TURISMO CULTURAL: UN SEGMENTO TURÍSTICO EN EXPANSIÓN.
Elisa Prados Pérez.
Doctora en Derecho.
Universidad de Cádiz (España).
Sumario:
1. El turismo y su papel como activo cultural.
2. Las implicaciones turísticas de la puesta en valor patrimonial.
3. Nuevas estrategias turísticas en la comunicación patrimonial.
4. El turismo cultural como factor de desarrollo local.
5. Bibliografía.
1. EL TURISMO Y SU PAPEL COMO ACTIVO CULTURAL
Durante los últimos veinticinco años, el turismo se ha consolidado como
una de las principales industrias a nivel mundial por delante de sectores
como el de automóviles, la electrónica o el petróleo en el volumen de
intercambios mundial. Es una de las actividades con mejores expectativas
de crecimiento futuro según las previsiones de la Organización Mundial
de Turismo, que considera que en el año 2010 se van a triplicar el número
de llegadas turísticas y a quintuplicar el volumen de los ingresos obtenidos.
El turismo, el ocio y la cultura conforman la gran industria del futuro.
Irrumpen nuevas tendencias que se manifiestan en una reducción de jornada
laboral y, por tanto, un mayor tiempo libre de los ciudadanos, junto con
el incremento y mejora del nivel de vida y la globalización de las comunicaciones.
El turismo, es una actividad económica de relevante importancia, determinada,
en parte, por su contribución a la generación de riqueza y empleo y en
parte, por su importante efecto arrastre sobre otros sectores,
que le confiere un carácter estratégico de primera magnitud. Además, el
turismo proporciona, hoy en día, un positivo efecto en el desarrollo de
infraestructuras y servicios públicos. Tampoco debemos pasar por alto
su aportación a la convergencia social, ya que la libre circulación de
turistas lleva aparejado el intercambio de tradiciones, culturas y favorece
el acercamiento de los pueblos.
Es obvio que ha contribuido a la modernización de la sociedad, al desarrollo
económico (crecimiento del PIB, aumento de la renta per capita) de las
regiones, pero también ha implicado importantes conflictos causados por
la falta de sincronización entre el desarrollo del turismo y la capacidad
de carga. Además, la presión sociocultural sobre la población residente
en las áreas que han sufrido un rápido proceso de especialización turística
ha causado cambios de estilos de vida y de identidad colectiva de la sociedad
autóctona. En este sentido, es necesario una adecuada gestión basada en
una previa planificación que permita absorber las evidentes ventajas del
desarrollo turístico evitando las desventajas consecuencia de la irrupción
del turismo.
Por todo lo anterior, es fácil comprender el creciente interés que el
turismo despierta en la sociedad. Superado las minusvaloraciones del turismo
como un terciario especulativo en numerosos modelos de desarrollo industrialista
y su percepción como actividad teñida con un manto de frivolidad, escasamente
merecedora de análisis rigurosos desde ámbitos académicos consolidados,
el turismo se está convirtiendo en un recurrente tema de investigación.
Es evidente la trascendencia económica, social y ambiental de la actividad
turística está fuera de toda duda y no son pocos los diagnósticos que
apuntan que el futuro de España y de la Comunidad Autónoma de Andalucía,
estará en lo que seamos capaces de hacer en los sectores del turismo y
el ocio. No olvidemos que nos estamos refiriendo a la primera industria
del siglo XXI. Todo depende de cómo deseemos que sea esta industria y
de qué calidad queramos ofrecer.
En este sentido apoyar al sector turístico es realizar una apuesta por
la diversificación de las posibilidades de ocio, obteniendo beneficios
sociales, económicos, medioambientales y, cómo no, culturales de este
sector.
Ante esta situación, ¿cuál es la misión del turismo en este siglo que
empieza? Es inherente al sector turístico su condición de fenómeno evolutivo,
su extraordinaria capacidad de adaptación y de responder a las nuevas
demandas y exigencias de la sociedad. Este carácter dinámico ha supuesto
una valiosa aportación al enriquecimiento y ampliación del abanico de
oportunidades ofrecidos al turista para el disfrute de su tiempo de ocio.
Hoy en día hablar de turismo es indudablemente hablar de cultura. Los
productos turísticos culturales están llamados a desempeñar un papel fundamental
en el nuevo milenio. Ya lo hicieron en el pasado, lo están haciendo en
el presente y queda un importante futuro abierto ante nosotros y nuestra
compleja realidad.
