA ha aparecido y,
como otros conflictos sociomorales, ha venido a confirmar, fundamentalmente
en relación a ciertos comportamientos sexuales, lo que para el
caso de "la droga" estaba claro: el final del círculo,
es decir el castigo.
Sin embargo, las racionalizaciones dominantes y las conceptualizaciones
que utilizamos para referirnos a los problemas de salud/enfermedad/atención,
responden a modelos de gestión de los riesgos bastante más sofisticados
en relación al ejercicio del control (efectos de dominación/sujeción)
(Castel, R.; 1984). La constante medicalización de cada vez más
amplias áreas de la vida social y la diversificación de formas
de control y asistencia se desarrollan a través de ópticas técnicas
y administrativas que aparecen como neutras y que permiten establecer
en muchos casos, indicadores de riesgo útiles a los fines de "clasificar",
"prevenir", etc. Así, el SIDA fue asociado a determinados
grupos de riesgo, uno de los cuales son los conocidos como ADVP
(adictos a drogas por vía parenteral). En esta construcción queda
claro la arbitrariedad de los indicadores de riesgo. Ser un ADVP
no implica la pertenencia a un grupo de riesgo de por sí, el único
rasgo que introduciría la probabilidad de "riesgo" está
constituído por la práctica de compartir jeringas y no por la
de consumir drogas vía endovenosa.
En relación a esto, un primer elemento importante a ser
señalado es la falacia ideológica en la presentación de este tema.
La frecuencia de aparición de infección por VIH o SIDA no está
relacionada con las drogas en general. Ni siquiera tampoco con
una vía de administración, la parenteral en abstracto. Sino que
resulta bastante claro que debe relacionársela con la generalizada
ausencia de medidas profilácticas en su administración.
La alarma social que agrega el SIDA ha llevado a los más
fervientes defensores del prohibicionismo a una especie de paroxismo
proponiendo "más de lo mismo" aunque aderezándolo con
medidas sanitarias y preventivas. Sin embargo, ante modelos de
asistencia médico-social a los consumidores de drogas incluidas
a pesar de sus variaciones cosméticas en el modelo jurídico-represivo
derivado del prohibicionismo y de los que surgen programas que
sólo plantean que la única opción es "dejar la droga",
un efecto no buscado con la aparición del SIDA ha sido cierto
replanteamiento de esta opción única, dinamizando y profundizando
las discusiones y debates que permitan avanzar en una manera de
gestionar el problema hacia el logro de objetivos sanitarios concretos.
Una de ellas, la reducción de daños (conocida también
como limitación de daños, reducción de riesgo o minimización de
los daños), constituye una estrategia cuyo discurso preventivo
se asienta en la recomendación del uso del preservativo y el empleo
exclusivamente personal ( o sea, no compartido) de los equipos
de inyección para el caso de consumidores de drogas inyectables.
El concepto de reducción de daños comenzó a utilizarse
a finales de 1980 en respuesta a dos factores de presión. El primero,
justamente, el problema de la infección por VIH entre usuarios
de drogas por vía parenteral y el segundo, la casi seguridad de
que las estrategias abstencionistas no mejoraban el problema.
Muchos de los programas de reducción de daños han fundado sus
resultados en estudios etnográficos previos que hallaron, en algunos
casos, preocupaciones entre población usuaria de drogas sobre
su potencial exposición al VIH y cooperación en la búsqueda de
información e involucramiento voluntario en el estudio, en otros
los usuarios entrevistados requerían información vinculada a SIDA,
preocupación común tanto de sujetos seropositivos, seronegativos
o de serología incierta.
De todos modos, hay una creencia fuerte en que los programas
de reducción del daño estimulan el consumo de drogas en tanto
parecen una especie de justificación de ese consumo. Sin embargo
esto no deja de ser una creencia, pues las evidencias de la aplicación
de estos programas en países europeos va en el sentido contrario.
En nuestro país (obvio también en otros) la percepción
social dominante que de muchos modos define las respuestas institucionales
y la actitud social ante los usuarios de drogas, está condicionada
por el marco legal vigente en materia de "estupefacientes"
(Ley 23.737) que penaliza su tenencia aun en el caso de consumo
personal. Esta ley prevé la pena de privación de la libertad y
medidas de seguridad educativas y curativas. La persona detenida
por tenencia de drogas para consumo personal, deberá entonces
optar entre cárcel o tratamiento. Así, se obstaculizan los accesos
espontáneos de población con problemas con las drogas a los servicios
de salud pues suele instalarse el temor de ser identificados cuando
lo hacen.
Por último en relación a programas preventivos que incluyan
la distribución gratuita de preservativos se han suscitado diversas
polémicas no resueltas aunque respecto de programas que incluyan
el recambio de jeringas el debate casi no ha comenzado.
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Una mirada desde los ´riesgos´. En: Pozzi, P, Berrotarán,
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1955-1989. Ediciones Letra Buena, Buenos Aires, 1994.
Wallace, S. Tras las huellas de cien años:
la cerveza y los trabajadores cerveceros. En: Cuadernos
de Antropología Social, Nº 5, Año 1991, pp. 79-103. Instituto
de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras (UBA).
Whyte, W.F.; Learning from the
Field. Sage, London, 1984.
1er Congreso Virtual de Antropología y Arqueología
Ciberespacio, Octubre de 1998
Organiza: Equipo NAyA - info@naya.org.ar
http://www.naya.org.ar/congreso
Auspicia:
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