Educar para la valorización del patrimonio y los recursos
de la ciudad
Mariana B. Gimenez
Estudiante avanzada del Profesorado de Artes Visuales
Escuela Martín Malaharro. Mar del Plata
Claudia E. Caracoche
Estudiante avanzada de Diseño Industrial de la FAUDI y de la
Tecnicatura Universitaria en Gestión Cultural. UNMDP
IDENTIDAD
Yo aquí, quedándome
(Una manera de citar
de estar
de aquí quedar)
FOGWILL
Resumen
Considerando a la ciudad como un espacio áulico extramuros y
un “campo de exploración, estudio y acción cultural directa”,
proponemos una reflexión que aporte a la construcción de los valores
sociales y culturales del niño en su ciudad partiendo de la relación
barrio – escuela, creando así el sentido de pertenencia a
un lugar. Tomamos como eje transversal el tema “APRENDIENDO
A VALORAR NUESTRA CIUDAD” desde los Bloques de los CBC para
el Nivel Inicial 1° y 2° Ciclo de la EGB.
Educar en la capacidad de conocer y valorar lo propio y lo ajeno
implica otorgar sentidos al entorno construido y vivido (patrimonio
tangible e intangible) y en consecuencia, reconocer también las
potencialidades de la ciudad en donde habita, en el caso de nuestra
ciudad, el turismo.
Buscamos en la valorización de la cultura tangible e intangible
del entorno social y geográfico, las herramientas forjadoras y/o
impulsoras de sentimientos que alimentan y sostienen una actitud
valorativa o apreciativa, suerte de disposición hacia el deber o
respeto ante el valor (en el caso patrimonial); y de pensamientos
que contribuyan, a largo plazo, a crear lazos de compromiso en forma
integrada con el desarrollo de la ciudad en donde habita.
1. Introducción
2. Lo cultural como valor
3. La ciudad como condensador de
valores y objeto cultural.
4. La enseñanza como estrategia
de conocimiento del valor patrimonial y preservación.
5. Lo turístico como consumo de
los valores de la ciudad.
6. Actividad integradora e interdisciplinaria.
7. Reflexiones finales.
8. Bibliografía
1. Introducción
Este aprendizaje, que parte desde el conocimiento de su orden
más cercano, escuela-barrio, al más lejano: ciudad-región, permite
ubicar al niño en un determinado sitio; al conocerlo permite vincularlo
afectiva y significativamente creando el sentido de pertenencia
a un lugar. Buscamos en la valorización de la cultura tangible e
intangible del entorno social y geográfico, las herramientas forjadoras
y/o impulsoras de sentimientos que alimentan y sostienen una actitud
valorativa o apreciativa, suerte de disposición hacia el deber o
respeto ante el valor (en el caso patrimonial); y de pensamientos
que contribuyan, a largo plazo, a crear lazos de compromiso en forma
integrada con el desarrollo de la ciudad en donde habita.
2. Lo cultural como
valor
"La cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre
sí mismo."
MONDIACULT. "Declaración sobre políticas culturales". México
1982
Existe en debate un tema insoslayable, el cual nos parece apropiado
para comenzar a trabajar, y éste es el de la identidad.
"Todas las ciudades tienen sus propias señas, su carácter su singularidad,
y ese es su patrimonio. El conjunto de legados que comprometen la
historia de nuestras ciudades trasciende el plano de la cultura,
no se refiere a los edificios o centros históricos, sino también
a aquellos valores contenidos en la vida cotidiana, al uso de esos
lugares, el recuerdo, el cantar, el hablar."
Aprender a reconocernos es una tarea indispensable a la hora
de programar actividades en la escuela y diseñar políticas culturales,
y sobre todo atendiendo a cuestiones que tienen que ver con la integración
para el desarrollo como pueblos. Allí radica el principio de un
posible y efectivo plan de integración regional.
