LA CIUDAD TOMADA
Escrito por Nelson Martínez Espinoza*
Con la colaboración de Marcelo Alvarez Ascarrunz
¿Quiénes habitan la ciudad de La Paz?, ¿Por qué ésta ciudad se
debate entre la tradición y la modernidad? y ¿cómo usan los paceños
la ciudad?
Esta urbe andina de un millón y medio de habitantes, se destaca
por ser cosmopolita, donde los migrantes aymaras conforman la mayor
parte de la población. La imagen de La Paz es aquélla que muestra
distintos rostros, esos que hacen a su diversidad cultural. Una
imagen saturada de gente que no sólo transita de un lugar a otro
sino que vive la ciudad intensamente.
En su interior están presentes varias ciudades imaginadas donde
sobreviven tradiciones indígenas, mezcladas con las prácticas de
la sociedad de consumo. Sus altos edificios y automóviles lujosos
son imágenes que se contraponen a la calle de las Brujas y a los
Tambos de la Calle Sagárnaga.
Al margen de su topografía accidentada, una de sus características
es que oscila entre el conflicto social, la cotidianidad y
la fiesta. A través de estos tres elementos es posible interpretar
cómo los habitantes usan la ciudad.
LA PROTESTA Y EL CHOQUE DE MIRADAS
Desde la revolución de 1952 cuando el país ingresó en un proceso
de modernización y dejó de lado el Estado feudal, los movimientos
sociales han ocupado las principales calles de la ciudad, en actitud
de protesta por las condiciones de pobreza e injusticia social,
las que perduran en la actualidad.
Al ser un enclave nacional por su condición de sede de gobierno,
la convulsión social ha marcado a la ciudad como el escenario principal
de la protesta política. Sobre sus principales calles y avenidas
se realizan, varias veces al año: mítines, paro de actividades,
bloqueos y marchas protagonizados por maestros, trabajadores, comerciantes
minoristas, universitarios, indígenas y campesinos.
La avenida Mariscal Andrés de Santa Cruz, principal arteria que
divide en dos a la ciudad, es el eje troncal donde frecuentemente
se efectúan marchas de numerosas personas en actitud de disconformidad
con los gobiernos de turno, cantando estribillos contra la clase
política, coreando vivas a sus organizaciones sindicales
y mueran a los políticos como a las leyes que en los últimos
años propiciaron la estabilización económica de la nación y al mismo
tiempo, son responsables de la caída del nivel adquisitivo de los
salarios.
Estas acciones que consisten en interrumpir el libre flujo vehicular,
se han vuelto muy comunes para el conjunto de la ciudadanía y aún
así no dejan de provocar controversia entre los que aprueban y rechazan
esta situación, mientras las autoridades de la ciudad no encuentran
la solución para hacer frente a los problemas del estado.
La ocupación del espacio público es, de forma expresa, una estrategia
discursiva utilizada por las organizaciones gremiales y sindicales
de todos los sectores de la población.
La protesta en las calles consiste en hacer evidente la disconformidad
y el desencanto, entorpeciendo el libre transito de vehículos y
provocando el caos y el descontento de la ciudadanía. Esta expresión
callejera produce la imagen de una ciudad convulsionada, ambiente
en el que se propicia un juego de miradas, de aquellos que toman
la calles y de quienes son espectadores casuales del hecho. En el
cruce de miradas se produce una relación dinámica de puntos de vista
ciudadanos, en los que se marcan claramente los roles que cada actor
tiene en esta escena. Para cada actor (marchista y transeúnte) subyace
un relato manifiesto: por un lado están los que demandan mejores
condiciones de vida y por el otro los ciudadanos que ven entorpecidas
sus actividades cotidianas.
La protesta callejera al ser atravesada por los medios masivos
de comunicación, produce un imaginario donde la ciudad es escenario
del conflicto.
Es evidente que los paceños, ven a ésta ciudad como la representación
misma del Estado o del país, el discurso informativo de los medios
de comunicación nos predispone a esta imagen y no permiten ver a
la ciudad por fuera de su rol de sede de gobierno.