Si podemos afirmar que la cultura contribuye a hacernos más libres, también
podemos afirmar que en estos años hemos dado un salto cualitativo hacia
la libertad.
2. LAS IMPLICACIONES TURÍSTICAS DE LA PUESTA EN VALOR PATRIMONIAL.
Existe una profunda relación entre cultura, turismo y patrimonio. Pero,
la noción de patrimonio, actualmente, tiene una concepción más amplia
e integral. Un concepto que se ha excedido de sus tradicionales límites,
de monumentos históricos- artísticos y museos para extenderse y abarcar
otras dimensiones menos conocidas como costumbres y otros elementos inmateriales.
Hoy más que nunca y de manera decisiva, el patrimonio, encarnación del
presente y del pasado, contribuye a conformar la identidad propia de los
diferentes destinos turísticos, dotándoles de un carácter diferenciador
acorde con los objetivos de singularidad y autenticidad buscados por la
demanda.
A este respecto, es tan importante el monumento como el entorno del monumento:
la ciudad. Conocer a los habitantes, su realidad sociocultural y sus proyectos
de futuro a través de la presencia activa del turista en las calles y
plazas, pasa a ser tan importante como conocer sus museos y monumentos.
Para ello, es necesario cuidar la imagen que se ofrece al turista, a
través de elementos como la limpieza, seguridad, buena señalización, mobiliario
urbano, adecuada iluminación y conservación de los jardines. También,
las actividades complementarias tienen mucho que decir como música, danza,
folclore, teatro y acontecimientos deportivos como forma de atraer al
visitante.
La ciudad en sí misma, es una realidad integral, constituyendo en este
sentido un ecosistema ambiental irrepetible. Ha de explotarse la cultura
y el patrimonio con autenticidad, reforzando las diferencias para valorarla
y difundirlas, ofertando calidad.
Hay que crear paquetes turísticos culturales , bien diseñados, donde
tengan cabida la historia y las tradiciones, que vayan más allá de los
manidos tópicos y estereotipos consabidos.
En este sentido, hay que compatibilizar los objetivos de la política
turística con los de la política cultural, la explotación de los recursos
culturales y su conservación. Una utilización inteligente del turismo
cultural puede suponer la captación de ingresos la protección del patrimonio,
consiguiendo que, de alguna manera, el turismo pueda financiar la cultura.
No cabe olvidar que el aporte económico junto a la concienciación son
las más importantes herramientas para la conservación de los bienes culturales.
Se trata, en definitiva, de lograr un equilibrio entre patrimonio y turismo,
evitando la sobrecarga turística y estableciendo limitaciones de uso,
al objeto de no hipotecar el patrimonio cultural heredado.
Es necesaria una "puesta en valor" de nuestros activos culturales.
La rehabilitación con fines turísticos de edificios, precedida de un estudio
histórico-artístico en cuestión deben ser uno de los programas de actuación
más ambiciosos. La rehabilitación de cuarteles, molinos, castillos, conventos,
una antigua cárcel, para la construcción de hoteles e incluso, la adecuación
de cuevas como museos para uso turístico debería ser una buena muestra
de esta preocupación.
Para acometer todas estas acciones y por su carácter multidisciplinar,
el turismo requiere una colaboración, coordinación, cooperación, concertación
de todos y, fundamentalmente, más intensa y comprometida del sector público.
3. NUEVAS ESTRATEGIAS TURÍSTICAS EN LA COMUNICACIÓN PATRIMONIAL.
En la sociedad en que vivimos existe una progresiva concienciación de
los valores que nuestro patrimonio cultural encierra en sí mismo. Esto
tiene un importante reflejo en el rápido crecimiento que vivimos del llamado
turismo cultural y en la gran demanda de información que éste suscita.
Pero este hecho, aunque podamos constatar que es enormemente positivo
para el fomento y desarrollo de sectores como el educativo y el turístico,
supone una amenaza latente para los lugares y sitios históricos, espacios
frágiles, que constituyen el objetivo último del visitante y que precisan
una atención continua y un respeto para su adecuada conservación. Las
noticias alusivas a la degradación y a actuaciones inadecuadas en yacimientos
arqueológicos, centros históricos de nuestras ciudades, edificios singulares,
monumentos o cualquier otro bien de interés cultural, no son desgraciadamente,
ajenas a nuestra realidad cotidiana.