Un proyecto de construcción de una identidad nacional no puede
pensarse como el proyecto de un grupo que impone su identidad (étnica
o de clase) por sobre todas las otras que conforman esa nación que
se quiere definir. Podría pensarse en cambio como la consolidación
significativa de todas las identidades locales, donde la homogeneización
de las diferencias tienda a la representatividad y no a la vacuidad
de lo idéntico a sí mismo.”[1]
"La identidad cultural en su sentido más profundo, es enteramente
un valor intrínseco. La cultura compartida no es nunca un medio,
siempre es un fin. Los recursos culturales, actividades y rituales,
son siempre valores en sí mismos, no son objetos que podamos reducir
a un estándar cuantificable, y comprar y vender en el mercado. Cuando
la cultura pierde su anclaje comunitario y se reduce a un entretenimiento
comercial, el valor cultural se agota"[2].
La regionalización para una integración
Es allí en donde se tratan de develar aquellas características
que definen las identidades locales, que surge el concepto de región.
En un país como el nuestro, donde son tan marcadas las diferencias
geográficas, sociales y por ende culturales, se vuelve indispensable
para insertarse en un mundo globalizado y uniformador conocer aquellos
elementos que van definiendo a la sociedad y a ésta como parte de
determinadas entidades que serían las regiones. Trabajar con el
concepto de región implica reconocer nuestra rica pluriculturalidad
y posicionarnos en el mercado internacional a partir de nuestras
diferencias asumidas, reconocidas y valorizadas por el conjunto
de la sociedad.
Resulta entonces, imprescindible para el buen diálogo intercultural
instaurar el concepto de región en todas las escalas de la sociedad,
para poder aprenderla, comprenderla y transmitirla. Sobre la base
del conocimiento es posible un acercamiento preciso y efectivo entre
las políticas que, entre otros, el Estado proponga y la sociedad
a la cual vayan dirigidas.
Es importante comprender que “el hombre no habita en lugares
sino en regiones”, subconjuntos de una totalidad que es el
mundo. Lo que caracteriza fundamentalmente a la región es “la
homogeneidad de paisaje físico y cultural.” Esta condición
origina “un funcionamiento igualmente homogéneo en la actividad
humana y una cohesión interna” que “responde a la necesidad
de grupos poblacionales de integrarse en comunidad, por razones
de supervivencia y de afinidades culturales, lo que desemboca también
en una vocación espiritual compartida” [3].
Por lo expuesto nos parece importante hacer hincapié en lo que
afirma Adolfo Colombres sobre la idea de región como conjunto
formado por una determinada afinidad cultural. Hacerse cargo
de nuestra disyunción entre centralismo organizativo y diferencia
pluricultural, es uno de los principales objetivos de las políticas
culturales y un enfoque determinante en la tarea escolar cotidiana.
Al trasladar estos conceptos al marco macro-regional es posible,
como propone Susanan Vellegia[4], generar una matriz simbólica
fundante: la latinoamericanidad (ésto como macro región). Matriz
simbólica que obra como principio de inteligibilidad de “la
historia” haciéndola “nuestra historia” y también
como condición de posibilidad de la interacción región-mundo, al
proveer a América Latina de una identidad particular y diferenciada
dentro del todo universal.
Lograr establecer y generar estas identidades particulares es
lo que nos permitiría integrarnos al mundo, no ya como igual sino
a partir del fortalecimiento de nuestras diferencias, conociendo
nuestra matriz simbólica. Es importante tener en cuenta que la dimensión
de la integración latinoamericana, tiene un fuerte peso económico,
sino el mayor o el prevaleciente de todos los aspectos. Es por ello
que se trata de sopesar esta tendencia en el mundo, a partir de
otorgar un rol esencial a la dimensión simbólica o cultural de la
integración.
El fortalecimiento del proceso integracionista será directamente
proporcional a su capacidad de comprensión y armonización de la
multidimensionalidad de la realidad socio-histórica de la subregión
y de la inclusión de los actores sociales que dan cuenta de necesidades,
intereses, problemas y potencialidades que la expresan y contienen
en su mayor diversidad y amplitud. A mayor capacidad de inclusión
hacia dentro de la región, tanto más fuertes las posibilidades de
superar los desafíos externos a ella.