Esta situación, en la cual la idea generalizada de la población
sobre su ciudad se relaciona con la convulsión social expresada
en las calles, ha generado un sentimiento de malestar en buena parte
de la población, el descontento es creciente reflejándose en la
percepción de una ciudad que los paceños califican como "cansada".
LA VIDA DIARIA EN LA CIUDAD
La Cotidianidad en La Paz se caracteriza por una febril actividad
comercial en las calles, en ellas más de 100 mil comerciantes minoristas
ocupan de forma pacífica y sistemática, las veredas de la zonas
centrales y calles adyacentes para sobrevivir a la desocupación.
La mayor parte de ellos, son hijos de migrantes aymaras que fueron
expulsados de sus tierras por la pobreza y provienen de distintas
regiones, especialmente, de la zona Andina del país. El rostro del
ciudadano común es de color cobrizo, que expresa la herencia aymara
y quechua, dos de las culturas sobrevivientes a la colonización
española.
La venta callejera en la zona central provoca la sensación de estar
en medio de un gran mercado. Según el punto de vista de los comerciantes,
la calle es además de un lugar de comercio, un lugar de encuentro
y contacto con sus relaciones sociales. Su puesto de venta es también
el hábitat de su familia.
El movimiento masivo de gente, la concentración del comercio informal
y la abundante cantidad de automóviles en las pequeñas calles, produce
en la población un imaginario donde lo que no le agrada es el desorden
y el caos vehicular esto se evidencia por el desorden en las principales
calles, donde los semáforos por lo general no son respetados por
los peatones. Si hay algo que defina la conducta de la mayor parte
de los transeúntes es el irrespeto a las normas universales de tránsito.
De esta forma la cotidianidad se evidencia en la congestión de
movilidades y personas que circulan casi incesantemente por las
principales arterias de la hoyada paceña, abarrotada de puestos
de dulces y comida callejera.
BAILANDO EN MEDIO DE LA CALLE
La otra cara de esta ciudad es la de la festividad. En sus calles
y avenidas principales sus habitantes transforman las vías en un
espacio escénico para dar cabida a tres entradas folklóricas que
se realizan por el eje central de la ciudad.
La Fastuosa Entrada del Señor del Gran Poder, es sin lugar
a dudas el fenómeno cultural urbano más destacado, en ella participan
aproximadamente 20 mil danzarines, 4.500 músicos de bandas y orquestas
folklóricas, que todos los años presentan un espectáculo artístico
musical al que asisten aproximadamente 350 mil personas, las cuales
toman la ciudad para convertirla en un teatro callejero de 6 kilómetros
de recorrido. Es un acontecimiento cultural que dura doce horas
continuas y que genera una inversión económica de aproximadamente
30 millones de dólares por año.
La entrada folklórica del Gran Poder, es en la actualidad
una de las principales expresiones de la religiosidad popular, que
tiene como origen las fiestas autóctonas conocidas desde la fundación
misma de la ciudad. Según los relatos de finales del siglo XVII
el conjunto urbano albergaba al núcleo de españoles, criollos y
de "indios", estos últimos, celebraban la fiesta de Corpus
entretenidos con sus danzas y borracheras. (Albó: 1986)
Desde la fundación misma de la ciudad (1548), los colonizadores
marcaron su territorialidad, dividiendo esta ciudad en dos: la ciudad
de indios y la ciudad de españoles. Esta separación imaginaria fue
la marca bajo la cual se estructuró una división étnica y cultural
que aun subsiste y que se evidencia en la discriminación y las maneras
de habitar la ciudad.
La fiesta del Gran Poder surgen en 1922, precisamente en
uno de los barrios de indios ubicado en la ladera Oeste de la ciudad,
en la zona de Ch'ijini, como manifestación de la devoción a la imagen
de la Santísima Trinidad.
El surgimiento de esta festividad tiene que ver con la aparición
de la imagen que representa al Cristo de tres cabezas, retratada
en un lienzo, probablemente del siglo XVIII, de autor anónimo proveniente,
de la escuela popular del Collao.