Por eso, entendemos que se impone la necesidad de transmitir al conjunto
de la sociedad el sentido de estos bienes englobados bajo el amplio concepto
de patrimonio histórico.
Realizar una importante y concienzuda labor de difusión, en la que han
de emplearse estrategias versátiles y asequibles, capaces de calar en
cualquiera de los sectores sociales a los que vayan dirigidas.
En este sentido, la Interpretación del patrimonio cultural es una disciplina
que tiene mucho que aportar. Supone la creación de estrategias de comunicación
diseñadas especialmente para revelar el sentido de espacios, lugares,
objetos, etc... de interés cultural. Argumenta la necesidad de evitar
la degradación y deterioro, en la medida de lo posible, y fomenta su conservación,
con la intención de que sean conocidos y disfrutados por generaciones
futuras.
Siguiendo a PEART definimos interpretación como "un servicio primario
al visitante que explica porqué está siendo conservado determinado patrimonio
e ilumina el espíritu de museos, parques y sitios históricos". Estamos
de acuerdo con el citado autor al afirmar que "ese es el espíritu
que debe alcanzar y tocar al público" .
Por todo esto, creemos que la interpretación juega un papel primordial
en la difusión y posterior valoración y conservación del patrimonio cultural.
Contribuye eficazmente a reducir, cuantitativa y cualitativamente, el
impacto negativo que la propia labor de difusión puede generar en los
espacios más visitados o, en aquellos que, por sus peculiares características,
podemos considerar como amenazados.
Igualmente, contribuye a reforzar la labor del gestor de patrimonio ya
que no sólo justifica la existencia de los bienes culturales y da a conocer
sus valores, sino que influye en la reorientación de las actuaciones no
deseables que en éstos se puedan producir (vandalismo, restauraciones
inapropiadas, mala conservación de espacios de interés, ruina de edificios...),
actuando como agente de sensibilización social y fomentando el apoyo ciudadano
hacia éstos. Como explica OSTREMARI se trata de "una acción que no
sólo informa, sino que también les incentiva (a los ciudadanos) a apreciarlos
".
Por otro lado, este singular proceso comunicativo, nos permite abarcar
distintos niveles de especialización argumental en función de a quién
va dirigido el mensaje. Podemos optar desde niveles elementales o de iniciación,
dirigidos a escolares, grupos de tercera edad y a otros más especializados
que requieren técnicas y contenidos más complejos en función de los grupos
o individuos a los que vayan dirigidos.
Abordar estas metas precisa contar con una adecuada planificación que
utilice recursos interpretativos con un diseño acertado y eficaz fundamental
para captar el apoyo financiero necesario de entidades privadas y Administraciones
públicas.
4. EL TURISMO CULTURAL COMO FACTOR DE DESARROLLO LOCAL.
El turismo cultural constituye, hoy en día, un segmento turístico en
expansión, convirtiéndose en un importante protagonista de la recuperación
urbanística, arquitectónica y funcional de nuestras ciudades. Un producto
turístico en el que los consumidores, buscan un contacto más directo con
el patrimonio y la cultura.
La cultura constituye una fuente directa e indirecta de empleos, proyecta
una imagen positiva y contribuye al atractivo territorial. A este respecto,
el turismo cultural contribuye a dotar a los proyectos culturales de un
carácter más concreto y da buena prueba de los beneficios económicos que
pueden sustraerse del mismo.
Pero ha sido recientemente cuando la Administración ha sido consciente
de la importancia del turismo, en general, y del turismo cultural, en
particular. Y es, precisamente, en estos momentos, cuando las Comunidades
Autónomas españolas están efectuando una activa planificación estratégica
del turismo que tiene por objetivos que el número de turistas aumente,
que permanezcan más tiempo en la ciudad, que aumente su gasto turístico
y que su experiencia turística sea óptima para que regresen.
En una ciudad turística, el patrimonio cultural hay que considerarlo
como un elemento más de los ingredientes del producto turístico. Como
ha señalado ROMERO MORAGAS, "vender el pasado en sus diferentes formas
es uno de los principales reclamos del marketing turístico". Sin
embargo, es una idea actual la de, conscientemente, "poner en valor"
todo este patrimonio tanto material como inmaterial.