Es fundamental comprender que el rasgo distintivo de la integración
remite al campo en el cual se gestan los significados y consensos
sociales: el simbólico. Y es este rasgo también, el que define a
una determinada comunidad. Comunidad es sinónimo de integración
de lo diferente, pero voluntariamente compartido. El fundamento
de esa voluntad reside en la capacidad de las dirigencias políticas
y de las sociedades para fortalecer identidades que sean fuente
de cohesión y reconocimiento, impulsando prácticas que las asuman.
Comunidad también implica autoconocimiento y reconocimiento;
conciencia e identidad; cohesión y gratificación; voluntad y responsabilidad,
sin las cuales es imposible forjar la unidad de lo diverso que el
mismo término implica.
3. La ciudad como condensador
de valores y objeto cultural.
"Los objetos inmateriales susceptibles de valor, al igual que
las cosas, se entienden como bienes: los bienes en su conjunto constituyen
un PATRIMONIO. La IDENTIDAD de un grupo, de una nación, está íntimamente
ligada a ese patrimonio."
Guillermo Bonfil Batalla
La ciudad es un ambiente artificial inventado y construido
por el hombre, cuyo fin práctico es habitar en sociedad. Comenzó
a existir cuando el hombre así lo quiso y desde un principio fue
uno de los testimonios más reveladores de los niveles que alcanzó
la cultura a la que pertenecieron quienes iniciaron y continuaron
su construcción.
Sin embargo, resulta difícil para el ciudadano reconocer aquello
que construye y lo que construyeron sus generaciones pasadas. Reconocerlo,
y apropiarlo en el sentido de pertenencia es una de las tareas más
complejas en el contexto de globalización en el cual vivimos. Pero
es imprescindible ahondar en esta comprensión y adquisición de valores
en el aprendizaje, porque como sostiene M. Johnson: “La comprensión
de la imagen de una ciudad, de dicho ambiente artificial, es el
modo en que “tenemos un mundo”, el modo en que lo experimentamos
como una realidad comprensible (...) supone la totalidad de nuestro
ser: nuestras aptitudes y capacidades corporales, nuestros valores,
nuestros estados de ánimo y actitudes, toda nuestra tradición cultural,
el modo en que estamos ligados a una comunidad lingüística, nuestras
sensibilidades estéticas. En síntesis, nuestra comprensión es nuestro
modo de estar en el mundo (...)”.
Este modo de estar en el mundo, como citamos anteriormente, es
el que nos permite enfrentarnos a los retos de la integración cultural,
porque implica reconocer lo propio, valorarlo y preservarlo. Nuestro
patrimonio cultural (tangible e intangible) y el natural, es la
constante “materia prima” con la que cuenta la sociedad
para idear y construir su imagen. Y hablamos aquí de materia prima
porque es un concepto dinámico: podemos conocer algo y resignificarlo.
El patrimonio de una ciudad y sus recursos, son fines en sí mismos
por ser totalizadores de ciertas expresiones, pero también son medios
expresivos que permiten resemantizaciones en distintos ámbitos del
quehacer cultural que desarrolla una comunidad. Así, al conocer
y apreciar dichos valores, al realizar una aprendizaje apropiado
y no de conceptos impuestos, podremos convertirlos en disparadores
de nuevas significaciones siempre conscientes del contexto en donde
se generaron.
"El Patrimonio es la síntesis simbólica de los valores identitarios
de una sociedad que los reconoce como propios. Ello implica un proceso
de reconocimiento, generalmente intergeneracional, de unos elementos
(desde el territorio a la ruina) como parte del bagaje cultural
y su vinculación a un sentimiento de grupo. Reconocida en él, la
comunidad se presenta a otros. En ese instante el bien concreto
estará a salvo momentáneamente. Si bien su conservación no estará
garantizada, al menos su destrucción y pérdida será sentida como
propia. Sin embargo, en las sociedades no tradicionales inmersas
en la industrialización y la terciarización, tal sentimiento puede,
y de hecho sucede a menudo, ser olvidado, sesgando su propia historia
y lazos de grupo."[5]
Si bien es una realidad la pérdida de dimensión que tiene el
ciudadano común frente a su ciudad, no debe por esto descartarse
la posibilidad del acercamiento, del conocimiento de su territorio
de la región, de lo que conforma su realidad local. A través de
la participación del ciudadano en su propia historia transformando
y realizando su cultura, es la manera más democrática de realizar
políticas culturales.