El origen del Gran Poder
El Cristo del Gran Poder es un icono que aparece a principios de
la época republicana en el monasterio de la Purísima Concepción,
popularmente conocido como Las Concebidas, ubicado en la zona central
de la ciudad. Los historiadores relatan que la novicia Genoveva
Carrión al ingresar en el monasterio trajo como dote un lienzo con
la imagen del Señor del Gran Poder. Con el paso el tiempo la efigie
fue de mano en mamo, como herencia a la servidumbre que tomaba el
apellido de la religiosa a la que servían.
En 1904 el convento se traslado del centro de la ciudad al barrio
de Miraflores y con ello se redujo el personal de allegadas. Tiempo
después Irene Carrión y María Concepción, criadas de la monjita,
demandaron la devolución de la sagrada imagen, la cual peregrinó
por diferentes barrios y cuartos de alquiler, donde se realizaba
un culto privado que servia como fuente de subsistencia para las
beatas.
Las constantes romerías de los devotos de la imagen, propició la
expulsión de sus propietarias de diferentes lugares donde vivían,
hasta que llegaron a Ch'ijini un barrio en formación donde existían
comerciantes, artesanos y tambos atendidos por campesinos
que traían sus productos del Altiplano.
Desde un inicio los artesanos del barrio, en casas particulares,
habilitaban una sala de oración que cada vez quedaba chica por la
cantidad de creyentes que los días viernes concurrían al populoso
barrio.
La devoción a la imagen de la Santísima Trinidad, fue creciendo
más, cuando se corrió la voz de los milagros que ésta hacia, según
la creencia de los pobladores del lugar.
Una vez instalada la capilla del Rosario se inicio esta fiesta
que en principio fue considerada una fiesta de barrio, la primera
fraternidad que dio origen a los demás grupos, fue la Diablada de
los Bordadores, reconocida por los historiadores y vecinos como
la primera agrupación de danzarines. Con el paso del tiempo, otros
grupos se sumaron a la celebración conformándose agrupaciones según
su ocupación como la fraternidad de transporte pesado, empleadas
domésticas, cargadores, comerciantes y agrupaciones de migrantes
del área rural de las provincias del altiplano, como los residentes
de Mistis, Viacha y Achacachi, esta última población rural conocida
por ser el lugar donde proviene la mayor cantidad de bordadores
y mascareros que están asentados en la calle Los Andes.
LOS UNOS Y LOS OTROS
Estos grupos de danzarines, organizados en fraternidades,
en un inicio estaban compuestos únicamente por mestizos y criollos
de origen aymara. Durante muchos años estas manifestaciones fueron
vistas de forma despectiva, por un sector de la población poniéndose
en evidencia el rechazo y la intolerancia de la cultura "hegemónica"
compuesta de blancos y mestizos que trataron con desprecio a los
migrantes del altiplano, calificando sus fiestas como "vulgares"
y alejadas de la idea ilustrada de cultura.
A pesar del rechazo, las fiestas populares de barrio se dieron
también en otros lugares de la ciudad, organizadas en torno a "
santos patronos" del calendario festivo de la religión católica.
En estas manifestaciones religiosas y culturales, se diferenciaron
claramente las clase sociales media y alta por su ausencia, para
algunos de estos sectores , este tipo de celebraciones fueron catalogadas
como fiestas de indios, en una clara muestra de desprecio
y distinción.
LOS CAMBIOS CON EL PASO DEL TIEMPO
A partir de los años setenta y a raíz de la fuerte influencia cultural
de los ritmos y danzas folklóricas, los que despreciaban estas manifestaciones,
poco a poco se fueron incorporando a esta dinámica social. Inicialmente
este tipo de música, aparece en sus fiestas familiares, y posteriormente
toman parte activa, no sólo en las fiestas populares, sino compartiendo
la dinámica de sus ritos y tradiciones.
En 1975 las comparsas sobrepasaron la frontera del barrio que se
establecía como "límite imaginario" extendiendo la fiesta
hasta el corazón mismo de la ciudad, llegando el colorido de los
trajes, el ritmo de las bandas y el movimiento acompasado de largas
filas de danzarines al paseo del Prado, arteria principal de la
ciudad.