La cultura invade los ámbitos social y económico, cumpliendo una importante
función ante los nuevos desafíos de la comunidad. El sector cultural debería
explotarse aún más, con el fin de reforzar y diversificar el potencial
de desarrollo local y regional, tanto de las regiones menos favorecidas,
como de aquellas afectadas por los cambios estructurales. Puesto que a
menudo la cultura se trata independientemente de otros factores de desarrollo,
será útil considerarla cada vez más como un elemento de pleno derecho
de las estrategias de desarrollo regional y local del mercado laboral
(Comunicación de la Comisión al Consejo, al Parlamento Europeo, al
Comité Económico y Social y al Comité de las Regiones "Política de
Cohesión y cultura. Una contribución al empleo").
La Comisión Europea señala la triple importancia de la cultura para el
desarrollo regional como:
1) fuente de empleo.
2) factor decisivo para la localización de nuevas inversiones.
3) papel positivo en la promoción de la integración social, contribuyendo
así a la cohesión social.
Por un lado, la cultura y el turismo cultural posee un potencial intrínseco
para la creación de empleo; forma parte de lo que hoy se conoce como los
nuevos yacimientos de empleo. Se renuevan las profesiones y oficios artesanales
(cantería, forja, carpintería, estucados, etc) y se desarrollan nuevas
especialidades (especialistas en conservación y rehabilitación del patrimonio,
personal con alta cualificación científica en materia de arqueología,
etnología o historia del arte).
Por otro lado, la valorización del patrimonio contribuye a desestacionalizar
la actividad turística ya que su calidad e importancia tiene la capacidad
suficiente para generar una demanda de visitas propias configurando un
producto turístico específico que puede extenderse de forma más homogéneas
durante el resto del año. En este sentido, la cultura supone un valor
añadido para el turismo.
Pero para conseguir todo esto es preciso aunar esfuerzos y fomentar la
conservación del patrimonio y la inversión en infraestructura cultural.
El Comité Europeo de las Regiones en su Dictamen de 13 de mayo de 1998
señala que "es necesario que las ciudades inviertan en infraestructura
cultural, en el sector productivo de la cultura y en el desarrollo de
los recursos humanos para satisfacer las necesidades de desarrollo".
La infraestructura cultural se convierte en un recurso turístico más,
que ha pasado de ser referencia de un ámbito científico o estético a convertirse
en otro, de carácter económico, capaz de generar riqueza y empleo.
La transversalidad del turismo y sus múltiples implicaciones, tanto positiva
como negativas, pueden explicar los cambios urbanísticos, sociales y funcionales
de los centros históricos de nuestras ciudades. Aunque, en muchos casos
puede aparecer el turismo como un fenómeno etnocida, exterminador de la
cultura tradicional, no debe repercutir en una pérdida del sentido cultural
de la población autóctona, especialmente en el caso de que la cultura
local sea utilizada como entretenimiento para los turistas.
Se trata de ser más ambiciosos en nuestra política turística incentivando
las inversiones privadas y la participación de la sociedad en la actividad
cultural, no solamente como espectadores, sino por supuesto como protagonistas
de la cultura desde el fomento de su respeto y comunicación.
Para ello el paso previo es reconocer que es en lo local en donde se
producen las grandes acciones culturales de creación, conservación e innovación,
y es desde lo local por tanto desde donde se deben impulsar las acciones
de promoción de la cultura en todas sus vertientes.
En definitiva, conseguir que el mero recurso turístico se convierta en
producto turístico. Todo ello se debe abordar desde un enfoque claro y
definido, tanto por su interés intrínseco, concitar el interés de la demanda
teniendo en cuenta un factor que nunca deberá ser minusvalorado, cual
es la protección, de forma que bajo ninguna circunstancia, un uso turístico
inadecuado pusiera en peligro la conservación del recurso. Planteamiento
que la propia Administración Turística es la primera en asumir, pues de
otro modo se pondría en peligro la sostenibilidad futura de toda
la actividad turística.
En este contexto, determinadas iniciativas turísticas se revelan como
imprescindibles. En primer lugar, debe acometerse una adecuada ordenación
del uso turístico de los recursos culturales, que permita la optimización
de sus posibilidades, sin soslayar el objetivo prioritario de toda política
de bienes culturales, como es su necesaria conservación para futuras generaciones.
Se trata, por tanto, de coadyuvar a través del uso turístico y la rentabilidad
generada por éste, a las políticas de conservación y rehabilitación de
dicho patrimonio.