Un punto importante que desarrollan diversos autores tiene que
ver con la cultura asociada a la educación, como un volver a la
cultura del pensar y comprender y que, además mejora la calidad
de vida personal y colectiva.
Desde que el poder material de las naciones está cada vez más
vinculado a su poder simbólico, las grandes batallas de hoy (y más
aún en el futuro), son las que tienen lugar por el sentido; por
la imposición de significados. En el cual el contexto de
lucha por el nivel internacional, nos guste o no, la imposición
de significados, está directamente ligada a la producción cultural.
"Así, la multiculturalidad sólo es posible si existe diálogo,
o sea el intercambio que se construye pluralmente desde la diversidad.
Debemos dejar de ser objeto de la imposición de significados elaborados
por otros, para tratar de ser lo que nosotros queremos realmente
ser y no lo que nos dicen que debemos ser. Y esto es fundamental,
porque comprende desde la economía hasta la estética; desde lo público
hasta lo privado”.[6]
4. La enseñanza como estrategia de conocimiento del valor
patrimonial y de preservación.
"El rasgo esencial del aprendizaje es que engendra el área
de desarrollo potencial, o sea, que hace nacer, estimula y activa
en el niño un grupo de procesos internos de desarrollo dentro del
marco de las interrelaciones con otros, que a continuación son absorbidos
por el curso interno del desarrollo y se convierten en adquisiciones
internas del niño(...) El proceso de aprendizaje es una fuente de
desarrollo que activa nuevos procesos que no podrían desarrollarse
por sí mismos sin el aprendizaje."
Vigotsky,L.S. (1979): El desarrollo
de los procesos psicológicos superiores. Barcelona. Crítica.
La educación es un emergente fundamental de una cultura, entendida
ésta como una forma integral de vida. No hay educación sin cultura
simplemente porque ésta es la MATRIZ, el marco, el contenido y el
fin de todo proceso de formación humana.
Ensayando sobre la vida cotidiana de los distintos protagonistas
(alumnos, educadores, gestores culturales, ciudadanos) como campo
de exploración y estudio, y como punto de partida y de llegada de
toda acción integrada, podremos encaminarnos hacia la creación de
ciudadanía como propone Toni Puig Picart.
"Toda acción educativa (formal, no formal, informal) es una construcción
socio-histórica y, por lo tanto, en un sentido amplio: cultural.
Es decir, la educación es siempre emergente de una cultura entendida
ésta como una forma integral de vida que es creada histórica y socialmente
por una comunidad a partir de su particular manera de resolver física,
emocional y mentalmente las relaciones que mantiene con la naturaleza,
consigo misma, con otras comunidades y con lo que ella considera
sagrado, para dar continuidad y plenitud de sentido a la totalidad
de la existencia"[7].
Relación Familia-Escuela:
Desde el marco de la escuela comprensiva , en el que nos situamos,
entendemos que la funcion encomendada socialmente a la escuela como
principal agente de socialización , requiere nuevas perspectivas,
actitudes y organización.
El proceso de socialización, que la escuela debe favorecer, se
ve influido y hasta condicionado por la realidad social, económica
y cultural que los alumnos y alumnas viven dentro y fuera del ámbito
escolar.[8]
Dentro de las variables que condicionan el desarrollo moral,
la madurez afectiva es un componente esencial. El intentar un equilibrio
armónico de todas las capacidades supone orientar nuestra atención
hacia esta parcela del yo moral, porque su desarrollo fundamenta
la estructuración de la identidad personal, el autoconocimiento,
la autorregulación, el sentimiento del propio valor y la autoestima.