Los límites imaginarios que restringían y encerraban la fiestas
de los "indios", se dislocaron para mostrar el paso triunfante
de "los marginados" incursionando en la zona prohibida
por los sectores sociales antagónicos a esta fiesta, quienes asombrados
vieron invadido su espacio.
La palabra "Entrada" desde entonces adquiere su verdadero
sentido, puesto que hace referencia a la incursión de los migrantes
de origen indígena, sobre el corazón de la ciudad, que desde la
llegada de los españoles, fue delimitada imaginariamente por los
diferentes grupos sociales y culturales que la habitan. Esta incursión
es una penetración en el territorio del "otro"
por la gente que en todo el año es despreciado por su origen indígena.
LAS INNOVACIONES EN EL GRAN PODER
Tres hechos se destacan como innovaciones manifiestas en las últimas
tres décadas, a) la primera tiene que ver con la transformación
de una población marginal en una clase social emerge, b) La segunda
transformación tiene que ver con los cambios en la estética del
hecho folklórico. c) El tercer aspecto se relaciona con la actual
valoración de la fiesta, pasando de ser un evento aislado a un emblema
de la ciudad.
a) El barrio de Chijini, más allá de haber sido un espacio
habitacional, se transforma en los últimos años en un centro económico
importante de la ciudad. Al principio en esta zona, se concentra
una población que se dedicó a la venta de productos agrícolas, en
tambos y mercados. En la actualidad es un lugar esencialmente comercial,
donde sobresalen las tiendas de electrodomésticos y otros productos
electrónicos introducidos al país por medio del contrabando. En
esta zona, eminentemente comercial los mestizos aymaras comienzan
a generar riqueza y poder económico evadiendo los impuestos al erario
nacional, conformándose entonces una clase social ascendente con
prácticas culturales en las que la fiesta tiene un rol muy importante,
relacionada con el desenfreno, la liberación de la rebeldía, el
sentido comunitario, las tradiciones.
(b)En esta festividad existen dos vertientes que explican la procedencia
de las danzas en las que se constatan los valores estéticos del
baile y sus componentes discursivos. Por un lado están los balies
que evocan lo rural, muchas de estos surgieron en la época anterior
a la colonización española. Por el otro lado están las danzas creadas
después de la colonización española, con bailes que representan
en su vestimenta y coreografía la explotación y la evangelización
católica con relatos re-interpretados por los colonizados. Ambos
grupos son expresiones discursivas, unas evocan al pasado rural
y agrícola que, por medio de su puesta en escena, se afirman como
expresión de identidad y otras manifiestan la explotación y el choque
cultural que se produjo con la colonización. En las danzas que evocan
lo rural se encuentran los bailes autóctonos que proviene de la
raíz cultural aymara, como ser: Qhena Qhenas, y Sikuriada, manifestaciones
folclóricas que cada vez se van perdiendo del Gran Poder. La otra
vertiente que agrupa a danzas como Tinkus, Tobas, Kullaguada, Doctorcitos,
Morenadas, Caporales la Diablada, Waca Tokoris y Llamerada. Estas
fraternidades se están convirtiendo en los bailes más populares
del Gran Poder
En ambos grupos de danzas se destacan las manifestaciones autenticas
de los imaginarios sociales, en un caso porque actualizan la memoria
colectiva del lugar de origen y en el otro porque proyectan el imaginario
de identidad cultural urbana, que es una especie de simbiosis entre
lo rural y lo citadino.
De todos los grupos folklóricos que participan en la Entrada del
Gran Poder la Morenada y la danza de los Caporales son, en la actualidad,
los bailes de moda emblemáticos de esta festividad. Desde un punto
de vista amplio lo folklórico como se expresa en esta ciudad, no
se inscribe sólo al pasado sino a lo actual. En las danzas que evocan
al pasado, se representan las imágenes que viven en la memoria colectiva
y simultáneamente existe la tendencia de someterlas a un proceso
de hibridación, al relacionarlas con elementos de la modernidad
expresada en la incorporación de nuevos elementos en la vestimenta,
la coreografía y las formas de actuación en escena.