Los poderes públicos se hacen cada vez más sensibles hacia las necesidades
de conservar el patrimonio, con especial referencia a los centros de ciudades,
aún cuando el fenómeno se manifieste en términos más generales, como una
necesidad de rehabilitar espacios urbanos degradados y de conservar los
inmuebles que deban ser objeto de preservación.
En este sentido, se ha pronunciado la Carta Europea del Patrimonio
Arquitectónico, adoptada por el Consejo de Ministros del Consejo de Europa
el 26 de septiembre de 1975. Igualmente, se manifestó la Declaración
y el Plan de Acción de Lisboa de 13 de junio de 1998, sobre rehabilitación
urbana integral. Específicamente en España, destaca en la Comunidad
de Madrid, la Ley 7/ 2000, de 19 de junio (BOE de 8 de agosto), de rehabilitación
de espacios urbanos degradados y de inmuebles que deban ser objeto de
preservación.
En segundo lugar, ha de llevarse a cabo una colaboración en la gestión
del patrimonio cultural de especial valor turístico: una más eficiente
utilización desde la óptica turística de aquellos recursos culturales
considerados de mayor interés. Afirmación ésta que se ve realzada, aún
más, en el caso del turismo en espacios rurales, donde los conjuntos y
núcleos histórico-artísticos son los principales, aunque no únicos, focos
de atracción. Aspecto de importancia capital sería el establecimiento
de medidas que facilitara la accesibilidad de estos bienes al público
visitante y a la sociedad en general; es decir, buscar fórmulas para lograr
la fijación de horarios de visitas adecuados y aceptables por todas las
partes implicadas, así como una mejora sustancial de las propias rutas
de acceso (vías, señalización). En este sentido ya existen algunas propuestas
como pueden ser la de unir los cascos urbanos con los sitios o lugares
arqueológicos próximos mediante la creación de "corredores verdes"
que permiten al turista acceder a ellos mediante sendas o a través de
caminos para bicicletas.
En tercer lugar, se ha de lograr una mejor promoción
de los bienes de especial interés turístico, estableciendo una posible
imagen corporativa de los mismos que facilite su identificación como recursos
relevantes, así como colaborando en la elaboración y difusión de material
promocional adecuado a las características del mercado turístico al que
se pretende acceder, superando la tradicional descoordinación y disgregación
en las tareas comercializadoras. En este sentido, hay que continuar creando
y racionalizando la política de diseño y difusión de rutas y circuitos
culturales. En definitiva, la inclusión de esta temática dentro de las
estrategias generales de promoción de nuestro producto turístico, así
como la adopción de estrategias específicas para la misma.
Una de las líneas de actuación del Plan SENDA, es la elaboración
conjunta por parte de la Consejería de Turismo con la Consejería de Cultura
de la Junta de Andalucía (España) de un Inventario del Patrimonio Cultural
de Especial Valor Turístico. Este tendría por objeto el seleccionar
aquellos Bienes de Interés Cultural presentes en el medio rural
que realmente puedan ser utilizables desde el punto de vista de su aprovechamiento
turístico. Dicho Inventario podría establecer una clasificación de los
Bienes actualmente promocionables, Bienes promocionables a medio plazo
o Bienes promocionables a largo plazo, con el fin de priorizar las acciones
de difusión concertada en aquéllos de mayor potencialidad y aportar criterios
para la preparación o acondicionamiento de los que pudieran serlo a medio
plazo.
Queda un largo camino por hacer y es responsabilidad de todos, asumir
el papel que nos corresponde en el desarrollo de nuestros destinos turísticos
como destinos culturales. Como en casi todo nuestro discurso vital, el
tiempo dará y quitará razones.
Para acometer todas estas acciones y otras es necesario coordinación,
cooperación, concertación entre las distintas Administraciones Públicas
y el sector privado. En este objetivo es de alabar la nueva Carta del
turismo cultural de la UNESCO, ya que las profundas mutaciones de las
dos últimas décadas han hecho necesario la revisión de la de 1976.
Queda pues, un largo camino por hacer y es responsabilidad de todos asumir
el papel que nos corresponde en el desarrollo del turismo cultural. Estas
líneas pretenden tan sólo ser un punto de partida y un acicate a la reflexión
en relación con el importante fenómeno turístico cultural.
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