Relación Escuela-Barrio.
Citando a J. MacFree, que basa las diferencias entre las personas
en la manera de organizar la información visual y considera que
los niños usan el arte y sus significados para comprender su sociedad,
simbolizar y organizar lo que aprenden y expresar sus reacciones.
Las formas de pensamiento que los niños utilizan se ven influenciadas
por el tipo de trabajo que ellos realizan. La dimensión pedagógica
y las diferencias individuales dan lugar a gran variedad de procesos
de creación.
Las investigaciones de la psicología diferencial, aplicadas a
las diferencias individuales, se orientan hacia la interacción del
individuo con el medio
Relación Barrio-Ciudad
Para comenzar a tratar este tema, queremos citar a Mate Kovacs
de la Unesco[9]: "Para promover la cultura, las artes y la creatividad
en el futuro, es igualmente importante sensibilizar a las personas
(y esencialmente a los niños y jóvenes) en la belleza, en la dimensión
artística de la vida y del medio ambiente, o de los objetos de la
vida cotidiana.
La educación cultural de las generaciones futuras es,
de hecho, la única manera de promover la capacidad de tener juicio
crítico, de elegir cualitativamente, y de incrementar el desarrollo
de la participación creativa en la vida cultural.
Este concepto es muy importante porque, como comentábamos respecto
a los valores de una cultura, y a propósito de la resemantización
o resignificaciones para el desarrollo cultural de una sociedad,
lograr estas capacidades permite que el control cultural sea apropiado,
y no ya, impuesto o enjenado como podemos ver hoy en este mundo
globalizado.
Aparece hoy en día la educación cultural como instrumento clave
para administrar las crisis sociales, porque ella permite la apertura
a discusiones sobre las perspectivas de la sociedad activa y de
la sociedad del ocio. Y, por otra parte, juega un rol fundamental
en la creación de las condiciones para un pluralismo cultural auténtico
y para la comprensión internacional en un mundo multicultural.
5. Lo turístico como
consumo de los valores de la ciudad.
"...hoy cultura es cohesión social y compartir la ciudad es
crear ciudadanía"
Toni Puig Picart
El turismo como fenómeno social, masificado e institucionalizado,
genera efectos duales. Desde el punto de vista económico aparece
como una valiosa fuente de ingresos y motor de reactivación, pero
desde una perspectiva socio-cultural y ambiental genera una serie
de problemáticas no siempre consideradas por los organismos encargados
de implementar políticas, y cuyas consecuencias pueden comprometer
el desarrollo sostenible de las comunidades receptoras.
Las cartas del ICOMOS advierten sobre el riesgo de subordinar
el tratamiento del recurso turístico a los intereses del mercado,
siempre preocupados por la rentabilidad del corto plazo y poco adecuados
para implementar criterios sustentables.
"En todo caso (afirma el ICOMOS) con una perspectiva de futuro,
el respeto al patrimonio mundial, cultural y natural, es lo que
debe prevalecer sobre cualquier otra consideración, por muy justificada
que ésta se halle desde el punto de vista social, político o económico.
Además, es preciso condenar toda dotación de equipamiento turístico
o de servicios que entre en contradicción con la primordial preocupación
que ha de ser el respeto debido al patrimonio cultural existente.”
(Carta del turismo cultural- ICOMOS, noviembre 1976).
Es necesario entonces, establecer el rol de la participación
ciudadana en la integración de las políticas ambientales y de preservación
del patrimonio. La concepción actual de preservación del patrimonio
natural y cultural asigna fundamental importancia al fortalecimiento
de la idea de pertenencia de una población respecto a su medio ambiente.