Llama la atención que el protagonismo de la Morenada en el Gran
Poder, hoy en día, produce un imaginario que consiste básicamente
en relacionar este baile con el poder económico del mestizo. Esta
danza se constituye en un emblema de ésta festividad, su acogida
de forma masiva se debe a su ritmo contagioso y a prestigio y estatus
social que los sectores populares adquieren con su participación.
Los Caporales se han convertido en la danza más atractiva para
la población joven de la ciudad que ha incorporado en la danza nuevos
elementos a la estética del Gran Poder. La figura del varón se muestra
imponente, por los detalles de la vestimenta, en su coreografía
resalta la agilidad, destreza y vitalidad propia de la juventud.
La participación de las mujeres se destaca por las faldas cortas,
el sombrero de cholita estilizado, las trenzas del cabello, la camisa
pegada al cuerpo adornada con lentejuelas de colores vivos, que
imponen una imagen en la que se destaca el cuerpo femenino. Este
baile es una demostración publica de lo íntimo y como diría Silva:
lo "obsceno" se da como provocación pública y exhibición
para todos los ojos ciudadanos".
Los danza de los Caporales, es uno de los fenómenos sociales más
importantes de los últimos tiempos éste ha revolucionando lo folklórico
en la ciudad de La Paz. Ha cautivado a la población y se ha convertido
en el baile de moda en todo el país. Su valor radica no específicamente
en ser la estrategia narrativa de los sectores populares,
más bien en despertar la sensualidad e imponerla como elemento discursivo
de lo urbano contemporáneo. Este es un fenómeno cultural que se
expresa como una danza del "folklore moderno" gracias
a la mediación de lo urbano en este proceso.
La mediación de las industrias culturales y la vida urbana en sí
misma aportaron a la difusión, transformación e hibridación de elementos
como la música y el baile haciendo de esta acontecimiento un espectáculo
de la ciudad.
c) El tercer factor de innovación radica en el valor cultural que
revierte la festividad del Gran Poder, de ser una fiesta de barrio
a un emblema de la ciudad. El acercamiento de lo folklórico a la
vida cotidiana se propicia por el impacto del acontecimiento urbano
en el que se constituye y la participación activa de los mass
media. La popularización de este tipo de danzas se ha difundido
en casi todos los sectores sociales, haciéndose presente en las
fiestas familiares, discotecas y todo acontecimiento público como
una "moda folk". En los últimos 30 años se ha arraigado
tanto el consumo de este tipo de música que se ha convertido en
el factor de identificación nacional. Para que ocurra este cambio,
la acción de la industria cultural del país, jugó un papel importante.
Esta "epidemia" folklórica se ha llevado al interior del
país y a las ciudades intermedias que limitan con Bolivia, como
es el caso de Puno, Arequipa, Arica, Córdova y Salta ciudades que
se constituyen en la actualidad como el circuito cultural. La festividad
del Gran Poder se convierte en el lugar de origen para la creación
de nuevas vestimentas y temas musicales de moda que serán difundidos
por este circuito.
Los migrantes bolivianos en Argentina y los Estados Unidos, que
suman aproximadamente dos millones de habitantes, fueron los encargados
de llevar consigo las tradiciones y costumbres locales, entre ellas
las danzas folklóricas las cuales se han convertido en el signo
de identificación del boliviano en el extranjero.
LA RELIGIOSIDAD Y LO MUNDANO
La fiesta es una institución social donde la religiosidad popular
se expresa por medio de los ritos y costumbres en los que se mezcla
lo católico y lo aymara, así como los bailarines asisten a misa
para rezar el padre nuestro, a la salida de la capilla se challa
a la madre tierra como señal de agradecimientos.
Mientras los pobladores del barrio Gran Poder participan de la
fiesta en función al componente religioso, como acto de fe y creencia
en el Cristo de la Santísima Trinidad, para otros sectores de la
población la figura religiosa no es el elemento central, sino la
fiesta misma y todo lo que implica.