Esto, que tiene relación directa con la función social y comunitaria
del patrimonio, sólo es posible por medio de la implementación de
mecanismos de participación ciudadana para definir criterios y objetivos
de preservación. Quiénes podrían identificar mejor que los propios
vecinos de un barrio, cuáles son aquellos sitios, edificios u objetos
que es necesario preservar, cuáles representan más cabalmente la
identidad y la memoria del lugar, por su imagen, sus usos y las
tradiciones asociadas a ellos. Esto supone un rol activo de la población
local en la regulación y control de la actividad turística para
evitar que la misma dañe el recurso a preservar.[10]
Si pensamos en las ciudades argentinas de los ’90, a diferencia
de la década de los ’60, surge claramente que en ellas han
perdido importancia relativa el proceso de industrialización y por
tanto aquella relación entre industrialización y urbanización.
En ese proceso se ha debilitado el “continuum” de
las clases sociales. En los ’60, había una fuerte presencia
de las clases sociales bajas, donde había clase obrera organizada
y donde había sectores ricos, pero siempre un continuum entre ellos.
En los '90 esa ciudad, no está más. Se ha producido un sideral
aumento de la riqueza vinculada al negocio financiero y en el mismo
movimiento un notable crecimiento, cualitativo y cuantitativo, de
la pobreza urbana..
La consecuencia de esa transformación en el mundo de la observación,
es la aparición de una cultura vinculada a la masificación, por
una parte y a la ruptura social por otra.
Una cultura masificada, guiada fundamentalmente por la televisión,
el elemento de todos estos habitantes, que ahora están tan rotos,
tan separados social y económicamente, que es la cultura que genera
la televisión, porque se ha roto aquel “continuum”.
Pero también se ha generado de manera muy parcializada un consumo
cultural de difícil identificación.[11]
De esta manera se puede remarcar el error de gestionar a la ciudad
como un producto, aplicar los temas del mercado a la ciudad no funciona.
La ciudad no es un producto. Es la "casa común" de todas
las diferencias que vivimos, es la vida, y como casa común se debe
compartir con otros. En tal sentido se la debe considerar como un
servicio.
Por tanto, son necesarias políticas orientadas a considerar la
cultura como un medio educativo y de formación de identidad-ciudadanía,
al existir una tendencia a considerarla como un producto el cual
se debe regir por las leyes actuales del mercado y de un sistema
neoliberal agotado.
6. Actividad integradora
e interdisciplinaria.
Según el filósofo francés Henry Lefebvre, la cuestión de lo urbano,
puede categorizarse en dos órdenes de lectura: el lejano y el cercano.
Esta categorización permite establecer un tipo de lectura dirigido
a reconocer los elementos estructurales de una sociedad (el orden
lejano) y las acciones propias de los habitantes de la ciudad en
su vida cotidiana (el orden cercano).
En el sentido de la construcción del imaginario urbano, es la
imagen la que guía el comportamiento y nos permite interpretar la
información que recibimos de nuestro entorno. Según A. Rapoport:
“la imagen se construye con una constelación conceptual que
comprende tres áreas: la cognitiva (conocer algo); la afectiva (sentir
y valorar algo); la conativa (hacer o proponer algo)”.
Objetivos:
· Enseñar a partir
del derecho del ciudadano a una ciudad educadora.
· Abordar en
forma interdisciplinaria el mismo núcleo “APRENDIENDO A VALORAR
NUESTRA CIUDAD” como eje transversal desde los contenidos
de ciencias sociales y educación artística para nivel Inicial,
EGB 1° y 2° ciclo.
· Instituir con
carácter de interés municipal una jornada anual, como corolario
del compromiso de la comunidad escolar con el desarrollo de la ciudad.
Expectativas de logro:
· Socializar
al niño con su entorno de una manera afectiva e integrada.
· Adquirir la
capacidad de construir saberes basándose en su experiencia vivida.
· Acercar en
forma real y participativa el entorno inmediato al niño, a partir
de lo cotidiano.
· Crear conciencia
de identidad y de pertenencia al lugar.
· Crear una actitud
valorativa y reflexiva sobre su entorno cultural tangible e intangible.
Fases de la propuesta:
1. Desarrollo en clase del tema
“APRENDIENDO A VALORAR NUESTRA CIUDAD”, utilizando a
modo de núcleo problemático el conocimiento significativo del barrio
como entorno cercano, inmerso en un contexto más amplio: la ciudad.
2. Elaboración de proyectos escolares.
Duración: 1 trimestre
3. Presentación de los trabajos
realizados por los alumnos, a su comunidad escolar y barrial. Selección
de un trabajo por ciclo para participar de una jornada a escala
municipal, donde los alumnos expondrán su trabajo junto a las demás
escuelas del distrito.
4. Jornada municipal: Presentación
de los trabajos seleccionados a toda la comunidad, talleres de debate
con la participación de personajes de la ciudad, entes de cultura
y turismo, docentes y alumnos.
5. Publicación de las conclusiones
y las experiencias surgidas de esta jornada, a través de los medios
de difusión locales y/o a nivel regional.
7. Reflexiones finales.
Destacamos aquí la importancia que adquiere este tipo de propuesta
en el marco de un desarrollo cultural de la región. Las actividades
propuestas, inculcadas desde los niveles iniciales, aportan a la
construcción de la matriz simbólica del niño a través del aprendizaje
significativo y valorativo, creando una identidad individual y de
comunidad participativa; cuya importancia se desprende de la potencialidad
de nuestra ciudad a nivel no sólo turístico sino también, y por
sobre todo, cultural y patrimonial.
Este aprendizaje se reflejará en su conducta futura, en tanto
promoción de la ciudad como también preservación de los bienes
culturales y medioambientales.
Elaboramos esta propuesta desde el aspecto pedagógico que tiene
la educación integradora como un aporte al área de turismo, considerando
que la problemática de la promoción del turismo es de incumbencia
interdisciplinaria; y una de las condiciones para que la ciudad
crezca económicamente por su desarrollo turístico es la educación
preventiva y valorativa de sus ciudadanos, quienes viven y construyen
su imaginario colectivo.
En cuestiones educativas, sabemos que la tarea es a largo plazo,
sin embargo, ninguna es mejor para la incorporación de valores actitudinales
a la población. Esta afirmación se enmarca dentro de los postulados
de la Carta de Ciudades Educadoras. Declaración de Barcelona (1990),
en la cual también resume el derecho que tienen los ciudadanos de
acceder a la “ciudad educadora”[12]
8. Bibliografía:
- Paulo
Freire, Hernani Fiori, Jose Luis Fiori, Jose Oliva Gil. “Educación
liberadora. Bases antropológicas y pedagógicas”. Editorial
espacio.
- “Técnicas
grupales y aprendizaje afectivo. Hacia un cambio de actitudes”.
Editorial HVMANITAS. Buenos Aires. 1987.
- Bloques
de los Contenidos Básicos Comunes para Inicial, Primero y Segundo
Ciclo de la EGB –Áreas: Ciencias Sociales y Artística.
- Olmos,
Héctor y Santillán Güemes,Ricardo. Educar en Cultura. Ediciones
CICCUS. 2000.
- Reboratti,
Carlos. “Ambiente y Sociedad. Conceptos y relaciones”.
Bs. As. Editorial Ariel. 2000.
- Vellegia,
Susana. “La Gestión cultural de la ciudad ante el próximo
milenio”. Ediciones CICCUS. 1995.
- Gutman,
Margarita – Reese, Thomas. “Buenos Aires 1910: El imaginario
para una gran capital”. Eudeba. 1999.
Publicaciones
- III Jornadas
Nacionales: “Enseñar a través de la ciudad y el museo”.
Mar del Plata. 2000.
- Aula de
Innovación Educativa. N° 15 (1993) y N° 60 (1997). Editorial Grao
educación. Barcelona.
- Declaración
de México sobre las políticas culturales. México. 1982.
- APN. Política
de Manejo de recursos Culturales.
Autores.
Mariana Beatriz Gimenez. Estudiante avanzada del Profesorado
de Artes Visuales dictado en la Escuela Martín Mahalarro de la ciudad
de Mar del Plata. Dedicada a temas que tiene que ver con el arte
en América Latina y en particular con los aborígenes de Argentina.