En la Entrada se manejan dos planos en los que participa activamente
la población, por un lado está lo espiritual que se hace presente
en las motivaciones religiosas. Donde los devotos realizan sus peticiones
de buena salud, felicidad y riqueza material sometiéndose a bailar
tres años, como mínimo, demostrando de esta forma su fe y acto de
"penitencia" para agradecer al supremo por las bondades
otorgadas.
En el otro plano está la fiesta que a través de la música cumple
la función de "lugar común", de enlace social que ante
la diferencia, propicia un ambiente para compartir códigos sonoros
comunes y se transforma en el elemento de encuentro e interacción
social.
Según Albó lo importante para las fraternidades es la vestimenta,
en torno a este objeto se construye el sentido de comunidad, pero
esta situación cambia para las nuevas generaciones que se incorporaron
en los últimos años a este fenómeno social. Ven en la danza el elemento
central que se da como lugar común, el cual permite interactuar
sin importar las diferencias sociales o étnicas. Este es el elemento
que propicia la integración y permite la interculturalidad.
El Gran Poder no sólo es devoción a la imagen religiosa, también
se expresa en la festividad como el disfrute del cuerpo al baliar,
al sumergirse en el consumo abundante de bebidas alcohólicas y derroche
de alegría.
En los últimos años ha servido para demostrar que éste sector de
la población, también es capaz de generar riqueza y la ostenta a
su manera con sus propios valores estéticos expresados en la forma
de vestir sus trajes coloridos y el movimiento de su cuerpo al bailar.
LA ESTRATEGIA NARRATIVA
Las danzas folklóricas en el Gran Poder no solamente son una manifestación
artística, en este caso la estrategia narrativa de los sectores
sociales marginales, producen una serie de discursos que se construyen
para sí y para el resto de la ciudad. Una de las estrategias, consiste
en presentarse de forma pública en medio de la ciudad y evocarla
a través de la danza folklórica,
Otra estrategia discursiva es la construcción de la identidad,
en la dinámica interna de las fraternidades, esta se hace visible
en las formas de auto-representación, es por eso que cada comunidad
asociada en torno a una danza, se somete a un proceso de competencia
interna donde los imaginarios colectivos juega un papel importante.
Esta construcción colectiva de la identidad se hace evidente en
los nombres de las agrupaciones folclóricas, como la fraternidad
Mallkus perdidos del Gran Poder, los zánganos de Sopocachi,
verdaderos mosaicos, Juventud Brillantes, "x"
del Gran Poder o los intocables, agrupación que adopta
su nombre de la serie televisiva "los intocables". En
la manera de nombrarse está la ironía y por encima de todo la sublimación
de la auto estima: los adjetivos que añaden a su nombre son un claro
ejemplo: los verdaderos rebeldes, juventud diamantes, siempre vacunos,
reyes relámpagos, etc.
Estas formas mestizas de crear significado para diferenciarse entre
sí, son los rasgos que las diferencia, no solo entre fraternidades,
sino con el resto de la sociedad.
EL BULLICIO CONTRA EL SILENCIO
La Paz, es la ciudad tomada cotidianamente por manifestaciones
públicas en las que se expresan identidades mestizas y formas creativas
de enfrentar la discriminación y la diferencia de pobladores que
habitan un mismo espacio, en estas acciones ciudadanas se expresan
los puntos de vista y sus estrategias discursivas, se definen rutas
y croquis urbanos con los cuales los habitantes se muestran.
En esta ciudad, generalmente llena y bulliciosa, se destierra el
silencio para hacer de sus espacios abiertos lugares de encuentro
y des-encuentro, donde lo erótico y la muerte se muestra por la
mitad de la calle como hecho público, y donde la miseria y lo mundano
está en la piel misma de la ciudad.
Así como La Paz se muestra en los noticieros de canales internacionales
como una ciudad de indígenas en constante manifestación de protesta
por sus calles, las realidades son otras. Es una ciudad con colorido
que surge del folklore tradicional y urbano, con música de banda
que retumba por las fachadas de los edificios y la alegría que se
desborda de las graderías abarrotadas de expertos observadores.
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del Gran Poder. Proinsa Empresa editora. La Paz - Bolivia,1980
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