Claudia Elizabeth Caracoche. Estudiante tesista de Diseño
Industrial de la FAUDI de la Universidad Nacional de Mar del Plata
(UNMDP). Docente adscripta a la materia Pensamiento Contemporáneo
IV- Historia de la Arquitectura III del último año de la carrera.
Realiza investigaciones en el área de historia como investigadora
ad honorem en el Centro de Estudios Históricos de Arquitectura y
Urbanismo (CEHAU), y en el Proyecto: “Pueblos Mineros en el
centro de la Pcia. de Bs. As. Asentamientos y Cultura Material”.
Estudiante avanzada de la Tecnicatura Universitaria en Gestión Cultural
de la FAUDI y la Facultad de Humanidades de la UNMDP.
[1] Mercedes Costa. "Fronteras étnicas, fronteras políticas.el
rol del intercambio en la construcción de identidades". "Cultura
e Identidad en el Noroeste Argentino”. Centro Editor de
América Latina. 1990.
[2] Rifkin, Jeremy.
"La era del acceso. La revolución de la nueva economía". Ediciones
Paidós Ibérica, Barcelona. 2000.
[3]. Cuentos Regionales Argentinos: Catamarca, Córdoba,
Jujuy, Salta, Santiago del Estero y Tucumán. Antología. Ediciones
Colihue. 1999.
[4] Vellegia Susana. Comunicaciones del Mercosur en
la disyuntiva: ¿globalización o integración subregional? En MERCOSUR:
La dimensión cultural de la integración, Gregorio Recondo, Compilador,
Ediciones CICCUS.
[5]
Agustín Santana. Patrimonio cultural y turismo: reflexiones
y dudas de un anfitrión" Universidad de
La Laguna: Grupo de Investigación "Antropología y Turismo".
España http://www.culturacanaria.com/turismo/pagina1.htm
[6] Susana Vellegia.
La administración cultural; competencias, conflictos y nuevos desafíos.
"La gestión cultural de la ciudad ante el próximo milenio".
Ediciones CICCUS. 1995.
[7] Santillán Güemes,
Ricardo – Olmos, Héctor. "Educar en Cultura. Ensayos para
una Acción Integrada". Ediciones CICCUS. 2000.
[8] E. Martinez
/J.Fuster. "Arquitectura de una relación familia-escuela". Aula
de Innovación Educativa. 1993
[9] "La gestión
cultural de la ciudad ante el próximo milenio". Introducción:
Las políticas culturales en un mundo en cambio. Ediciones Ciccus.
[10] Braislovsky,
Antonio - Harracá, Nélida. “Ambiente, turismo y preservación
del patrimonio natural y cultural”. Tercer Coloquio PARN 2000.
[11] Moreno, Oscar.
Las fundaciones culturales y las estrategias del moderno mecenazgo.
"La gestión cultural de la ciudad ante el próximo milenio".
Ediciones CICCUS. 1995.
[12] Carta de
Ciudades Educadoras: “hoy más que nunca la ciudad grande o
pequeña, dispone de incontables posibilidades educadoras. De una
forma u otra contiene en sí misma elementos importantes para una
formación integral. La ciudad educadora es una ciudad con personalidad
propia, integrada en el país donde se ubica. Su identidad, por tanto,
es interdependiente con la del territorio del que forma parte. No
es una ciudad encerrada en si misma, sino una ciudad que se relaciona
con su entorno: con otros núcleos urbanos de su territorio y con
ciudades parecidas de otros países, con el objetivo de aprender,
intercambiar, y, por tanto, enriquecer la vida de sus ciudadanos
(...). Se afirma pues, como conclusión, un nuevo derecho del ciudadano:
el derecho a la ciudad educadora. Y, como primer paso, es preciso
ratificar el compromiso que, partiendo de la Convención se ha asumido
en la Cumbre Mundial para la Infancia, celebrada en Nueva York los
días 29 y 30 de septiembre de 1990”.
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